32
L exie
Cuando la puerta se cerró tras Connor, Lexie suspiró y luego hundió su rostro sonrojado en la almohada fresca.
La noche anterior había sido increíble. Más que increíble.
Había perdido la cuenta del número de veces y de las formas en que se había corrido y, entre medias, habían hablado.
No habían tratado nada serio, solo pretendían conocerse mejor, descubrir cosas como los países favoritos que habían visitado, sus comidas favoritas, sus canciones favoritas.
Se habían quedado dormidos después de que Connor pusiera la alarma para poder marcharse antes de que nadie anduviera por los pasillos.
Ella había sido la primera en plantearle si debían decirles algo a los demás miembros de la banda o a Drew.
Habían acordado mantener su aventura en secreto.
Ninguno de los dos quería responder a la miríada de preguntas que seguramente les habrían hecho ni poner en riesgo la reputación profesional de Lexie.
Sabía que iban a enfrentarse a algunas dificultades para asegurarse de que nadie se enterara, pero, dado que los dos se encontraban en terreno desconocido, tenía sentido mantenerlo en secreto.
Se dio la vuelta y se quedó mirando al techo.
Como si estuviera hurgando en un diente cariado, pensó en Damien, poniendo a prueba sus sentimientos respecto a lo que estaba haciendo.
Aunque la tristeza omnipresente seguía ahí, la culpa que había sentido la última vez no la abrumaba.
Tampoco había tenido la pesadilla, lo que la hacía pensar que quizá había superado un punto de inflexión en su duelo.
En parte se debía a lo que Connor le había dicho la última vez: Damien no habría querido que ella estuviera sola para siempre.
Igual que, si hubiera sido ella la que hubiera muerto, habría querido que él siguiera adelante y encontrara la felicidad con otra persona.
Siempre iba a querer a Damien; nada podía cambiar eso jamás.
Pero sin él a su lado, ese amor no podía sostenerla durante el resto de su vida.
Quería entregar su corazón a alguien y que alguien le entregara el suyo.
Quería conocer a alguien de quien enamorarse tan profundamente como se había enamorado de Damien.
¿Y si ya lo hubiera conocido?
Lexie apartó ese pensamiento de su mente.
La conexión física que tenía con Connor era innegable.
Él le había devuelto la vida a su cuerpo, la había dejado alucinada con la intensidad de los sentimientos que era capaz de despertar en ella y le había demostrado que también era capaz de superar la pena, pero no había futuro para ellos tras el final de la gira.
Él era una estrella de rock con miles de mujeres dispuestas a complacerlo.
Ya iba a ser bastante duro, mientras se acostaban juntos, ver cómo todas esas mujeres se le echaban encima.
No quería ni imaginarse cómo iba a ser si tuvieran una relación.
El deseo pasajero que él sentía por ella era precisamente eso: pasajero.
Así que, en lugar de desear que las cosas fueran diferentes —que él no fuera quien era—, iba a aferrarse a las siguientes semanas con fuerza para luego afrontar el inevitable dolor cuando todo acabara.
Suspirando, se levantó de la cama y se dirigió a la ducha.
Acabó siendo la primera en bajar a desayunar.
Se sirvió un poco de fruta y unas tostadas en el plato, se acomodó ante una mesa junto a la ventana y se perdió en sus pensamientos sobre la noche anterior hasta que alguien se sentó a su lado.
Al volver la cabeza, vio los ojos azules de Noah brillando ante ella y no pudo evitar sentir una pequeña punzada de decepción por que no era Connor.
Esperando que no se le notara en la cara, le dedicó una cálida sonrisa.
—Parecías muy absorta en tus pensamientos —comentó, arqueando las cejas con curiosidad.
—Ah, ya sabes, solo pensaba en el libro. —Esperaba que sus mejillas sonrojadas no delataran la mentira.
—¿Cómo va, por cierto?
Antes de que tuviera oportunidad de responder, los demás llegaron en grupo.
Cruzó la mirada con Connor y le dedicó una leve sonrisa.
Cuando Drew intentó sentarse frente a ella, Connor lo agarró del hombro con naturalidad y le dijo algo que Lexie no pudo oír.
Drew asintió y se alejó rápidamente mientras Connor se sentaba frente a ella.
Lexie no pudo evitar sentir cómo la invadía una sensación de calidez al darse cuenta de que él quería estar cerca de ella incluso fuera del dormitorio.
—¿Adónde va Drew? —preguntó con una sonrisa.
Él carraspeó y pareció un poco avergonzado.
—Le he dicho que me dolía la garganta y le he pedido que me trajera un zumo de naranja.
Noah enarcó las cejas.
—¿No podías ir a por él tú mismo? Sabes que es nuestro mánager, ¿verdad? No forma parte del equipo. No me digas que la fama por fin se te ha subido a la cabeza y ahora esperas que te atiendan en todo lo que necesites.
