Amárrame Hasta Matarme (Víctima del deseo 1) Capitulo 20
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Capitulo 20

Vio a las dos chicas jugar, esta vez, no le tocó sentarse en la silla. Acepto, pero no sabía si estaba en el tiempo ganador. Dragona de Fuego estaba buscando los siguientes jugadores, le quedaba poco para estar dentro. Podrían quedar tres o cuatros bolas en esa caja.

Dragona saco una y sin quitar la mirada a los jugadores abrió el papel.

— ¡El siguiente para jugar es la pareja Maitresse Bug con su sumiso Gato Semental!

Desde lejos resaltó una sonrisa, volviéndose seria de la nada. Ese detalle no le preocupó. Ya que el juego lo tenía ganado antes de subir al escenario. Tenía que tener la suerte de que le tocara estar en la silla del medio.

Se dio cuenta que el juego era igualitario.

La posibilidad de ser casi el último jugador, le permitió analizar los movimientos de los trabajadores. No había favoritismos. Solos que movían uno o dos asientos en medio. No sabía todavía cómo se cogía ese lugar.

Bajo la escalera, observando a todos a su alrededor, los trabajadores estaban esperando el aviso para moverse y buscar a las otras personas. No iba a ser tan difícil. Se encontraban muy pocas personas con látex.

El hombre esperaba que ellos llegaran hacia él.

Con la bandeja en la mano, todavía no sabía cómo se cogía el lugar.

Sentía que alguien estaba observándolos a lo lejos.

Así que levanto la cabeza, sin pensar en nada.

Solo en la dirección ,a los superiores. Dragona de Fuego los miraba seriamente.

O solamente a Maitresse Bug. Tendría celos de que estuviera allí o realmente estaba dentro del juego de la trata de blancas.

Obviamente uno de los dos, Dragona de Fuego o Príncipe Oscuro, tenía que estar tras la desaparición de su compañero Luis María Rodriguez.

Gato Semental terminó de tocar el último escalón y extendió la mano para ayudar a su ama a subir. De la parte de mujeriego y de hombre superior, tenía sus detalles sin que se lo mandara.

Delante de Maitresse Bug estaba la bandeja que se encontraba sujeta por el misterioso hombre. Contenía en su interior dos dados. Sin decir nada Gato cogió los dos y acercó el puño hacia ella. Levantó la mano extrañado con la palma de la mano hacia arriba. Dejando caer un dado encima de su mano.

Su sumiso no le quitaba la mirada de encima. Esperando que cogiera bien el dado que le dio. Lo tiró encima de la bandeja rebotando en la esquina de la madera. Cada uno tenía un color distinto, el lila, que es de Gato Semental, sacó un dos y el azul fuerte, que es de Maitresse Bug, sacó un cinco.

Uno de los trabajadores se acercó a Maitresse. Allí se dio cuenta que se cogía al azar el centro de la ‘’U´´. Por suerte le tocó a ella.

Estaba concentrada para relajarse y no le faltara mucho el aire hasta que llegara su sumiso. No tenía que perder el tiempo de parar con los primeros jugadores y concentrarse en el centro.

Diriguiendose a su silla, empezó a sonar la misma canción.

Ya se sabía la letra de memoria. “ Le voy a coger asco a esta música extraña” pensó Maitresse sentándose en su sitio.

El chico joven se le acercó a ella con el saco.

Ella no quería perder el tiempo, así que esperaba en su posición, como se tenía que poner , esperando que la amarraran.

Por fin, debido a sus guantes, por donde asomaban los dedos, no sentiría ningún picor.

Otro punto a favor para ella. Es un día de suerte.

Más cosas buenas no podían pasar. Le taparon los ojos con el trapo sin dejar vislumbrar ni un ápice de luz.

Respiro profundamente antes de sentir ese saco por su cara.

Solo se preocupaba, en ese momento, por su peluca.

Aunque, hubiese dado unas clases de como ponerla y no se le cayese.

Esa desconfianza la tenía en todas las micciones. Era una parte de ella. De Lara Mora.

