Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 17
40%

17

L exie

Lexie no sabía si su conversación con Connor había cambiado las cosas para bien o para mal.

Él había empezado a comportarse de forma diferente con ella desde que habían compartido los detalles de sus dolorosos pasados.

Parecía decidido a mantener las distancias con ella.

Ya no había esos roces casuales de sus manos sobre su piel.

Ya no le ponía el brazo sobre el respaldo de la silla si se sentaban uno al lado del otro.

De hecho, ya casi ni se sentaba cerca de ella.

No fue hasta que dejó de hacer esas cosas cuando se dio cuenta de lo mucho que su presencia constante, esos toques tan ocasionales, habían empezado a significar para ella.

No estaba segura de qué había provocado ese cambio. Quizá se arrepintiera de haberle hablado de sus padres. O quizá el hecho de saber que ella era viuda le hiciera mantener las distancias. Fuera lo que fuese, la sensación de pérdida le hacía daño. Y eso la asustaba.

Algo dentro de Lexie había empezado a cambiar.

Su corazón aún sangraba al pensar en Damien, pero por fin veía un rayo de esperanza.

Porque quizá Connor tenía razón, y ella no estaba destrozada; solo necesitaba tiempo y conocer al hombre adecuado.

Ese hombre no iba a ser alto y moreno, con unos penetrantes ojos verdes, pero había sido Connor quien le había hecho sentir el deseo por primera vez en años.

Él la había hecho anhelar su tacto, aunque ella sabía que no debía hacerlo.

Lo único que él podía querer de ella era una noche.

Por mucho que hubiera empezado a fantasear con cómo habría sido una noche así, sabía que iba a acabar poniendo en riesgo su corazón, aún frágil y marcado por las cicatrices.

Así que Lexie dejó que él se mantuviera alejado de ella; no insistió en el tema ni intentó recuperar lo que podría haber habido entre ellos. Si necesitaban mantener la distancia por sus propias razones, probablemente significaba que era lo correcto.

Lexie suspiró y miró por la ventanilla del autobús.

Era por la mañana y la caravana se adentraba en Pittsburgh para su siguiente parada.

Inquieta y nerviosa, Lexie decidió que necesitaba salir a tomar el aire.

Hasta entonces solo había hecho el retrato de Tex, así que ese era un momento tan bueno como cualquier otro para trabajar con otro de los chicos.

Al echar un vistazo al autobús, vio a Noah entretenido con su móvil.

Lexie sonrió para sus adentros. Pasar unas horas con el tranquilo batería parecía ser justo lo que necesitaba.

Más tarde, esa misma mañana, Lexie estaba sentada en el asiento del copiloto de un coche que conducía Noah.

Su decisión había sido un poco precipitada, ya que aún no tenía muy claro qué quería hacer para su retrato, pero esperaba que le llegara la inspiración.

Además, eso le daba la oportunidad de charlar con él, lo que a menudo ayudaba a que surgieran ideas.

Lo único que le había pedido había sido que llevara sus baquetas, ya que quería incorporarlas de alguna manera a la foto.

Noah había pedido expresamente conducir, ya que le gustaba y no tenía muchas oportunidades de hacerlo mientras estaban de gira, y ella había accedido encantada porque así podía observarlo y tratar de decidir qué quería hacer.

No cabía duda de que, al igual que el resto de los miembros de la banda, era muy atractivo.

Con su larga melena rubia de surfista y sus brillantes ojos azules, le resultaba fácil imaginarlo en una playa californiana, pero sus pómulos marcados y su mandíbula firme le daban un aire más atrevido.

Al mirarlo, se fijó en que estaba dando golpecitos con los dedos en el volante, aunque no sonaba música en el coche.

Debía de ser algo típico de los baterías, ya que él no paraba de dar golpecitos en objetos con las baquetas, las manos o cualquier cosa que tuviera cerca.

Ella sonrió, preguntándose cómo debía de ser tener constantemente un ritmo corriendo por tus venas y que tuvieras que expresarlo de una forma u otra.

—Bueno, cuéntame, ¿qué se siente al ser el batería de la banda de rock más popular del mundo? —Quería hacerle hablar para ver si algo de lo que dijera le daba alguna idea.

Él la miró de reojo y esbozó una sonrisa.

—Bueno, como batería, obviamente soy la persona más importante del grupo.

—Por supuesto. —Ella le sonrió.

Él se rio.

—¿Crees que estoy bromeando? Bueno, quizá un poco, pero en parte es verdad.

—Vale, voy a picar. Dime por qué eres la persona más importante del grupo.

Él le dedicó una amplia sonrisa.

—Mucha gente no se da cuenta de que el papel del batería no es solo parecer guay mientras toca ritmos alucinantes.

—Arqueó una ceja y sonrió cuando ella soltó una risita—.

También es hacer que el resto del grupo entre a tiempo.

Tengo que mantener el ritmo para que los demás puedan seguirlo.

Si pierdo el compás, todos lo pierden. Además, controlo la intensidad y la velocidad de la música.

Los demás tienen que seguir mi ejemplo, o la canción se desmoronaría.

—Le echó un vistazo a su expresión de curiosidad—. No lo sabías, ¿verdad? —rio.

