31. Capítulo 31
Lissy cerró los ojos y aspiró el aire cálido. Mara tenía que trabajar unas horas hoy y ella aprovechó la oportunidad para visitar un lugar muy especial.
Paseó lentamente por el Giardino di Boboli.
El parque situado justo detrás del Palazzo Pitti tenía un gran significado para Lissy.
El jardín apenas había cambiado en los últimos años.
Seguía irradiando una majestuosidad que atraía a Lissy de forma mágica.
Por fin tenía que enfrentarse a su pasado.
Habían pasado demasiadas cosas y tenía mucho que procesar.
Si quería tener un futuro con Massimo, primero tendría que asimilar su propia historia.
Tenía que eliminar todos los obstáculos, todo lo que la agobiaba, todo lo que pudiera sembrar dudas.
Frente a la Fontana del Nettuno, frente al Palazzo Pitti, se dejó caer al suelo.
Fue exactamente aquí donde conoció a Nevio.
En otra época, en otro mundo. Por aquel entonces era muy joven.
Había terminado el instituto y se había marchado tres meses de viaje por Europa antes de empezar su formación.
Estaba llena de sueños y ansias de aventura.
Florencia iba a ser solo una parada en su ruta, junto a Roma, Barcelona y Valencia.
Cuando planeó aquel viaje, no podía saber que Florencia sería, al mismo tiempo, el último lugar que visitaría en su recorrido. Canceló todas las etapas posteriores.
En su mente, Lissy regresó a aquel día en el que conoció a Nevio por primera vez.
Justo aquí, frente a esta fuente, con el bloc de dibujo sobre las rodillas.
El Giardino di Boboli albergaba una importante colección de todo tipo de esculturas.
Lissy había llegado allí por casualidad, siempre en busca de impresiones adecuadas que plasmar en el papel.
—Si ajustas un poco más el ángulo, será más realista.
En aquel momento, Lissy no había entendido ni una palabra de lo que aquella melodiosa voz italiana había dicho a sus espaldas y, sin embargo, se sintió interpelada directamente.
Levantó la vista y vio a aquel hombre tan atractivo frente a ella.
Tenía los ojos tan negros como el pelo y con un brillo que no le recordaba a las estrellas, sino a las fugaces.
Con gesticulaciones, en inglés y alemán, y con unas pocas palabras en italiano, intentó explicarle que no había entendido nada de lo que él había dicho. Él se había reído y, en la misma jerigonza, le explicó que debía ajustar un poco la perspectiva de su dibujo para hacerlo más real.
—Por cierto, soy Nevio.
—Klarissa.
Había mirado a Nevio a los ojos y en aquel instante supo que no seguiría viajando. Fue como si algo explotara en su interior. Nunca antes había sentido una sensación tan poderosa por ningún ser humano. Y mucho menos en un primer encuentro.
Se miraron a los ojos durante segundos, fascinados el uno por el otro.
Nevio se había inclinado hacia ella y le había quitado el lápiz de la mano. Se había sentado a su lado y le había indicado qué cambios podía hacer. Llevó aquel dibujo, su dibujo compartido, durante mucho tiempo en aquella carpeta de dibujo.
En los días siguientes, pasó mucho tiempo con Nevio.
Él no solo era pintor, sino también un bohemio y podía organizar sus días con libertad.
A menudo se sentaba con él en las concurridas calles de Florencia y lo observaba mientras dibujaba a los turistas para ganar algo de dinero.
Ella sabía que ese no era el tipo de arte que él realmente quería crear.
Nevio tenía un talento extraordinario. Ya fueran personas o paisajes, retratos o arte abstracto, lo dominaba todo con suma perfección.
Cuando Nevio no ganaba dinero en la calle, paseaban por Florencia. Él le había enseñado los lugares más románticos, los sitios que no estaban abarrotados de turistas, los rincones secretos.
Nevio había conquistado el corazón de Lissy por asalto.
Una mirada a sus ojos oscuros había bastado para revolucionar su corazón.
Y no se había vuelto a calmar en todo ese tiempo.
Nevio fue su primer gran amor. Y durante mucho tiempo fue el único.
Él era la razón por la que Lissy nunca volvió a tener una relación seria.
Hasta que Massimo apareció en su vida.
Lissy suspiró y regresó al presente. Los sentimientos la abrumaron y las lágrimas le corrieron por las mejillas.
Había disfrutado tanto del tiempo con Nevio.
Él le había hecho sentir que la vida consistía en mucho más que solo escuela y trabajo.
A Lissy le dolía el corazón. El simple hecho de pensar en él así era como si alguien le clavara un puñal en el estómago.
La relación con Nevio había sido corta, pero muy intensa.
Habían pasado día y noche juntos. No habían necesitado a nadie más, solo a ellos mismos.
