Amapolas, amor y tú: Latidos en Siena (Latidos en la Toscana 2) 18. Capítulo 18
32%

18. Capítulo 18

Massimo daba vueltas pensativo al llavero en forma de corazón que tenía en la mano.

Ayer no había vuelto a hablar con Lissy.

Había intentado llamarla a su hora habitual, pero no había logrado localizarla.

En mitad de la noche, ella le había enviado un mensaje explicando que había estado en una fiesta.

Él sacudió la cabeza. A él nunca se le ocurriría salir de fiesta entre semana.

Pero Lissy era diferente. A veces no empezaba a trabajar hasta la tarde y, por lo tanto, aún podía permitirse su sueño reparador aunque hubiera estado de marcha la noche anterior.

Massimo tenía que admitir que no le gustaba que ella saliera tanto por la vida nocturna de Hamburgo.

Se la imaginaba moviendo su cuerpo de forma lasciva en la pista de baile, siendo tocada por otros hombres, y aquello casi le hacía perder la cabeza.

No sabía en absoluto si esas fantasías que le perseguían a diario se correspondían con la realidad.

Quizás se pasaba toda la noche sentada en la barra mirando cómo bailaban los demás.

¿Qué sabía él? Ese era precisamente el problema: no tenía conocimiento de lo que ella hacía.

Y no podía controlarlo. Solo el hecho de albergar esos pensamientos le decepcionaba.

Nunca había sido un tipo celoso. Siempre había vivido bajo el credo de que debía otorgar confianza a alguien si esa persona significaba algo para él.

Pero con Lissy era distinto. Estaba descubriendo en sí mismo un lado celoso que no le gustaba.

¿Sería la distancia lo que lo provocaba?

Quizás es que no quería perder a Lissy bajo ningún concepto porque sus sentimientos por ella eran muy fuertes.

¿O se debía a lo ocurrido con Nevio? Lissy y Nevio le habían asegurado que aquello no había tenido importancia, pero él sabía que le habían mentido.

Y aunque se repetía una y otra vez que el pasado no debería importar, la duda le roía por dentro, de forma silenciosa pero constante.

Y el hecho de que Lissy olvidara ahora sus llamadas porque prefería irse de fiesta le asestaba una puñalada en el corazón.

Ella se había disculpado y le había asegurado que esta noche volverían a hablar por teléfono o a hacer un Zoom.

Aun así, algo había cambiado. Él ya no era tan importante para ella.

Massimo respiró profundamente. Sus pensamientos daban vueltas incansablemente en círculos.

Aquello no le hacía ningún bien y su estado de ánimo estaba por los suelos.

Le costaba concentrarse porque no dejaba de cavilar sobre si Lissy le era fiel y qué hacía cuando se quedaba de fiesta hasta tan tarde.

Sin él, pero con otros hombres. No tenía motivo alguno para reprocharle nada y tampoco creía que ella le fuera a engañar.

Pero le entristecía no ser capaz de disipar toda duda.

Tenía que admitir que se había imaginado una relación a distancia menos problemática.

Ante su familia, se había arriesgado mucho.

No había querido reconocer que su relación no era perfecta.

No había querido darles la razón cuando decían que sería más sencillo buscarse a una mujer del pueblo.

Volvió a pensar en las palabras de Rita.

Sí, Stella era una mujer encantadora. Era hermosa y elegante, un poco introvertida, pero servicial y sensata.

Era todo aquello por lo que otros hombres suspirarían.

Y, sin embargo, sabía que no podrían ser felices juntos.

A menudo se entendían sin palabras y soltaban una risita cuando, una vez más, tenían el mismo pensamiento.

Su último encuentro ya quedaba un poco lejos, pero seguramente nada de aquello había cambiado.

Stella era una buena amiga para él, y estaba seguro de que nunca habría nada más entre ellos.

Massimo se pasó la mano por la cara. Siempre que le asaltaban las dudas, podía contar con algo: su crítico interno, esa vocecilla en su interior que siempre le dejaba claro lo idiota que era.

Hoy tampoco se hizo esperar. Esa preciosa y pequeña vocecilla malvada tenía, una vez más, una opinión que deseaba compartir con él.

—Eres un tonto. Lissy te está tomando el pelo. Ni siquiera conoces a esa mujer y quién sabe qué hace por Hamburgo. Stella está aquí, a tu lado, ¿y no te quedas con ella? ¿Por qué te complicas siempre tanto la vida?

—¡Ay, cállate la boca!

—¿Perdone? —Una mujer mayor con un sombrero de paja y una mochila lo miró por encima de un estante—. ¿Me habla a mí?

—No, disculpe, por favor. Por supuesto que no. Estaba absorto en mis pensamientos. ¿Puedo ayudarla en algo?

—Genial, ahora también espantas a los turistas. Esto mejora por momentos, Massimo. Ya se ve lo bien que te sienta la relación con Lissy. Pero tú sigue aferrado a ella, ya verás a dónde te conduce.

Massimo inhaló y exhaló profundamente. Tenía que ordenar sus pensamientos y concentrarse en el aquí y ahora.

La tienda estaba llena de clientes y era importante que los atendiera.

Tenía que sacar de su cabeza por un momento los pensamientos sobre Lissy y su relación.

Pero las dudas eran cada vez mayores. Con cada semana que pasaba añorando a Lissy, se sentía más indeciso sobre su relación.

¿Tenían siquiera alguna posibilidad de sacar adelante esta relación?

¿O sería mejor para todos los implicados que terminaran ahora e intentaran buscar otro camino?

¿Cómo llevaba Lissy todo este asunto y qué pensaba ella al respecto?

Sus conversaciones se habían vuelto superficiales en las últimas semanas.

No tenía ni idea de lo que pasaba por la mente de Lissy.

Aunque ella siempre le aseguraba que lo echaba de menos, él tenía la sensación de que esas palabras ya no significaban tanto como deberían.

Massimo estaba desgarrado entre dos sentimientos.

Tenía que hablar con Lissy sin falta. Quizás esta noche podrían aclarar en qué punto se encontraban y hacia dónde querían ir.

Si seguían adelante juntos o si era preferible que cada uno fuera por su lado.

No le gustaba la idea, pero a veces un corte rápido era lo mejor para todos.

—¿Y bien? ¿Viene de una vez? —La mujer del sombrero de paja había puesto cara de impaciencia.

—Disculpe, ya voy. —Massimo se acercó a la mujer y se concentró en la venta. Sin duda, aquello le resultaría mucho más productivo que sus eternas cavilaciones.