37. Capítulo 37
Una vez más, Lissy estaba sentada en las escaleras de la tienda de Massimo.
Mientras en el interior, como de costumbre, había un gran ajetreo, aquí fuera estaba un poco a su aire.
Disfrutaba de la tranquilidad, pues necesitaba un descanso.
Quería ayudar a Massimo en todo lo que pudiera, pero con sus rudimentarios conocimientos de italiano, no siempre le resultaba posible.
Reponía los estantes, lo ordenaba todo de nuevo cuando un grupo de turistas pasaba por la tienda y se encargaba de mantener el orden.
Al menos así podía descargar un poco a Massimo.
Él podía concentrarse plenamente en las ventas y, al anochecer, cerraban la tienda juntos.
Habían encontrado una rutina y se sentía bien.
Tenía que admitir que la tarea le gustaba.
Sobre todo, le encantaba pasar todo el día con Massimo.
Desde que había regresado de Florencia, valoraba cada minuto compartido.
Lo que antes le había parecido aburrido, ahora era su mayor tesoro.
Oyó cómo unos pasos se detenían unos escalones por encima de ella. Casi como si la persona tuviera reparos en pasar a su lado.
—La tienda está abierta.
Levantó la vista y vio allí a la única persona que no quería volver a ver en toda su vida.
Pero sabía que tarde o temprano llegaría el momento.
Siempre había tenido claro que no podría evitar a Nevio eternamente.
Era el mejor amigo de Massimo, y el destino quería que se enfrentara a su pasado.
En Florencia había reflexionado mucho sobre el tiempo que pasaron juntos y lo había llorado.
Había rescatado todos los recuerdos para procesarlos.
Pero en ese instante, con Nevio parado justo frente a ella, se dio cuenta de que solo se había estado engañando a sí misma.
No había procesado absolutamente nada. Ni sus vivencias comunes, ni sus recuerdos, ni su dolor.
Como un tsunami, la inundaron todos los sentimientos que con tanto cuidado había guardado bajo llave.
—Nevio, ¿qué haces aquí?
—Klarissa. Quería preguntarle algo a Massimo. Me alegra verte.
Lissy soltó una carcajada burlona. —Claro, probablemente tanto como me alegra a mí verte a ti. Es decir, nada en absoluto.
Nevio bajó con cautela dos escalones hacia Lissy, que mientras tanto se había levantado.
Inspiró profundamente y ella notó que estaba buscando las palabras adecuadas.
O al menos algunas palabras, porque adecuadas ya no las había entre ellos desde hacía mucho tiempo.
—Creo que sería importante que habláramos.
—Ah, ¿ahora quieres hablar? ¿Diez años después de haberme dejado plantada sin más? ¿Diez años en los que no te has puesto en contacto conmigo ni una sola vez? ¿Qué queda por hablar ahora, Nevio?
Nevio se pasó la mano por la nuca. Ella recordaba demasiado bien que siempre hacía eso cuando no sabía qué decir. —Escucha, Klarissa, lo siento.
—¿Que lo sientes? Creo que hay muchísimas cosas que deberías sentir. ¿Tienes idea de cuánto me heriste? ¿Eres consciente de que destrozaste mi vida?
Nevio alargó la mano hacia Lissy con intención de tocarle el hombro, pero ella se apartó.
No quería que volviera a tocarla nunca más.
Todos los sentimientos estaban tan presentes, a pesar de que habían pasado diez años.
No quería ningún contacto, y no quería hablar con él.
Quería que Nevio desapareciera por donde había venido.
Que pudiera volver a guardar los recuerdos y a él mismo con cuidado en alguna cajita cerrada, para no tener que volver a verlo jamás.
El corazón de Lissy latía con tanta fuerza que casi se le salía del pecho.
Sus manos empezaron a temblar, todo su cuerpo se vio sacudido por la vibración.
Que Nevio siguiera teniendo ese efecto sobre ella la enfurecía.
Se despreciaba a sí misma por no ser capaz de dejarlo allí plantado, por no ser capaz de cerrar ese episodio de su vida.
Dio otro paso atrás hasta chocar con la pared.
Una sombra de tristeza cubrió los ojos oscuros de Nevio.
Debería pasar por su lado y dejar que hablara con Massimo de lo que quisiera.
Pero no era capaz. Sentía la pared fría tras ella, quería estar lo más lejos posible de él.
Intentaba ganar distancia emocional a través de la distancia física. Pero no funcionó.
—Por favor, escúchame, Klarissa. Sé que te hice daño y lo siento, tienes que creerme. He pensado mucho en ti todos estos años. Sé que cometí un error, un error imperdonable.
—¿A eso lo llamas error? Me abandonaste sin decir una palabra. Nevio, ¿tienes alguna idea de cómo me sentí entonces?
—No, y ni siquiera me atrevo a imaginármelo.
—Quizá sea mejor así. Me causaste tanto dolor...
Durante años no pude abrirme a ningún otro hombre.
