Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 43
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L exie

Habían pasado cinco semanas desde que Lexie había abandonado la gira, y seguía esperando a que el dolor remitiera.

Había regresado de Canadá hacía una semana.

Le había sentado bien escapar de todo, ir a un lugar donde no pudieran encontrarla, tener tiempo para pensar y para asimilar sus sentimientos.

Pero, por otra parte, ese tiempo a solas también le había permitido sentir todo el dolor y el arrepentimiento que la ahogaban.

No sabía si había hecho lo correcto al ignorar las llamadas de Connor aquellos primeros días tras su marcha.

Hablar con Tex y descubrir la verdad sobre lo que había pasado aquella última noche había atenuado parte de su ira, pero no había aliviado la pena.

Hablar con Connor no habría servido de nada.

Lo quería, pero él no la quería a ella. No había querido nada más de ella que su cuerpo; eso se lo había dejado claro.

Y aunque se preocupara por ella, no era alguien con quien pudiera tener un futuro.

Tenía que centrarse en eso y hacer todo lo posible por olvidarlo.

Hablar con él solo habría significado que volviera a destrozarle el corazón, y Lexie no era lo bastante fuerte como para soportarlo.

Antes de partir hacia Canadá, Lexie le había dado los últimos retoques al boceto del álbum de fotos y se lo había enviado a Drew.

Hacerlo le había partido el corazón, pero al final también la había hecho sonreír.

Había tantas fotos increíbles, tantos recuerdos maravillosos…

Nunca iba a olvidar la época que había pasado con aquellos cuatro hombres increíbles y con tanto talento, independientemente de cómo hubiera acabado todo.

Con el tiempo, el dolor se aliviaría y solo recordaría los buenos momentos.

Y por mucho que él acabara haciéndole daño, Connor había sido el primero en curarla; le había demostrado que el amor después de Damien era posible.

Se pasó la mano por el pecho, sobre el corazón, con la esperanza de aliviar el dolor que sentía al pensar en él.

Al final había cambiado el retrato de Connor, por aquel en que había posado de forma espontánea, el que le había hecho al final de aquella mañana en la playa.

El mero hecho de mirar la foto hacía que el amor y la angustia se desbordaran en su interior.

El juego de luces y sombras sobre su espalda resaltaba sus músculos tonificados, destacando la belleza de su cuerpo.

Pero no era eso lo que la cautivaba. Era la forma en que sostenía su guitarra y miraba hacia el mar como si buscara respuestas en el azul infinito.

Esperaba que, con el tiempo, encontrara lo que fuera que estuviera buscando.

También se había obligado a mirar las fotos que habían tomado durante su última noche juntos.

Eran increíbles, hermosas, desgarradoras, brutales.

Se podían ver las emociones en su rostro, y había derramado demasiadas lágrimas al recordarlas.

Luego se había secado los ojos y las había guardado en su disco duro personal.

Un recuerdo agridulce que pensaba conservar el resto de su vida. Pasara lo que pasase.

Aquella mañana estaba actualizando su porfolio en línea con ejemplos de sus trabajos más recientes cuando alguien llamó a la puerta.

Frunció el ceño, intrigada por saber quién podía ser, haciendo caso omiso de esa vocecita en su mente que se preguntaba si era Connor.

Sabía que no lo era, y odiaba esa parte de su corazón que se aferraba a la esperanza de que él fuera a buscarla.

Así que, cuando abrió la puerta y lo vio allí, en el umbral, con aspecto sexy y despeinado como si se acabara de pasar las manos por el pelo, se limitó a mirarlo con los ojos muy abiertos.

—Hola, Lexie. —Esas dos palabras, pronunciadas con ese tono tan tan sexy hicieron que el corazón amenazara con salírsele del pecho.

—¿C-Connor? ¿Q-Qué haces aquí? —Genial, encima se le trababa la lengua.

Él sonrió, pero su expresión era cautelosa.

—He venido a verte. ¿Puedo pasar?

Se sobresaltó al darse cuenta de que se había quedado mirándolo fijamente y bloqueando la puerta.

—Por supuesto. —Dio un paso atrás y él pasó junto a ella; su aroma limpio y fresco llevó consigo una oleada de recuerdos.

Se dirigió a la mesa del comedor y se fijó en algunas de las copias de su trabajo en Canadá que ella había dejado a la vista. Tuvo que sacudir la cabeza para asegurarse de que no estaba soñando: tenerlo en su casa era surrealista.

Lexie dio unos pasos hacia él, pero sin acercarse demasiado. Ya estaba luchando contra el impulso de tocarlo.

Connor seguía estudiando las fotos: paisajes, algunas instantáneas.

—Son preciosas —dijo en voz baja.

—Gracias. —No sabía muy bien qué más decir.

Por fin, él se volvió y la miró. Sus ojos verdes se clavaron en los de ella, pero no conseguía descifrar su expresión. Se quedaron así durante lo que le pareció una eternidad antes de que él hablara por fin.

—Quería pedirte perdón —comenzó, y ella sintió cómo se desinflaba ese pequeño globo de esperanza indeseada que había empezado a hincharse en su pecho.

