Amanecer en Montana (Amor bajo el cielo del oeste nº 1) Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

Leah lo observó alejarse, admirando su figura alta y bien formada. El hombre era puro sexo y no podía dejar de comérselo con los ojos. Parpadeó de repente al darse cuenta de que prácticamente estaba babeando, y miró a Mabel, que sonreía como el gato de Cheshire.

—Es guapo, ¿verdad?

Las palabras de Mabel hicieron que Leah se sonrojara ligeramente.

—Ese chico ha pasado por momentos difíciles, pero es un superviviente, un hombre de verdad.

Miró fijamente a Leah. —Es mi favorito.

Leah se dio cuenta de que Mabel estaba preguntando sutilmente... o no tan sutilmente... cuáles eran sus intenciones. Para tranquilizarla, asintió. —Es un hombre increíble. Entiendo por qué es tu favorito.

Hizo una pausa y sonrió.

—Y sí, es muy guapo.

Mabel se rio entre dientes ante la muestra de carácter de Leah. —Entonces, ahora que has vivido una de nuestras locas tormentas de primavera, ¿qué opinas de este lugar? ¿Sigues pensando en irte al final de la temporada?

La pregunta desconcertó a Leah: era un reflejo exacto de sus propios pensamientos. Pero como sabía que a Mabel le preocupaban los sentimientos de Lucas, respondió: —Me encanta este lugar. La tormenta no cambió eso en absoluto. Si acaso, ahora me gusta todavía más.

Respiró hondo y continuó.

—Lucas y la familia Hunter son maravillosos.

Mabel resopló, claramente molesta porque no le había respondido del todo.

—¿Estás pensando en quedarte, o no?

Exasperada por la franqueza de la mujer, Leah le sostuvo la mirada y respondió con sinceridad.

—Me iré después de la temporada de verano.

Se le revolvió el estómago al pronunciar esas palabras; el corazón le libraba una batalla contra la razón.

—Los Hunter no han mencionado nada de que me quede después de septiembre.

Mabel chasqueó la lengua y agitó las manos en el aire.

—No tienes que preocuparte por eso, cariño. Los Hunter querrán que te quedes, especialmente Lucas. Está loco por ti, salta a la vista.

Frunció los labios y clavó en Leah una mirada intensa.

—Solo asegúrate de tener cuidado con él.

A Leah se le cortó la respiración y el corazón le latió con fuerza al oír las palabras de Mabel.

…está loco por ti…ojalá…

—Lo haré, Mabel. Te lo prometo —le aseguró a la anciana ceñuda, con la esperanza de tranquilizarla.

—Tú sientes lo mismo, ¿verdad, cariño?

Leah la miró con una mezcla de horror y fascinación, como si tuviera delante una cobra mortal. Su primer impulso fue negarlo, pero no podía ser más que completamente sincera con Mabel. Se aclaró la garganta, incómoda, y tragó saliva con dificultad.

—Sí, así es.

Pero antes de que Mabel pudiera ir más allá, Leah añadió:

—Pero no sé adónde puede llegar esto. Ahora mismo, solo quiero disfrutar de mi tiempo aquí mientras lo tenga.

Eso pareció apaciguar a Mabel, que le dedicó a Leah una sonrisa beatífica y le dio unas palmaditas en la mano.

—Bueno, no te preocupes por eso. Va a estar todo bien, cariño.

* * *

—¿Qué te dijo Mabel?

La voz de Lucas arrancó a Leah de sus pensamientos mientras conducían de regreso al rancho. Había permanecido callada durante el resto de los recados, y había sentido la mirada penetrante de Lucas todo el rato.

—Mabel fue encantadora, Lucas. Deja de preocuparte —dijo con una sonrisa—. No dijo nada más sobre lo loco que te pones en los bailes del granero.

Lucas resopló, nada convencido con su intento de humor.

—Ahora sé que estás ocultando algo. Mabel nunca es encantadora.

Hizo una pausa.

—No has abierto la boca desde que salimos de su tienda. Algo te habrá dicho que te molestó.

Leah negó con la cabeza y le lanzó una mirada exasperada.

—Lucas, estuvo bien. Se comportó, bueno, tanto como Mabel puede comportarse.

Con una sonrisa, le tomó la mano y entrelazó los dedos con los de él.

—Me encanta lo directa y abierta que es. Es muy refrescante después de años de vivir con gente falsa.

Él gruñó y le apretó la mano.

—Es una buena forma de describirla. Directa y brutalmente honesta, a veces demasiado.

Volvió la vista a la carretera y continuó:

—Siempre ha sido como una abuela para mí, y puede ser un poco protectora a veces.

Le lanzó a Leah una mirada desconcertada.

—Me da la impresión de que contigo siente lo mismo.

Leah hizo una mueca.

—¿Yo? No tengo esa sensación en absoluto.

Él asintió.

—Sí, es así. Suele gruñir a casi todo el mundo y solo se mete con los que más le caen bien. Y parece que le encanta meterse contigo.

—Hmmm.

Leah le dedicó una sonrisa vacilante y volvió la vista al paisaje que desfilaba ante ellos.

Las palabras de Mabel habían tenido el efecto de un rayo, pero luego el sentido común hundió sus esperanzas.

Si Lucas realmente sintiera algo tan fuerte por ella, ¿no le habría pedido que se quedara?

Aparte de un breve comentario aquí y allá, no había dicho ni una palabra sobre un compromiso.

Y si lo hiciera, ¿qué haría ella? Se le contrajo el estómago ante ese pensamiento. Había tardado más de una década en conseguir su libertad. ¿De verdad podría renunciar a ella ahora?

Respiró hondo y soltó el aire despacio, intentando aliviar la tensión que sentía en el pecho.

Hace tiempo que no hago brownies caseros…