La música subió el volumen y entre esta escuchaba algunos pasos a su alrededor. Tenían que ser los trabajadores. Se sentía insegura al no poder ver lo que pasaba realmente. Tenía que imaginar todo su entorno. Alguien tocó su pierna. Tenía que ser un accidente o un cerdo le tocó sin permiso.

Esa respiración y su cerebro estaba pensando que nadie en ese lugar faltaba al respeto a nadie. Todos eran responsables,no tuvo ningún problema con los babosos.

El lugar no era como pensaba ella. Lleno de sexo, mucho intercambio de personas como si fueran objetos. Y sobre todo se sorprendió con la seguridad y control de enfermedades de trasmisión sexual que había . ¿Y si fueran para coger el ADN de las mujeres? Esa idea no se la podía quitar de la cabeza.

La clínica de las analíticas no serían los culpables, era muy difícil.¿ Puede ser el historial de las chicas?

“ Era muy rebuscado todo” pensó ella. La verdad, no tenía mucho sentido. Quería poner de malo el BDSM que le echaba la culpa a cosas sin querer. No era el mundo que pensaba Bug. Pero en esos días estaba pensando poco a poco, cambiaban sus ideas, no era como ella pensaba.

La música empezó a bajar y cambió a otra, que no tenía letra. Por fin esa no era repetitiva.

— Comienza el juego. - Se escuchó detrás de ella. Ese grito tenía que ser Dragona de Fuego.

Estuvo esperando impaciente para decir que no. Sabiendo que los primeros tenía que quitárselos lo más rápido posible. ¿Qué tan lento estaba andando el otro? Parecía que no llegaba ese olor a persona.

Hasta que llegó un olor a sudor y a una corrida reciente. Por poco vomito en ese lugar. Sabía de sobra que Gato Semental no era el guarro, A Gato lo veía como un chico muy limpio.

— ¡Afuera no es! — Gritó como pudo. — Y si estoy segura.

Uno a uno decía que no para llegar más o menos al centro, tenía calculado el número de personas.

Llegó el olor a látex. Un olor a crema. Esa crema no le era familiar, tenía un olor afrutado . No sabía si decir que no o si. Así que respiro muy fuerte para intentar analizar más. Y nada todavía. Así que prefirió jugarse la carta.

— No. — Gritó insegura.

— ¿Estás segura? — Pregunto Dragona de Fuego.

— Si. — Gritó sin pensarlo, después se arrepintió.

— ¡Afuera este jugador! — Ese grito sonó con rabia.

Eso era bueno para Maitresse Bug. Esperaba a la siguiente persona. Sin avisar entró en su nariz el olor a látex. acompañado de un aroma familiar entre cítrica y amaderada, su cerebro estaba confuso, pero su corazón decía que sí. No sabía qué camino coger. El tiempo seguía corriendo.

— ¡Si! — Se escapó en su boca, con los nervios que corrían por sus venas.

— ¿Está segura?

— ¡Es Gato Semental!

— ¡Parar el tiempo! — Ese grito no venía solo, sino, acompañado con mucha rabia.

Maitresse sacó una sonrisa de bajo de ese saco de patatas. Sintió como se quitaba un peso de encima.

— ¿Te puedo ayudar? — Tan educado se dirigió Gato al hombre que se encontraba detrás de ella.

— Sin problemas.

Sintió su látex. rozando su cara, queriendo quitar el saco para que pudiera sacar la belleza que se escondía en el interior.

Quería ver sus ojos. Sintiendo cómo le quitaba el trapo, que cuando se soltó se callo rozando su hombro derecho.

Ignorando ese detalle se quedaron fijamente mirándose sus ojos azules.

— Te digo ya que hemos ganado. Tocandole con sus dos manos la cara.

Se dirigió su mirada a sus labios, viéndole como Gato se mordía el labio inferior. Ese labio fino y perfecto. No podía apartar la mirada de él.

Sentía como el hombre de atrás hacía fuerza para quitar las cuerdas bien amarradas.

Sintiendo el empujón hacia atrás, que se le olvidó con el beso que le robaron.

Disfrutando los dos. Sus brazos se relajaron bastante, llegando al punto de no sentir nada.

La oscuridad de su alrededor los llevaba a una parte de placer y pasión.

Ese beso perfecto. Necesitaba el perdón del castigo.