Él solo estaba haciendo lo correcto y había ido a pedirle perdón en persona, nada más.

Ella parpadeó para contener las lágrimas que, últimamente, siempre estaban a punto de brotar de sus ojos—.

Lo que te dije fue imperdonable. Me desquité contigo, y no te lo merecías.

No puedo expresar con palabras lo mucho que lamento que las cosas acabaran así entre nosotros.

—Ella asintió y le tembló la barbilla por el esfuerzo de contener las lágrimas.

Solo tenía que superar ese momento y, cuando él se hubiera ido, iba a poder derrumbarse.

Connor suspiró—. Y luego tener que ver lo de aquella noche…

Tex me dijo que te había contado lo que pasó.

Te lo prometo, Lexie, yo nunca te habría hecho algo así.

—Lo sé —susurró ella, deseando que se fuera y, al mismo tiempo, que nunca se marchara.

—¿Por qué hablaste con Tex y no conmigo? —En ese momento sonaba molesto, lo que la enfadó un poco.

—¡Porque no quería hablar contigo! —Se detuvo e inspiró hondo para poder continuar con más calma—.

Para cuando hablé con Tex ya me habías hecho demasiado daño.

Aunque entonces sabía que no me estabas engañando, lo nuestro ya había terminado.

Yo ya me había ido… ¿Por qué hacernos pasar por eso a los dos? Teníamos que seguir adelante.

Una sombra se dibujó en su rostro y tensó la mandíbula.

—Te dije unas cosas horribles que no sentía, Lexie, pero ojalá me hubieras dado la oportunidad de disculparme. ¿No pensaste que yo también podría estar sufriendo?

Desconcertada, se tomó un instante antes de responder.

¿Había pensado que Connor estaría sufriendo?

La verdad era que no; sinceramente, había creído que él quería una ruptura definitiva.

Pero al mirarlo en ese momento, con esa expresión tan reservada, se dio cuenta de que quizá había estado ciega ante lo que le estaba pasando en realidad, demasiado absorta en su propio dolor como para ver lo que él podía estar sintiendo.

—Lo… lo siento. Di por hecho que esto sería más fácil para los dos a la hora de, ya sabes, seguir adelante… —Dejó la frase en el aire al ver que él tensaba aún más la mandíbula.

—Puede que no lo dijera con palabras, Lexie, pero te estaba mostrando cómo me sentía.

Incluso cuando yo mismo no lo sabía. Sí, dije algunas tonterías porque estaba alterado y lo manejé mal, pero luego tú me alejaste cuando intenté arreglar las cosas.

Lo siento. Siento más de lo que jamás puedas imaginar haberte hecho daño. Pero tú también me has hecho daño a mí.

Lexie sintió que le temblaba la barbilla más que nunca, y luego todo su cuerpo hizo lo mismo, porque por la expresión de Connor se dio cuenta de que le había hecho daño.

Y se dio cuenta también de que quizá una pequeña y mezquina parte de ella había querido vengarse de él por el daño que le había hecho.

Debería haber sabido, después de lo que él le había contado sobre su padre, que ignorarlo y apartarlo cuando él se acercaba a ella iba a lastimarlo. ¿Qué decía eso de ella?

—Lo siento, no debí haberlo hecho —logró articular con voz entrecortada—. Debería haber hablado contigo, haber aclarado las cosas.

Él se pasó las manos por el pelo, frustrado.

—No lo entiendes. No quiero aclarar las cosas sin más para que podamos seguir adelante. No quiero seguir adelante, Lexie. Quiero que te quedes conmigo, que estés conmigo de verdad. Quiero intentar que lo nuestro funcione.

Ella contuvo el aliento, sorprendida; nunca se lo habría esperado de él.

Él le había repetido una y otra vez que no se metía en relaciones.

¿Podía ser verdad? Y si lo era, ¿qué significaba eso?

Sabía que lo quería, pero no alcanzaba a imaginarse cómo iban a poder estar juntos.

Él era una estrella del rock de enorme éxito y ella, una persona normal. ¿Cómo iba a funcionar su relación?

Esa vez no pudo contener las lágrimas que se derramaron por sus mejillas.

—Connor, estar contigo ha sido más que increíble. Me… me gustas muchísimo, pero esa es tu vida, no la mía. Eres una estrella del rock y yo no estoy hecha para ser la novia de una estrella del rock. Debes de saberlo tan bien como yo.

Frunció el ceño y enarcó las cejas.

—¿Qué significa eso? ¿Qué clase de persona crees que tienes que ser para ser la novia de una estrella del rock? Seguro que lo único que hace falta es querer estar conmigo, ¿no?

—Claro que quiero estar contigo. Muchísimo.

Pero tampoco me apetece quedarme al margen de tu vida, despidiéndome cada vez que te vas de gira, viendo cómo las mujeres se lanzan a tus pies, pasando largas noches preguntándome si quizá te sientes lo bastante solo como para…

—Hizo una pausa y negó con la cabeza—. Preguntándome si yo seré suficiente para ti.