Connor frunció el ceño hacia su amigo.
—No has visto que se quejara, ¿verdad? Creo que el dinero que le hacemos ganar compensará cualquier inconveniente que haya surgido con esto.
—Vaya, alguien se ha levantado con el pie izquierdo esta mañana. ¿No has dormido bien o algo así?
Un rubor lento se extendió por las mejillas de Lexie, y bajó la cabeza para no mirar a Connor mientras él respondía.
—La verdad es que he pasado una noche estupenda… durmiendo. Ojalá hubiera podido quedarme más rato en la cama.
Al levantar la vista por fin, se encontró con los ojos pícaros de Connor y no pudo evitar que las comisuras de sus labios se curvaran al ver su sonrisa burlona.
—Bueno, me alegro de que lo hayas disfrutado, porque esta noche volvemos al autobús —refunfuñó Noah.
Connor frunció el ceño. Ella se preguntó si estaba tan decepcionado como ella porque no iban a poder repetir lo de la noche anterior al menos hasta que volvieran a parar en un hotel, lo que no iba a pasar hasta un par de días después.
Drew regresó con una jarra de zumo de naranja bien frío y la dejó en la mesa, y la conversación se interrumpió mientras todos se lanzaban a por la comida. Al cabo de unos minutos, Noah se recostó en su asiento y se volvió hacia ella
—No has respondido a mi pregunta sobre cómo iba todo con el libro.
—Ah, claro. Creo que va bien. Probablemente demasiado bien.
Como tengo tantas fotos buenas, voy a tener que tomar algunas decisiones difíciles para hacer una selección de cara al borrador final.
He empezado a hacer algunos bocetos solo para plasmar mis ideas.
Aunque todavía tengo que hacerle el retrato a Zac, cuando tengamos ocasión.
—Echó una ojeada hacia el extremo de la mesa donde estaba sentado Zac.
Él dejó de comer y se volvió hacia ella al oír su nombre, con una muda pregunta en sus ojos color avellana.
Ella alzó un poco la voz—. Estaba diciendo que todavía tengo que hacerte el retrato. Los de todos los demás ya están.
Él asintió.
—Claro, avísame cuando me necesites.
Lexie le sonrió al serio bajista en señal de agradecimiento.
Probablemente era a él a quien menos conocía de todos los chicos, lo que le dificultaba idear su fotografía en solitario.
Tenía un par de ideas vagas dando vueltas en la cabeza, pero nada concreto.
Se propuso mentalmente pasar algo de tiempo charlando con él durante los siguientes días para ver si se le ocurría alguna idea clara.
Noah le rodeó los hombros con el brazo y la pegó a él, algo que había hecho con frecuencia desde que ella viajaba con ellos. Esa vez Lexie notó un destello en los ojos de Connor, que se volvió hacia su amigo con los ojos entrecerrados.
—¿Sabes?, no todo el mundo es tan cariñoso como tú, Noah. ¿Alguna vez te has parado a preguntarle a Lexie si le gusta que la manosees todo el tiempo?
Se quedó boquiabierta mirándolo. ¿De dónde leches había salido eso? Al parecer, no era la única sorprendida por sus palabras.
—A Lexie nunca le ha molestado que sea cariñoso —dijo Noah—. ¿O sí?
Los ojos de Lexie se dirigieron rápidamente hacia Connor, que tenía la vista clavada en el plato, con la mandíbula tensa. Sin saber muy bien qué decir, levantó la vista hacia Noah.
—Eh… No tengo ningún problema. Somos amigos. Sé que no pretendes nada con ello.
Noah sonrió y le guiñó un ojo. Entonces ella comprobó que Connor la observaba con el ceño fruncido.
No tenía muy claro qué estaba pasando, pero si él no andaba con cuidado, todo el mundo iba a darse cuenta de lo que estaban haciendo juntos.
Nunca le había parecido un tío posesivo y tampoco era como si tuvieran una relación, así que no entendía por qué reaccionaba así.
Frunció el ceño y trató de decirle en silencio que iban a tener que hablar más tarde, pero él se dio la vuelta y se quedó mirando fijamente por la ventana con determinación.
No sabía qué hacer ante su reacción y, por mucho que le costara admitirlo, una parte demasiado grande de ella estaba encantada de que él se mostrara posesivo.
Esa parte de ella iba a acabar por romperle el corazón.
Al cabo de unos minutos, sintió una presión contra su pierna bajo la mesa y lo miró de soslayo. Parecía haber dejado atrás lo que fuera que le preocupaba, y sus ojos verdes se mostraban cálidos mientras apretaba su pierna contra la de ella. Su expresión le hizo latir el corazón con fuerza.
Estaba metida en un buen lío.