Capítulo 5
Maitresse Bug entraba en el lugar, muy mojada, pero no por lo que veía, si no por la lluvia.
En la entrada habia dos vigilantes con antifaz y su traje negro.
Cuando cruzó por la entrada , después de una fila de espera, se encontró una habitación de venta de productos para tapar su rostro, algunos le gustaban mucho a Maitresse Bug, si salía bien todo se iba a comprar unas cuantas máscaras.
En el otro lado se encontraba una persona que guardaba los abrigos en un guardarropas.
Ella no tenía que guardar nada. Así que cruzo a través de una gruesa cortina.
Viendo ese lugar muy grande. Parecía una discoteca normal y corriente.
Maitresse Bug pensaba que se iba a encontrar una orgía en la entrada pero no.
De fondo se escucha la música “Justin Quiles y farruko- Esta noche”, esa música no le gustaba mucho.
El Dj se encontraba al fondo de ese lugar, en una gabina situada encima de una pasarela de modelos, se veía que era un chico joven, con su máscara de lobo de color oro.
Una máscara igual, que el de la entrada, así que ese joven trabajaba en ese lugar o estaría de paso.
No se veía muy importante para la investigación, así que continuó analizando el lugar.
Observó el techo de cristal a cuadros, blancos y negros intercalados como un juego de ajedrez, donde se reflejaba la luz negra, con un color azulado que permitía ver muy bien las caras de los demas.
Aunque no tenía tanta intensidad como para que su resplandor llegase al suelo.
En las paredes había unos grandes cuadros, que hacían figuras en sombra de sumisión y dominación.
Como chico a chica o como chica a chico o como chica a chica o como chico a chico.
Aunque, no se veían ni las caras ni los cuerpos, se veía una imágenes muy sensuales haciendo juego con las paredes grises perladas y las cortinas negras, menos una de ella que era más grande y de color rojo, esta se encontraba en la parte izquierda de ella.
Le cortaba el camino una mesa larga, dónde había tres personas, dos chicas y un chico.
El chico era el que le llamaba más la atención que las otras personas, aunque una de ellas no estaba desnuda por poco , pero el chico llevaba dos grandes alas.
Esa persona iba a estar apuntada en su lista también.
Así que se la apuntó en su mente para seguir observando el lugar.
Algunos le miraban, no por su vestimenta, sino porque seguía con el cabello mojado.
Continuo el paso para bajar por unas escaleras.
Eran pocos escalones los que se tenían que descender.
Pero no quería molestar a la pareja que estaba entrando detrás de ella.
Se acercó más a la pista de baile. Donde todos ocultan su rostros mientras bailaban alegremente.
Y algunos extraños intercambiaban su saliva.
Se dirigió a la barra, para tomarse algo mientras observaba el local.
Los trabajadores de ese lugar se notaban por la máscara que llevaban.
Se le acercó un chico sin la parte de arriba de la camiseta ,enseñando su abdomen musculoso y un tatuaje en el pecho de una carabela con alas y a su alrededor unos números romano sueltos.
— ¿ Quiere usted tomar algo? — Le preguntó el camarero acompañando con una sonrisa que escondía detrás de la máscara en forma de cabeza de camello dorado.
Pidió una bebida sin alcohol. Aparte de que estaba trabajando, no le gustaba perder sus sentidos. No le gustaba beber nada que conteniera alcohol.
— Gracias. — Dijo a la vez que cogía la copa y con la otra mano soltaba el dinero de lo que costaba la bebida. No se sorprendió por el precio. —¿Qué significa ese dibujo?
— ¿Me dices el tatuaje? — Se señaló el pecho mirando se lo a la vez. — Significa el fin del tiempo de la vida.
— Se ve muy chulo.
— Lo siento. Aunque, hay poca gente, no me puedo parar mucho tiempo. — continuó hablando dirigiéndose a otro cliente. Entre el ruido se escuchó la última frase. — Se nota que eres nueva.
Maitresse Bug no estaba segura de lo que le había dicho. Así que prefirió sonreír. Sería la persona indicada para sacarle información esa noche. Pero se tenía que buscar un sumiso para el evento. Así que bebía, sin perder el vaso de vista, a la vez, que miraba la pista de baile.
Tenía que estar muy atenta, ya que podía ser ella la siguiente víctima.
También tenía que buscar a su compañero Luis Maria Rodríguez, que no le cogía las llamadas y estaba trabajando en ese lugar.
Tenía que ser alguien con la máscara dorada.
Había algunos con máscara de oro en la pista.
Pero si se notaba la diferencian de las otras.
La de los empleados del lugar brillaban mientras las demás parecían más bien amarillas aunque había de otros colores, como el lila o el rojo.
Pero las doradas resaltaban las sombras de los animales que representaban.
Así una máscara de la tienda no era válida como para pasarse por un trabajador más.
Gato Semental entraba en el lugar. De fondo se escuchaba la segunda mitad de la música “ Justin quiles y Farruko- Esta noche” En la mesa que estaba en la entrada del juego se encontraba su amigo Anteros. Este llevaba una máscara de un búho y unas llamativas alas.
La lluvia del exterior no le molestaba nada.
Con su cuerpo cubierto de látex y encima un bodywear que lo recorría todo hasta la boca del estómago, donde descansaba un anillo de plata.
