Amárrame Hasta Matarme (Víctima del deseo 1) Capitulo 6 #2
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Capitulo 6 #2

No podía hacer nada por Amaia Centeno, era su forma de ser. Iba a continuar con la investigación, y hacer tiempo para quedar con su amiga Aroa Ruz con la que había quedado esa tarde junto a su novio Alain Vélez.

Ese mismo día , Marcel Rojas se despertó con la luz que entraba desde el exterior a través de la ventana de su habitación. Le quedaban muy pocas cosas en esa casa, solo algunos recuerdos. No sabía cuánto tiempo llevaba dormido, había llegado muy cansado del viaje.

En la silenciosa casa se escuchaba de fondo los pasos de alguien acercándose a la habitación de él. Pego suavemente con los nudillos a la puerta, no sabía si era para despertarlo o para llamar su atención.

—¿Señor Marcel Rojas está usted despierto? — Esa voz era la del mayordomo que tenía contratado su padre desde hacía tiempo.

— Si estoy despierto. — Le respondió feliz desde su cama medio tapado con una sábana pero dejando al descubierto su pie izquierdo .— Mateo, puedes pasar usted si quiere.

— El señor Ricardo quiere verle en el comedor para comer juntos. — le informo Mateo desde detrás de la puerta gris.

— Vale sin problemas. Ahora mismo me levanto y voy en busca de mi padre.— Respondió mostrando su blanca sonrisa, esperando todavía que se abriera la puerta.

No tuvo más respuesta de su mayordomo. Esa habitación en la que se perdía un elefante, descansaba en una de las esquinas un piano de cola negro.

El piano que le regaló su madre cuando este era pequeño y a ella le agradecía que le gustara la música clásica.

Por lo que nunca se avergonzaba de eso. Cuando en los periódicos salió esa noticia.

“Al famoso modelo Marcel Rojas le gusta la música clásica”.

gracias a su madre fallecida. “sobre todo las revistas del corazón, le atacaban en cada movimiento que hacía en su vida.

Por esa sencilla razón decidió alejarse por un tiempo, ya que no disponía de trabajo hasta finales de enero.

Nadie sabía que estaba en Huelva, solo dijo que se iba de viaje.

Muchos periodistas tenían la teoría de que Marcel tenía pareja e iba a su encuentro fuera de España.

Otra teoría que tenían era que una chica del trabajo era la novia secreta de él.

Eso le hacía mucha gracia a Marcel, no se tomaba a mal las cosas que decían de él.

Sabía que sus verdaderos amigos sabían toda la verdad, como de que está allí en Huelva.

Se acomodó el paquete, a la vez que se bajó de la cama, pisoteando la ropa que había tirado al suelo el día anterior .

Se vistió mientras pensaba el plan que tenía esa tarde.

A quién iba a ver. Ese año pasaría las fiestas con su padre, aunque este no era mucho de Navidad, como él, pero quería darle una oportunidad para ver si había cambiado.

Sacó la cabeza del chaleco del día anterior con olor a sudor.

Tenía unas ganas tremendas de ducharse, pero su padre era muy estricto y no iba a esperar más.

Abrió la puerta viendo el pasillo frío y solitario, donde se veían todavía las siluetas de los cuadros de flores que tenía su madre expuestos ,todos desaparecieron cuando su madre perdió la vida en un trágico accidente.

Marcel Rojas, desde pequeño era más bondadoso y solidario . Por lo que un porcentaje del dinero que ganaba con la Moda iba para la gente necesitada de la calle, andando en medio de la noche, dejando comida a los más necesitados.

Los periódicos le tildaron de Dios cuando salió a la luz que iba a orfanatos para regalar su cariño. Pero empezaron los rumores que lo hacía para ganar más fama pero no era así, lo hacía más por lo que sentía cuando se quedó sin su madre.

Bajo las escaleras , le llegó un olor a carne recién hecha. Esa carne que cocinaba tan bien el mayordomo. La puerta del comedor estaba abierta, esperando su presencia, hasta la silla estaba separada de la mesa. Sabía que tendría la charla del primer día pero él se estaba preparando psicológicamente.

— ¡Hola papá! — Se dirigió hacia él alegremente, para darle dos besos.

— ¡Siéntate!, ¡la comida se te va a enfriar! .— Su mirada oscura se perdía en la silla vacía que estaba reservada para Marcel. — ¡Tengo hambre!

— Vale padre. —Marcel bajó el tono de voz , a la vez de que se le iba la felicidad.

— Mateo…… proceda con la comida. — Levantando la mano con desdén.

— Sí señor Ricardo. — este bajo la mirada hasta tal punto que mostraba su espalda.

—Si te quedas aquí tienes que cumplir con mis normas. — Se dirigió a Marcel ignorando la presencia de Mateo.

— Sí padre.

— Me da igual que seas mayor de edad. — Continuó atacando ignorando la aceptación.

Mateo Del Pozo terminó de servir su plato y después se dispuso a servir a Marcel , El mayordomo estaba serio y triste a la vez.

Mateo llevaba mucho tiempo en ese puesto de trabajo.

Ya, que el padre sabía, que él era el único que llevaba el sustento a su casa.

Su mujer no podía trabajar y tenía que criar a sus dos hijas pequeñas, gracias al dinero que él ganaba podría darles unos estudios medio decentes a ellas .

Lo malo es que le quedaba poco tiempo para disfrutar de sus hijas.