Quería estar siempre con él, las veinticuatro horas del día.
Quería dormirse en sus brazos y volver a despertar, quería sentarse cada día a su lado en las calles de Florencia, viéndolo dibujar.
Nevio la ayudó a mejorar su propia técnica de dibujo.
Le hizo ver que tenía un potencial mucho mayor.
A raíz de aquello, desarrolló una auténtica adicción al dibujo; no podía parar y cada vez lo hacía mejor.
La vida había sido tan ligera en aquellas semanas.
No necesitaba nada más que aire, amor y a Nevio.
Todo se sentía sencillo, de repente la vida ya no era pesada, sino más bien ingrávida.
Lissy flotaba en su nube, dejaba pasar el tiempo, disfrutaba de cada segundo.
Hasta que Nevio desapareció de su vida de un día para otro. Sin explicaciones, sin motivo y sin disculpas, la había abandonado. Había comenzado una nueva vida. Y ella no había tenido lugar en ella.
Hasta el día de hoy no ha logrado entender qué había pasado entonces.
Por qué Nevio la había rechazado. La había dejado tirada como una patata caliente o, mejor dicho, como un saco de basura.
Como si ella nunca hubiera significado nada para él.
Aquel día, su corazón se rompió en un millón de pedazos.
Y nadie había conseguido volver a recomponerlo.
Apoyó la cabeza en las rodillas y sollozó. Nevio se lo había dado todo y se lo había quitado todo. Le había enseñado lo valiosa que podía ser la vida y lo dolorosa que era. Le había mostrado todos los contrastes. Nevio había sido el gran amor de Lissy y, al mismo tiempo, su mayor enemigo.
Durante días intentó averiguar qué había pasado.
Nevio había desaparecido de la noche a la mañana.
De su vida, pero nunca de su corazón. Tras unos días, interrumpió su estancia en Florencia.
Regresó a casa, no visitó más ciudades. Sus padres, como siempre, estaban de viaje en algún lugar del mundo y ella intentó lidiar sola con su dolor. Estaba harta de su vida.
Nevio se lo había arrebatado todo. Su alegría de vivir, su optimismo, su felicidad.
Había destruido su vida y ella no permitiría que volviera a hacerlo.
El encuentro con Nevio en San Gimignano había sacado a la luz todo aquello que ella había escondido con tanto esmero en el rincón más profundo de su corazón.
El simple hecho de verlo le había quitado el suelo bajo los pies y la había catapultado de nuevo a sus recuerdos.
Recuerdos de una época que no podía ni quería deshacer.
Lissy sollozó y buscó un pañuelo en su mochila.
Quizá habría podido cerrar ese capítulo si hubiera sabido por qué Nevio la había dejado.
Por qué se había marchado de su vida de repente, sin que ella pudiera haberlo sospechado de antemano.
Florencia le recordaba inevitablemente a aquel tiempo con Nevio.
Nunca se lo había contado a nadie. Ni siquiera a Mara.
Cuando visitó la ciudad con su amiga, fingió que era la primera vez que estaba allí.
Como si Florencia no desencadenara esos recuerdos y no hubiera sido el centro de su vida durante unas semanas.
Sus padres ya no se ocuparon de Lissy después de que terminara los estudios. Habían estado seguros de que ella encontraría su camino. No les importó lo difícil que fuera o si habría necesitado una mano amiga. Y así, no se dieron cuenta de que ella había cambiado en aquellas semanas en Florencia.
En algún momento la situación mejoró. Lissy logró reprimir su dolor. Había tardado mucho tiempo y había esperado poder deshacerse de todos esos recuerdos. Que no tendría que cargar con ese peso hasta el final de sus días.
Pero ahora había sucedido: todo había vuelto a brotar de su interior.
Precisamente por eso había venido hoy al Giardino di Boboli.
Había intuido que aquí podría abrirse. Tenía que liberarse a toda costa de lo de Nevio.
Tenía que olvidar lo que él le había hecho e intentar perdonarlo.
Si quería mantener una relación con Massimo, no podría seguir excluyendo a Nevio de su vida.
El destino fue cruel cuando decidió que se enamorara precisamente del mejor amigo de Nevio.
Soltó una carcajada amarga. Había miles de millones de personas en este mundo y Nevio tenía que ser precisamente el mejor amigo del único hombre que había conseguido volver a unir los pedazos de su corazón.
Sí, Massimo lo había logrado. Con su forma de ser tan tierna, había buscado con esmero cada una de las piezas de su corazón y había montado el gran puzle.
Había conseguido ganarse su amor. Por fin, después de tanto tiempo, había sentido que el amor seguía en su corazón.
Que era capaz de sentir afecto por un ser humano sin tener miedo de que la pisoteara.