Ella negó con la cabeza.

—No lo sabía. Pero ahora que me lo has explicado, tiene mucho sentido. Entonces, ¿eres algo así como el corazón del grupo?

—Mmm, me gusta esa analogía. —Sonrió, quitando una mano del volante para rascarse la barbilla—. Me aseguraré de decirles a los demás que así es como me has llamado.

Lexie se rio y negó con la cabeza. Al mirarlo, una idea empezó a surgir en su mente. El corazón… Un corazón. Algo que tuviera que ver con un corazón…

Justo en ese momento empezó a caer una lluvia ligera y las gotas salpicaron el parabrisas. Corazones, lluvia, baquetas. Lo miró de arriba abajo, con la mente trabajando, y entonces se le ocurrió una imagen.

—Noah, necesito que pares en el siguiente centro comercial al que lleguemos. —Él arqueó las cejas, pero asintió sin preguntar por qué.

Al llegar al siguiente centro comercial, se detuvieron en el aparcamiento.

Él se quedó en el coche con la gorra calada hasta la cara para que no lo reconocieran, mientras que ella salió de un salto y entró corriendo en el edificio antes de mojarse demasiado con la lluvia.

Sonreía para sus adentros cuando salió unos minutos más tarde, con lo que había comprado guardado en el bolso.

—¿Has comprado lo que necesitabas? —preguntó Noah cuando ella volvió a sentarse en el asiento del copiloto.

—Sí. Ahora necesito que conduzcas hasta que encontremos un parque o un espacio abierto donde no haya demasiada gente.

—De acuerdo. —Noah arrancó el coche y se puso en marcha, conduciendo unas cuantas manzanas hasta que encontraron un pequeño parque atravesado por un arroyo. Estaba desierto debido al tiempo, así que era perfecto para lo que Lexie tenía pensado. Noah aparcó el coche en una plaza cercana.

—Por favor, que el tiempo aguante —murmuró Lexie para sí misma, mirando hacia el cielo nublado.

Noah se volvió hacia ella.

—Vale, ¿qué quieres que haga?

—Quítate la camiseta.

Él arqueó una ceja y le dedicó una sonrisa pícara antes de quitarse la camiseta por la cabeza.

—Pensaba que nunca me lo pedirías, cariño.

Ella puso los ojos en blanco, sacó de su bolso el objeto que acababa de comprar y se lo mostró. Era un tatuaje temporal de un corazón rojo, de unas dos pulgadas de ancho.

—Vale, más o menos me hago una idea de lo que pretendes. ¿Dónde piensas ponérmelo?

—En la espalda. —Ella sonrió, girando el dedo en el aire—. Date la vuelta, por favor.

Él se giró en el asiento del conductor para que ella pudiera acceder a su espalda.

Vaya. Tenía una espalda muy bonita, a la altura del resto de su cuerpo: una piel suave y dorada que se tensaba sobre unos músculos firmes.

Ella negó con la cabeza. Era absurdo que los cuatro hombres fueran tan atractivos.

Y además simpáticos, lo que lo hacía aún peor.

Se iba a malacostumbrar pasando tanto tiempo con todos ellos.

Por primera vez, Lexie pensó en lo mucho que iba a echar de menos pasar el rato con ellos cuando todo eso acabara.

Apartó ese pensamiento de su mente. Aún quedaba mucho tiempo para disfrutar de su compañía antes de que cada uno siguiera su camino.

Acarició con los dedos el lado izquierdo de la parte baja de la espalda de Noah, justo por encima de la cintura de sus vaqueros. Él se estremeció ligeramente y luego la miró por encima del hombro, con sus brillantes ojos azules resplandecientes.

—Qué agradable. Sigue, no te cortes…

Negando con la cabeza, pero incapaz de contener la sonrisa, Lexie despegó el papel protector del tatuaje temporal y se detuvo un instante. Se había olvidado de que tenía que humedecer la piel para que se pegara.

—¿Tenemos agua en el coche? —preguntó.

Noah negó con la cabeza. Al darse cuenta de cuál era el problema, volvió a mirarla por encima del hombro.

—Siempre puedes usar la lengua. No me quejaré.

Lexie se rio. Era un auténtico coqueto.

—Apuesto a que no…

Mientras buscaba en el coche algo con lo que humedecer el tatuaje, de repente se dio cuenta de lo que tenía justo delante de las narices.

Girándose en el asiento para poder seguir sujetando el tatuaje en su sitio, pulsó el botón para bajar la ventanilla y sacó la otra mano a la lluvia.

Cuando estuvo lo bastante mojada, se volvió y pasó los dedos por todo el tatuaje.

Tuvo que hacerlo un par de veces antes de considerar que estaba listo y, entonces, retiró el papel protector.

—¿Ha funcionado? —preguntó él, estirando el cuello sin éxito para ver si podía verlo.

—Sí. Ahora ponte la camiseta.

Él se volvió hacia ella, confundido.

—Pero entonces no se verá el tatuaje.

Lexie arqueó las cejas.

—No me digas que nunca has visto un concurso de camisetas mojadas, Noah, porque no te voy a creer.