Amanecer en Montana (Amor bajo el cielo del oeste nº 1) Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

—Debo de tener el número equivocado —murmuró una voz al otro lado—. Supongo que la zorra estúpida ha cambiado de teléfono.

Con un clic, la línea se cortó.

A Lucas se le disparó la adrenalina.

—¿Perdona? ¿Qué has dicho?

Su única respuesta fue el tono de línea.

Lucas apretó los dientes, intentando controlar su reacción mientras Leah se acercaba con una dulce sonrisa.

—Lo siento, cariño —soltó—. Ha colgado —le tendió el teléfono para que viera quién había llamado.

* * *

Se le abrieron los ojos de par en par... Justin... ¿qué demonios querría? Era la última persona del mundo que esperaba, y mucho menos con la que quería hablar. Notó cómo se le aceleraba el corazón y la ansiedad se le instalaba en el pecho, pero intentó mantener la voz lo más calmada posible.

—¿Dijo algo?

Lucas apretó los labios, como si se estuviera conteniendo, y negó con la cabeza.

—No, cariño.

Leah dio un respingo cuando su teléfono volvió a sonar: el nombre de Justin apareció en la pantalla.

—¿Quieres que conteste yo? —preguntó Lucas.

Ella negó con la cabeza.

—No, tengo que encargarme de esto.

Pulsó el botón del altavoz.

—¿Hola?

—¿Leah?

El sonido de su voz le revolvió el estómago.

—¿Qué quieres, Justin? —preguntó con paciencia—. Esto no puede ser por Hannah porque está aquí conmigo.

—¿Quién es el tipo, Leah?

Su voz adquirió ese tono burlón y exigente que años atrás la habría hecho acobardarse. Pero ya no. Ahora solo la cabreaba.

—¿Qué tipo? —replicó ella con desdén.

—El que contestó tu teléfono hace un minuto.

Lucas torció el labio ante el comentario y le pasó un brazo por el pecho, atrayéndola hacia él de forma posesiva.

—No es asunto tuyo —respondió ella con descaro—. ¿Por qué me llamas?

Leah se recostó contra Lucas. Su muestra de apoyo la fortaleció, pero podía sentir que estaba furioso y apenas se contenía.

—Solo quería oír tu voz, cielo. Te echo de menos.

Justin era un maestro de la manipulación y añadía un tono quejumbroso a su voz siempre que sentía que lo maltrataban, que era constantemente. Al hombre le encantaba hacerse la víctima. A Leah le crispaba los nervios como uñas en una pizarra.

Toda la ansiedad que había sentido al principio se esfumó y dio paso a la irritación.

—No soy tu cielo, Justin. Estamos divorciados y te casaste con tu secretaria. No tienes ninguna razón en el mundo para echarme de menos.

Respiró hondo y miró a Lucas para ver cómo estaba llevando la llamada. No mucho mejor que ella, por lo que podía ver.

—¿Cathy sabe que me estás llamando?

Él ignoró la última pregunta y siguió con su perorata quejumbrosa.

—No tenías que mudarte al otro lado del país. Tienes que volver a Chicago —insistió Justin—. Podríamos pasarlo bien, tú y yo, cuando vuelvas.

—Nunca me divertí cuando estábamos casados. ¿Por qué demonios ibas a pensar que me divertiría contigo ahora?

Su irritación había llegado al límite y su voz se elevó al continuar:

—¿Y no me oíste antes? Estás casado, imbécil.

Respiró hondo y añadió con firmeza:

—Nunca voy a volver a Chicago. Nunca.

—Vas a volver, cielo —replicó Justin—. Ahora, ¿quién es el tipo, Leah?

Su voz se volvió dura, abandonando el tono empalagoso.

Lucas llegó a su límite. Le quitó el teléfono de la mano y lo acercó a su boca.

—Leah es mía, gilipollas —gruñó al altavoz—. Y ya la oíste, no va a volver a Chicago. No vuelvas a llamar.

Pulsó el botón para colgar y tiró el teléfono al sofá.

Lucas respiró hondo, la atrajo hacia él y le acarició la espalda.

—Lo siento, cariño. No debería haber perdido los estribos así.

Leah apoyó la cabeza cómodamente contra su pecho; el sonido de sus latidos le calmaba los nervios. Se rio aliviada mientras todas las emociones negativas se desvanecían.

—¿Estás de broma? Ha sido increíble.

Lucas resopló.

—A ver si lo entiendo. Quiere que vuelvas a Chicago para tener una aventura y poder engañar a su nueva esposa.

Ella asintió.

—Sí, básicamente eso. Es un completo imbécil.

Lucas resopló.

—¿Siempre fue así?

—No, al principio no. Estuvo bien los primeros años de matrimonio.

Leah lo miró.

—No me malinterpretes, no era estupendo ni mucho menos. Pero no me engañaba.

Se encogió de hombros.

—Que yo sepa, al menos.

Respiró hondo y soltó el aire.

—No empezó a ponerse así hasta que ascendió en la empresa. Por lo que pude ver, todos los ejecutivos eran iguales, así que quizá intentaba encajar. Desde luego no le costó mucho.

Se apartó y cogió su copa de vino. Dio un buen trago y dejó escapar un profundo suspiro de alivio.

—Esta noche era tan prometedora. Por favor, no dejes que él la arruine.

Lucas cogió su copa y asintió.

—Estoy de acuerdo.

Levantó la copa y le sonrió.

—Brindemos.

Leah sonrió aliviada y levantó su copa.

Lucas la miró a los ojos y dijo:

—Por empezar de nuevo y por los nuevos comienzos.

Ella lo miró con el corazón en los ojos.

—¡Salud!

Y chocó su copa con la de él.

Leah siguió observándolo mientras bebía el vino. Prácticamente la había reclamado como suya ante Justin. El sentimiento que había ido floreciendo en su interior durante el último mes se abrió por completo.

Estoy enamorada de él...

El corazón se le encogió mientras el pánico se arremolinaba en su interior.

¿Cómo voy a dejarlo?