Habían pasado muchos años y había costado muchas relaciones, pero Massimo lo había logrado.
Y solo por eso sabía que él era especial.
Que él era el único con quien podría volver a ser feliz.
¿Por qué jugaba la vida con ella? ¿Por qué le ponía siempre piedras en el camino? ¿Por qué le enviaba a Nevio después de todos estos años? ¿Para ponerla a prueba? ¿Acaso esto debía ser su prueba de fuego para ver si la relación con Massimo resistiría? ¿Era todo esto solo un estúpido examen?
Lissy se secó las lágrimas de las mejillas.
Ya había llorado bastante. Había recordado todo, había dejado salir las emociones que llevaba años ocultando.
Esta visita al Giardino di Boboli le había exigido mucho.
Se sentía sin fuerzas y agotada. Al mismo tiempo, sabía que procesar su pasado había sido inevitable.
Sin embargo, no había conseguido realmente un avance definitivo.
Todavía le dolía recordar a Nevio y el tiempo que pasaron juntos.
Hoy las emociones eran algo menos dolorosas que hace diez años, pero aun así estaban presentes.
Y eso la estremecía. Había creído que Nevio ya no tendría poder sobre ella ni sobre sus sentimientos.
Pero este pequeño encuentro le había demostrado lo contrario.
Lissy se levantó y caminó alrededor de la fuente.
¿Cuántas veces había caminado por aquí de la mano de Nevio?
Habían bromeado y reído, intentando entender la vida con su jerigonza ítalo-inglesa y construyendo su propio mundo.
Eran jóvenes, estaban enamorados y eran tontos.
Al menos ella. Le había dado todo a Nevio: su confianza, su corazón y su amor. Pero él no lo había sabido valorar.
¿Cómo debía reaccionar si volvía a cruzarse con él?
Tenía que considerar esa opción, ya que, como mejor amigo de Massimo, formaría parte de su vida.
Incluso le sorprendía no habérselo encontrado en las últimas dos semanas.
Bueno, ni siquiera sabía dónde vivía Nevio ahora.
Probablemente solo había sido una enorme coincidencia que se hubieran visto.
Y, sin embargo, tenía que dar por hecho que ese tipo de coincidencias podrían repetirse a menudo.
¿Qué debería hacer entonces? ¿Debería engañarse a sí misma y a Massimo?
¿Debería fingir que ese encuentro no la afectaba, como si Nevio le resultara indiferente?
¿Acaso podría hacerlo? La última vez no se le dio especialmente bien.
Massimo la había calado enseguida y había notado que entre ella y Nevio existía un vínculo que era mucho más importante de lo que habían querido hacerle creer.
Había sentido de inmediato que había una energía determinada entre ellos.
Lissy se había quedado paralizada al ver a Nevio. La próxima vez controlaría mejor sus sentimientos y su expresión facial, porque ahora estaba preparada para encontrárselo. Y, aun así, requeriría una gran dosis de autocontrol para no mostrar sus emociones ni a Massimo ni a Nevio.
En el pecho de Lissy latían dos corazones en ese momento.
Por un lado, preferiría evitar a Nevio, no volver a verlo nunca más.
Quería borrar a esa persona de su vida, no quería desperdiciar ni un segundo más en él.
Por otro lado, sería la oportunidad de saber qué pasó entonces.
Por qué Nevio la había rechazado. Así tendría la posibilidad de curar todas sus heridas.
Debería verlo como una oportunidad para empezar una nueva vida sin todo el viejo lastre.
Se sentía dividida; quizá debería darle a Nevio la oportunidad de explicarle lo que sucedió en aquel entonces.
Aunque tuviera un miedo atroz a que todas las heridas volvieran a abrirse y empezaran a sangrar.
¿Y qué debería contarle a Massimo? ¿Cómo le explicaría que Nevio seguía teniendo hoy tal poder sobre ella y sus sentimientos? Él se pondría celoso y cuestionaría su relación. No, Massimo no debía saber lo que pasó entonces. No tenía nada que ver con él.
Lissy abandonó el parque. Una vez más se secó las mejillas e intentó arreglarse el maquillaje.
Tenía la sensación de que hoy había dado un gran paso.
Abrirse y permitir que fluyeran las emociones y los recuerdos había sido un hito importante en su camino hacia el futuro.
Un futuro que quería pasar con Massimo. Aunque las dudas seguían ahí y no sabía si podrían vivir juntos ni cómo.
Aun así, todavía no estaba lista para volver a ver a Massimo.
Pasaría uno o dos días más en Florencia.
Todo el tiempo que a Mara y a Sergio les pareciera bien.
Solo cuando supiera lo que realmente quería, regresaría a Siena.
Necesitaba tiempo para aclarar sus sentimientos.
Para ser consciente de si Massimo debía seguir siendo parte de su vida.