Amapolas, amor y tú: Latidos en Siena (Latidos en la Toscana 2) 36. Capítulo 36
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36. Capítulo 36

—¿Y bien? ¿Qué te parece?

Massimo y Lissy estaban frente al club recién inaugurado a las afueras de Siena. Desde el exterior se veían los láseres azules dibujando patrones salvajes en el cielo. Los potentes bajos les daban la bienvenida ya desde el aparcamiento.

Lissy estaba radiante. Llevaba un vestido de lentejuelas corto y ajustado, se había maquillado a conciencia, se había recogido el pelo rosa y había sacado de la maleta sus tacones más altos.

Él ni siquiera sabía que se había traído un conjunto así a Siena.

Pero, hasta ahora, tampoco le había dado ningún motivo para estrenarlo.

—Si por dentro es como parece desde aquí fuera, va a ser fantástico sin duda. Gracias. —Lissy atrajo a Massimo hacia sí y le dio un beso apasionado.

Deseaba tanto que él la sacara a bailar.

Hoy por fin había llegado el momento, y él tenía que admitir que sentía curiosidad por conocer el club.

Muchos conocidos le habían hablado maravillas del lugar.

Decían que la música era genial, y el ambiente y las copas también.

Y quizá incluso le gustara tanto que pudiera traer a Lissy aquí más a menudo.

Massimo tragó saliva. No, eso no era posible.

Lissy volaría de vuelta a Hamburgo en una semana.

—¿Qué pasa? ¿Por qué pones esa cara tan triste? ¿Entramos de una vez? —Lissy daba saltitos de emoción frente a él. Los láseres se reflejaban en las lentejuelas plateadas de su vestido y competían en brillo con sus ojos verdes.

—No es nada. Sí, entremos.

Ella se agarró al brazo de Massimo y juntos entraron en el club.

La música estaba increíblemente alta, los bajos vibraban en el pecho de Massimo y él se asombró de la cantidad de gente que se había reunido allí para bailar.

La pista estaba a rebosar, la gente bailaba cuerpo a cuerpo.

En una plataforma, un DJ animaba a la multitud.

A su izquierda había una barra larga, también abarrotada de gente.

Él tiró de Lissy hacia el bar. —Vamos a tomar algo primero, ¿vale?

Ella asintió y empezó a moverse al ritmo de la música. Bailó detrás de él, como buenamente pudo entre la multitud.

—¿Qué quieres beber?

—Un Aperol Spritz, por favor.

Massimo pidió las bebidas y, unos minutos más tarde, le tendió su copa a Lissy. —Por una gran noche.

Se inclinó hacia el oído de Lissy para que pudiera entenderle entre el estruendo. Ella brindó con él y le dedicó una sonrisa.

Massimo dejó que su mirada recorriera la multitud que bailaba. Vio algunas caras conocidas, pero había demasiada gente como para acercarse a saludar.

—Quiero bailar. ¿Vienes conmigo? ¡Por favor!

Massimo asintió. Ya que estaba allí, le ofrecería a Lissy el plan completo.

Ella lo arrastró a la pista de baile e incluso consiguió hacerse con un huequecito donde apenas tenían espacio suficiente para balancearse un poco.

Pero a Lissy no parecía importarle. Estaba en su salsa.

Bailaba con movimientos lascivos al compás de la música.

Tenía los ojos cerrados, se dejaba llevar por el ritmo y nunca había estado más guapa que hoy.

Su rostro se había relajado por completo, esbozando una suave sonrisa. Se la veía feliz.

A Massimo se le ensanchó el corazón. Lissy le había pedido muchas veces ir a bailar y él se lo había negado durante mucho tiempo.

Al verla así ahora, se arrepentía de haberse puesto tan remolón.

No le había pedido gran cosa en las últimas semanas.

Había sido comprensiva, había aceptado sin rechistar que él tuviera que trabajar.

Se alegraba de haberle concedido por fin ese deseo.

Lissy abrió los ojos y le dedicó una radiante sonrisa. —¿Qué pasa? ¿Cómo puedes quedarte ahí plantado en medio de la pista?

Massimo le sonrió y empezó a moverse al ritmo de la música.

—Vaya, parece que te animas.

Él echó un vistazo a su alrededor. Por todas partes había gente moviéndose al son de la música; era un gentío inmenso y apenas tenían sitio para bailar.

Él tampoco pudo resistirse más al ritmo.

Massimo notó las miradas de los otros hombres.

Lissy, con su vestido brillante y sus movimientos sensuales, se convirtió pronto en el centro de atención.