Massimo es el primero. El primer hombre al que dejo acercarse de verdad, al que puedo entregar mi corazón.
El único capaz de recomponer mi corazón, ese que tú rompiste en mil pedazos.
Nevio, he necesitado años para procesar todo esto.
Nevio se había acercado a Lissy. Con unos pocos pasos había salvado la distancia que ella con tanto esfuerzo había intentado crear.
Ahora estaba allí, acorralada en el rincón y sin salida.
Sabía que había llegado el momento de enfrentarse a su pasado.
Nevio la confrontaría con ello y no tenía forma de escapar.
Y quizá fuera mejor así. Quizá hiciera falta esta conversación para permitirle, por fin, pasar página.
—¿Puedes explicarme qué pasó entonces? Sé que te fuiste por la mañana para reunirte con alguien. Y luego, simplemente, no volviste. Nunca pude entenderlo. Mi cabeza no ha dejado de exigir una explicación que jamás pude darle.
—Klarissa, tienes que creerme si te digo que ahora me arrepiento mucho de lo que hice.
—Eso ya no me importa. Quiero saber qué pasó entonces.
—Está bien, te lo contaré. —Nevio se dejó caer sobre un escalón. Apoyó la cabeza en las manos, como si tuviera que reflexionar por dónde empezar. Con voz entrecortada, comenzó el relato.
—Cuando nos conocimos, yo no era nadie. Lo sabes, tenía talento como artista, pero a nadie le interesaba.
No tenía oportunidad de convencer a nadie de que valía para algo más.
Todos me miraban por encima del hombro, se burlaban de mí y de mi sueño de convertirme en un artista famoso.
Era una persona rota, la vida me pasaba de largo y yo intentaba sobrellevar las humillaciones como podía.
Lissy asintió. —Sí, lo recuerdo. —Su agitación se había calmado un poco.
Nevio hablaba en voz baja y eso la tranquilizaba.
Su corazón latía a un ritmo casi normal.
Se había recuperado del impacto del encuentro repentino.
¿Era este el momento que Lissy llevaba tanto tiempo esperando?
¿El instante en el que Nevio le diría qué había ocurrido entonces? ¿Por fin, después de diez años?
—Cuando tropezaste en mi vida, trajiste el sol contigo.
Klarissa, todavía hoy recuerdo cómo te conocí en aquella fuente.
Te veías tan dulce, tan concentrada mientras dibujabas.
No te dabas cuenta, pero tenías la lengua apretada entre los labios y los ojos entrecerrados.
Intentabas reproducir cada detalle y, sin embargo, no veías con el corazón.
Cuando te vi allí aquel día, tuve claro que debía hablarte.
Tenías ese magnetismo para mí al que no podía resistirme.
No tenía ni idea de a dónde nos llevaría todo aquello.
Jamás habría pensado que alguien pudiera conmover mi corazón como tú lo hiciste.
Pensaba que se había marchitado hacía mucho tiempo, como una planta a la que no se riega.
Nevio miró a Lissy. Ella sintió su sinceridad.
Aquellos ojos negros, que ya entonces la habían cautivado, la miraban con una melancolía que no podía ser fingida.
En ese momento se dio cuenta de que Nevio tampoco había cerrado su pasado común.
Y una parte de ella se ablandó. La rabia que había alimentado durante los últimos diez años se fue apaciguando lentamente.
—Las semanas contigo fueron maravillosas. No puedo describir lo que provocaste en mi corazón, Klarissa. Y yo tampoco he vuelto a encontrar a una mujer a la que pudiera entregar tanto amor como a ti.
Lissy se quedó sin aliento. ¿A Nevio le había pasado lo mismo?
Entonces, ¿por qué la había rechazado? —Espera, me estoy perdiendo.
¿Por qué te fuiste si tú también me amabas?
Me habría quedado contigo, habría dado mi vida entera por ti.
Te esperé tres días después de que te fueras.
Tres días enteros convenciéndome de que volverías, esperando que yo fuera importante para ti. Pero no viniste.
La voz de Lissy se quebró y no pudo contener más las lágrimas.
Todo aquello era demasiado para ella. Ya era bastante duro ver a Nevio y verse inundada por todos esos viejos sentimientos.
Escuchar su historia, la que durante años había anhelado conocer, no lo ponía más fácil.
Y en ese instante comprendió que había sido una bendición no saber qué había pasado.
Había podido alimentarse de su rabia y su despecho, había maldecido a Nevio.
¿Qué haría ahora que él le daba una razón de peso? ¿Podría perdonarle?
—La cita a la que fui era una reunión con un gran mecenas.
—¿Un mecenas? ¿A qué te refieres?
Nevio se levantó y se frotó las manos contra las perneras del pantalón. Sus ojos temblaron un instante ante el recuerdo de su tiempo juntos y ella notó que le costaba hablar de ello.
—Había un hombre. Era muy conocido en el mundo del arte como mecenas.
Ayudaba a artistas jóvenes, les proporcionaba el dinero necesario para el material adecuado y, sobre todo, les facilitaba los contactos clave.