En sus partes íntimas, a parte del ajustado látex, lo tapaba y apretaba con el bodywear.
Lo utilizaba como una especie de castidad rápida.
Su rostro lo tenía tapado con una máscara del mismo material que el traje , que solo dejaba mostrar sus bonitos ojos azules.
En la cabeza se le asomaban dos orejas de gato y en la boca una cremallera que solo le dejaba sacar la lengua.
No era válido para poder comer. Por eso, siempre que iba comía bien, para no pasar toda la noche con hambre.
Se fue a la barra, se encontró con trabajadores de confianza.
Ya le conocían de otras veces, porque era asiduo a ese lugar.
Esa noche era muy diferente. Ya le quedaba muy poco para cumplir un año de que no se presentara allí.
Pero necesitaba pasar página y continuar con su vida, pero antes tenía que estar en ese lugar, a ver si encontraba a una persona que le apoyara.
Gato sabía que si le pedía ayuda a su amigo Anteros le ayudaría sin problemas.
Pero necesitaba el apoyo de una mujer. Daba igual que fuera ama o sumisa.
Aunque él era sumiso desde el primer día sabía que le gustaba serlo.
Le encantaba sentirse mandado por una mujer en la cama.
En su día a día controlaba él su mundo. Aunque en su trabajo no podía mandar mucho.
— Lo de siempre — dijo Gato detrás del látex.
— Aquí lo tienes. — Le indicó el chico que llevaba el tatuaje de carabela en el pecho, — Hay una chica nueva.
— ¿Dónde? —reverbero el látex cuando hablo.
— Allí — Le hizo un gesto con la cabeza, señalando hacia un extremo de la barra a una chica con antifaz y mal vestida, que no paraba de mirar la pista.
— Ayúdala y enséñale cómo va esto, se ve muy perdida en nuestro mundo.
— Se rió el camarero detrás de su máscara.
— Te va a venir bien, se ve que intenta ser ama.
— La miro a ella y después a Gato Semental.
—Os Vais a llevar bien los dos. Enséñale y ya te puedes apuntar al juego. ¡Ya queda poco!
No le dejó continuar la conversación. El camarero de la carabela se alejó.
Cogió su copa y se acercó a ella tocándole su hombro, el frío látex de la mano de Gato tocó directamente la piel de Maitresse Bug produciéndole un escalofrío .
Ella se volteó mostrando el apretado corsé que resaltaba sus pechos , esa prenda unida por un cuerda en zigzag que dejaba a la vista su escote.
Pego un pequeño salto, no esperaba que la tocaran .
Haciendo mover los dos pequeños moños azules, que más adelante Gato vio que hacía juego con los ojos que escondía detrás del antifaz.
Desde cerca se veía más guapa de lo que pensaba.
La sala no estaba tan oscura para no poder ver esa belleza de lejos.
— ¿Quieres algo? —Le salió una voz muy firme y eso le gustó mucho a Gato Semental.
— Disculpe. — Gato le hizo una reverencia. — Mi nombre es Gato Semental.
— ¡Qué necesitas! — Esa voz de mujer dura le hacía daño a Gato.
Pero dentro de su paquete. Su polla quería salir de donde la tenía secuestrada.
Se le estaba poniendo dura. Hacía mucho tiempo que no se encontraba con una persona tan dura como su polla.
Ella lo miraba con cara de asco. — ¡Fuera aquí! , ¡Yo vengo a pasarlo bien!
— Disculpe usted . — Sin darse cuenta Gato Semental se metió en su papel de sumisión, mirando hacia abajo y subiendo más el tono de voz para que cruzara ese látex que le tapaba su boca .
— Se te ve nueva, y quería enseñarte, como un buen sumiso y por lo que observo también, quieres apuntarte al concurso.
No sabía que venías con tu sumiso o sumisa, disculpa.
— Vengo sola. — Puso sus hombros firmes y tomó un sorbo de su fría bebida , sin dejar la huella de sus labios pintados en rojo en la copa , ese rojo que hacía juego con el color de uno de sus guantes.
— Necesitas acompañante para apuntarte a eso. — comentó Gato.
— Voy a tener que decirle a la persona que te controla que te sepa controlar mejor.
Gatos sintió una puñalada en su corazón, el calentón que tenía se le fue. Le hizo recordá a ella, su amada Sonia.
— Ya no tengo ama. Para mi estará siempre en mi corazón. Se llamaba Sonia María Sacristan. Pero alguien la… Mató — Le comunicaba Gato con una voz entrecortada de dolor y tristeza.
— Si, de algo me he enterado. — Ella estaba sorprendida. — Mi nombre es Maitresse Bug.
Estiró la mano, con la palma hacia abajo, esperando un saludo formal. Con alegría y tristeza a la vez, recordando lo vivido con Sonia Maria. No había superado todavía el duelo , sobre todo después de enterarse de que la habían asesinado alguien de dentro y de no saber quién era.
Sin abrir la cremallera de su máscara de látex. le beso en su guante negro, viendo sus dedos que sobresalian con las uñas rojas. Se levantó con una sonrisa que quedaba detrás de su máscara. Aunque en su interior se sintiera triste.
— ¿Me dejas dirigirte ? solo hoy y te explicaré cómo funciona esto. — Continuó mirando hacia abajo.