Él la atrajo hacia sí y se balanceó con ella como si fueran uno solo.

Ella estaba con él, y quería que todo el mundo lo viera.

Lissy se acurrucó contra él y posó sus labios suavemente sobre los suyos. —Gracias, es una sorpresa maravillosa. Gracias por haber hecho el esfuerzo.

Massimo le acarició la mejilla con ternura. —Haría cualquier cosa por ti. Incluso venir a bailar.

Lissy soltó una carcajada y echó la cabeza hacia atrás. Se notaba que disfrutaba de cada segundo, de cada compás, de la vida misma. Y desprendía esas ganas de vivir por cada uno de sus poros.

A Massimo le alegraba ver a Lissy tan contenta de nuevo.

En las últimas semanas, ella había cambiado.

Había estado más reflexiva, una cierta tristeza envolvía su aura.

Había conocido a Lissy como una persona alocada y abierta, y había dado por hecho que no le importaba mucho lo que los demás pensaran de ella.

Se había equivocado en muchas cosas. No era solo la chica fiestera y superficial que parecía al principio de su relación.

Era mucho más profunda de lo que él suponía.

Por supuesto, el pelo rosa solía despistar a los extraños.

Pero Lissy era sensible y vulnerable. Debía de haber tenido malas experiencias, y le importaba bastante lo que la gente opinara de ella.

Su confianza en sí misma era como una máscara que se ponía siempre que quería protegerse.

Sin embargo, en los últimos días él había conocido a la verdadera Lissy.

La mujer reflexiva que no veía la vida simplemente como una gran fiesta continua.

Reunía tantas facetas en su interior, pero él se daba cuenta de que ella misma no las veía.

No sabía quién le había hecho sentir a Lissy que no era valiosa, pero por lo que parecía, era algo que arrastraba de toda la vida.

Sus padres viajaban mucho y no se interesaban demasiado por ella.

Aquello era triste y decepcionante. No era de extrañar que Lissy dudara de su propio valor.

Y tampoco resultaba sorprendente que en situaciones como esta le gustara ser el centro de atención al bailar.

Evidentemente, disfrutaba de la atención, de las miradas de admiración de los hombres y de las miradas de envidia de las otras mujeres.

En esos momentos sentía que era especial.

Y a Massimo le dolía en lo más profundo que necesitara esos disfraces para sentirse así.

¿Cuán hiriente debía de ser que unos padres no se ocuparan de su hijo?

¿Que les diera igual lo que le pasara a su hija?

¿Si encontraba su camino o no? ¿Si era feliz o no? ¿Cómo se las apañaba en la vida?

Massimo pensó en su madre. Quería dejar fuera de sus reflexiones a su padre y su carácter autoritario.

Pero su madre siempre se había desvivido por sus hijos.

Había sido cariñosa en todo momento, siempre los había escuchado.

No siempre le había resultado fácil, pero en su última visita Massimo se había dado cuenta de que, en realidad, era ella quien manejaba los hilos en la sombra.

Aunque él no lo hubiera visto antes por estar demasiado centrado en su padre.

La madre de Massimo siempre les había dado todo a sus hijos.

Siempre se había postergado a sí misma, dando prioridad a la familia.

Se dio cuenta de que apenas conocía a su madre.

¿Quién era esa mujer que siempre le había guardado las espaldas a su padre, que siempre había trabajado sin descanso para la familia y en el viñedo?

Rara vez había visto a su madre sentada en la terraza leyendo un libro.

Más bien, Massimo recordaba que siempre estaba lavando la ropa, manteniendo en orden el viñedo y cocinando para todo el equipo.

Su madre era el alma del viñedo. Y, sin embargo, se preguntaba si ella no habría tenido también otros deseos y sueños.

Lissy enarcó las cejas y lo miró con severidad. —¿Ya estás dándole vueltas a la cabeza otra vez? Disfruta de la música y del ambiente. ¿No es simplemente fabuloso?

Lissy se dio la vuelta y bailó de espaldas hacia él hasta que chocaron. Luego se pegó a él con las caderas y le hizo olvidar sus pensamientos. Tenía razón. Estaba allí para disfrutar de ese momento con ella. Al igual que debía disfrutar de cada instante que compartieran.

Massimo cerró los ojos y se dejó llevar por el ritmo. Sí, Lissy estaba con él y saborearía cada segundo a su lado. Y si eso significaba que tenía que bailar, lo haría. Porque por Lissy haría cualquier cosa. Todo lo que ella le pidiera.