Con el paso del tiempo su esposa había empeorado con su enfermedad.

Además Mateo sabía que el señor Ricardo estaba buscando a otra persona más para que él pudiera disponer de más tiempo con sus dos hijas , por eso sabía que tenía una parte buena.

— ¿Tienes pareja? He leído algo en la prensa.

— No tengo a nadie padre.

Los secretos que tenía Marcel se lo contaba solo a Mateo. Era el único que le aconsejaba y podía saber si tenía pareja o no. Sabía que Mateo le iba a aconsejar mucho mejor que su padre . Porque Ricardo quería solo que su hijo siguiera sus pasos hacia su propio objetivo.

Marcel miro con sus ojos azules cruzando su mirada con Mateo y este le regalo un sonrisa de agradecimiento mientras le servía el almuerzo.

— No quiero que ninguna mujer te aleje de tus objetivos en la vida, ya sabes cuales son.

La moda, Naciste para eso, Ser modelo y nada más, nosotros estamos en la tierra, para ser servidos no para servir.

No para que te enamores de una cualquiera que abuse de nuestro dinero.

—dijo Ricardo a su hijo con una mirada desafiante, con sus dos manos apoyadas en la mesa, mostrando en la muñeca izquierda el gran reloj de oro.

El padre siempre vestía con trajes hechos a medida , confeccionados por los más prestigiosos modistas . Pensaba que eso era un signo de poder. Sin embargo, su hijo iba con ropa de marca cuando trabajaba, pero no era alérgico a la ropa de segunda mano.

Vio a su padre empezar a comer. Por lo que ya él podía empezar con esa carne con salsa, qué el mayordomo siempre le preparaba, cuando sabía que él se quedaba en la casa .

Le encantaba el sabor de la salsa con pollo.

Él había intentado hacerlo igual pero no le salía.

Seguro que Mateo le echaba un toque de algo que mantenía en secreto.

Pero no sabia cual de sus especias suponía la diferencia si solo probaba la salsa.

Con cada bocado que pegaba, pensaba en planes para esa tarde.

Quería ir a buscar a su amigo Alain, porque él sabía que iba a estar por Huelva para pasar las navidades.

y seguro que se encontraría con su pareja Aroa ,la rebelde chica pelirroja como se referían a ella , A Marcel le gusto mucho que ellos dos terminaran juntos.

Un amor verdadero. Hacían buena pareja. No como a él, todos los ligues que tenía en secreto eran por interés y más cuando empezó en el mundo de la moda, eso le alejó mucho de su objetivo porque su padre le quitaba tiempo para obligarlo a tocar el piano.

Se acordó que de pequeño se escapaba, con ayuda de Mateo del Pozo, por la ventana dejando puesta una grabación con música de piano.

El iba a buscar a su amigo Alain Vélez incluso muchas veces el mayordomo le daba dinero para que dejara el estudio y se fuera de fiesta o al cine con Aroa, Alain y Lara.

A Marcel se le escapó una sonrisa, a Lara Mora se le resultaba muy difícil olvidarse de ella , era una chica torpe, siempre rompía algo o se volvía loca corriendo en medio de la clase.

Sobre todo cuando se ponía a hablar ella sola, era la única amistad de la que no sabía nada desde cuando se fue de ese lugar.

Lara Mora , se fue antes de morir su padre. Supo que no fue a su entierro ya que Marcel Rojas fue acompañando a Aroa y Alain . Ella no estuvo entre la gente ese día tan triste. La madre les dijo que estaba en Madrid por trabajo y no podía acudir al funeral.

Para Marcel los tres eran como sus hermanos, esos hermanos que nunca tuvo. Ya que el era hijo único. Sus padres no quisieron darle ningún hermano pero a él eso no le había afectado nunca , Tampoco era un hijo mimado y con caprichos, su padre no se lo permitía.

Durante la comida y después de esta no se cruzaron ninguna palabra. El padre tenía que trabajar. Se contentaba siempre con su trabajo, nunca por parte de su familia. Perder el tiempo, es perder dinero. Por eso siempre estaba trabajando.

Lara Mora se estaba preparando. Ese día había ido a comer a un restaurante dentro de un centro comercial antes de quedar con su amiga pelirroja y su pareja.

Se iba a tomar algo antes de empezar a trabajar.

Se notaba que estaban cerca las navidades aunque el cielo estaba despejado hacía frío invernal.

Con los brazos cruzados buscando el sol, se dirigió al encuentro de Aroa.

Tenía ganas de tomar un café para entrar en calor.

Había quedado con ella en el bar donde ellas iban de pequeñas.

Allí quedaban los fines de semana para estudiar o relajarse.

Era un lugar muy tranquilo aunque no sabía si lo continuaba siendo.

No le quedaba tan lejos de donde se encontraba.

Le llegaban los recuerdos de su infancia.

¿Como una chica tan torpe llegaría a ser lo que era ahora ?

Todo a su alrededor había cambiado mucho.

Y no disfruto mucho de su familia, sabiendo que antes de irse quería lo que quería y era conseguir su sueño.

Aunque, ella de pequeña deseaba ser panadera, como su padre y continuar generacionalmente el negocio familiar .

Pero cambió de opinión por culpa de las series policíacas , prefiriendo continuar su vida fuera del negocio.

“¿Qué deseos tendría Sonia María antes de morir?”