Si estaba dispuesto a apoyarte, sabías que tus cuadros colgarían en las grandes galerías del mundo.
Entonces estaba claro que lo lograrías. Ese hombre me había invitado a una cita.
—¿Por qué no me lo dijiste? Me habría alegrado por ti. Es algo grandioso. ¿Pero qué tiene que ver eso con nosotros?
—Quería esperar a ver qué tenía que decir.
Sinceramente, no quería pregonarlo antes de tiempo.
Tenía miedo de que pudiera cambiar de opinión, de que me dijera que no era lo bastante bueno para recibir su ayuda.
Quería presentarme ante ti con un resultado que mereciera ser celebrado y brindado.
Pensé que podría contártelo todo después de la cita.
—¿Y por qué no lo hiciste? Nevio, no entiendo nada de esto.
—Entonces déjame que te cuente lo que ocurrió.
Lissy asintió. Estaba demasiado intrigada por la historia de Nevio. Hasta ahora nada tenía sentido para ella y no explicaba en absoluto por qué la había abandonado.
—Ese hombre insistió en que cortara todos mis lazos de inmediato y lo acompañara a Pisa.
Tiene una hija, Rebecca. Por el motivo que fuera, ella parecía interesada en mí.
Así que me puso ante una elección: o aceptaba su oferta, él me apadrinaba y yo me convertía en un gran artista. O volvía contigo. A mi antigua vida.
Lissy se llevó la mano a la boca. —Oh, Dios mío, y elegiste en mi contra.
—Klarissa, entiéndelo, era mi gran oportunidad para hacer realidad mis sueños.
Era la única posibilidad de ser reconocido como artista.
Por aquel entonces pensé que estaría loco si rechazaba la oferta.
Sí, tuve que iniciar una relación con Rebecca para conseguirlo, pero deseaba tanto que ese sueño se hiciera realidad...
—¿Y por eso me vendiste a mí y a nuestra relación?
—Sí, supongo que eso fue lo que hice. —Nevio bajó la cabeza.
Los pensamientos corrían por su mente. La historia era peor de lo que había imaginado. Nevio se había prostituido.
—Y por lo que parece, valió la pena, ¿verdad?
—Las palabras de Lissy destilaban amargura.
Ella misma notó que su voz era mucho más aguda de lo habitual.
La confesión de Nevio hacía tambalear todo lo que ella había conjeturado en los últimos años.
Se había decidido por su carrera y en contra de ella. ¿Qué clase de persona hacía algo así?
—En aquel momento apenas nos conocíamos de unas semanas.
Lo nuestro fue muy intenso y, aun así, tuve que dar ese paso.
Era la única oportunidad para mí de hacer de mi vida lo que siempre había querido.
La única posibilidad de poder vivir por fin de lo que amaba.
Me apoyaron, hice exposiciones en innumerables ciudades de todo el mundo.
Me hice muy conocido y todavía lo soy. Pero cuando puse fin a la relación falsa con su hija porque él presionaba para que nos casáramos, me dejó tirado.
A partir de ese momento tuve que apañármelas solo, pero eso no fue un problema, porque ya había alcanzado un gran renombre.
En el momento en que abandoné su villa, dejando a Rebecca llorando en la puerta, se me quitó un peso de encima.
Tanta presión que había pesado sobre mis hombros...
En ese instante me di cuenta de que me había equivocado en mi decisión, Klarissa.
Durante muchos años me he arrepentido de esa decisión, y hoy lo haría de otra forma.
Nevio la miró con tristeza. Las lágrimas brillaban en sus ojos negros, su voz se había quedado sin tono.
—He llegado a un punto de mi vida en el que he cumplido todos mis sueños.
Tengo éxito, soy rico, puedo pintar todo el día.
Pero todo eso palidece ante el recuerdo de nuestro tiempo juntos.
Sé que cometí un gran error y te pido que me perdones.
Si miras mis cuadros, te darás cuenta de que aún hoy sigues siendo mi musa.
En todos estos años no he podido olvidarte, y también sé por qué es así.
Miró a Nevio con atención. Su confesión le robaba el aliento, se sentía como si le hubieran quitado el suelo bajo los pies. Se preguntó si ella, en el lugar de Nevio, habría decidido de otra manera. Si lo habría abandonado todo por él.
—Sé que han pasado muchos años y que entretanto han ocurrido muchas cosas.
Pero te pido de corazón que aceptes mis disculpas.
Perdóname por lo que te hice. Desde que volví a encontrarte en San Gimignano, sé lo que todavía le falta a mi vida: tú.
Mis sentimientos hacia ti no han cambiado, hoy son tan fuertes como entonces.
Simplemente tengo que decírtelo. Te amo, Klarissa. Siempre te he amado y siempre lo haré.
En ese instante, percibió un movimiento por el rabillo del ojo. Massimo estaba en el umbral de la tienda. Pálido como la cera, miraba de uno a otro. Dios mío, ¿cuánto tiempo llevaba allí? ¿Qué había oído?