Puede que suene egoísta, pero quiero ser la prioridad de alguien.

Quiero amor, matrimonio, una familia. Tú tienes tus propias prioridades, Connor, y son importantes porque son las tuyas.

Tex, Noah, Zac… Ellos son tu familia. La banda es tu vida ahora mismo, aunque no estés seguro de lo que te deparará el futuro.

No puedo perderme en ti para que luego me rompan el corazón otra vez.

Me va a doler muchísimo alejarme, pero es lo mejor para mí, para los dos.

Él negó con la cabeza, frustrado.

—Podemos hablar del futuro de la banda más tarde.

Lo que necesito saber ahora mismo es qué sientes por mí.

¿Me quieres, Lexie? Porque yo te quiero.

Eso es lo único que importa. —Su corazón se detuvo y luego volvió a latir a toda velocidad.

¿La quería? Se acercó y extendió la mano hacia ella, le puso la mano en la barbilla e hizo que levantara la cara hacia él—.

Deja de ver la verdad solo a través de tu cámara.

Necesito que me veas a mí, tal y como soy en realidad.

—Le cogió la mano y se la puso en el pecho, justo sobre el corazón—.

Esto te pertenece. Nunca se lo he dado a nadie más.

Eres la única a quien quiero dárselo. —Sus ojos verdes se clavaron en los de ella—.

Te pido que me des una oportunidad. Que nos des una oportunidad.

Lexie podía sentir cómo le latía el corazón a Connor bajo la palma de la mano, rápido pero con fuerza y seguridad, y mientras contemplaba sus hermosos ojos, sintió que por fin era capaz de ver más allá de la realidad de lo que él era para descubrir la verdad de quién era.

Era más que una simple estrella del rock.

Era un hombre: un hombre con talento, apasionado y generoso.

Un hombre que la amaba. La posibilidad de un futuro con él se desplegaba ante ella.

Amor, risas, pasión. Quizá algún día unos niños de pelo oscuro que se acurrucarían en los brazos de su padre mientras él les cantaba canciones de cuna, y su madre les hacía mil fotos.

Era un futuro diferente al que solía imaginar, pero igual de real.

Lexie sintió cómo las lágrimas le anegaban los ojos y se desbordaban.

Había sido tan estúpida al alejarse de él…

No, estúpida no… la habían asustado la intensidad de sus sentimientos hacia él y la posibilidad de sufrir otro desengaño.

Pero solo podía haber desengaño cuando había amor, y ella no quería pasar su vida teniéndole miedo al amor por temor a que le volvieran a hacer daño.

Era más fuerte que eso. Y él estaba allí, frente a ella, ofreciéndole su corazón.

Quizá fuera difícil. Quizá no funcionara.

Pero se dio cuenta de que iba a arrepentirse siempre si no le daba una oportunidad a su relación.

Así que, cuando él alzó la mano para secarle las lágrimas, con la ansiedad y la esperanza reflejados claramente en sus ojos, las palabras brotaron de ella sin filtro.

—Te quiero muchísimo, Connor; siento haberte dado la espalda.

Tenía mucho miedo de permitirme amarte por si te perdía.

Después de Damien, temía no poder volver a amar a nadie jamás.

Y luego te conocí, y tenía miedo de enamorarme de la persona equivocada y de que me volvieran a romper el corazón.

No creía que pudiera soportar el dolor, pero me equivocaba.

Estar contigo hace que valga la pena el riesgo. Lo vale todo.

Connor cerró los ojos, aliviado, antes de abrirlos y dedicarle la sonrisa más seductora de su repertorio.

—Gracias a Dios. No sé qué habría hecho si me hubieras dicho que no me querías.

Lexie correspondió a su sonrisa entre lágrimas.

—¿Lo dudaste alguna vez? Todavía no puedo creer que nadie lo viera escrito en mi cara cada vez que te miraba.

—Tex lo vio. Nos caló a los dos desde el principio.

Ella asintió lentamente.

—Sí, creo que sí.

Él se agachó hacia ella y esbozó una sonrisa burlona.

—No puedo creer que lo besaras —susurró.

Lexie abrió mucho los ojos y se sonrojó.

—¿Te lo ha contado él?

—Sí. Le habría dado un puñetazo si no hubiera estado sujetando la guitarra.

—Ella se rio al oírlo—. Pero me dijo que tú no estabas interesada, así que me limité a darle una advertencia.

—Lexie empezó a decir algo más, pero antes de que pudiera hacerlo, la boca de él se posó sobre la de ella, que gimió y se puso de puntillas para poder pegarse más a él y poner sus sensibles pechos contra los duros contornos de su torso.

Connor jadeó y ella pudo sentirlo, ya caliente y duro, contra su vientre.

Deshizo el beso—. ¿El dormitorio? —preguntó con voz tensa y urgente.

Lexie señaló el corto pasillo que partía del salón.

—La última puerta a la derecha —dijo sin aliento. Entonces su boca volvió a posarse sobre la de ella y la levantó en brazos, sujetándola contra él mientras la llevaba por el pasillo hasta su habitación, sin apartar nunca sus labios de los de ella.