Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 16 #2
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—Lexie —la llamó—. Lexie, ¿dónde estás, cariño?

—El apelativo le salió sin pensarlo, pero no le importó.

Solo quería encontrarla e intentar solucionar lo que fuera que estuviera mal.

Oyó un sollozo ahogado procedente del fondo de la sala y se abrió paso entre el material hasta encontrarla sentada contra la pared, con la cabeza gacha y el pelo oscuro ocultándole el rostro.

Se agachó frente a ella, le tomó la barbilla y se la levantó con suavidad para poder verle la cara.

Tenía los ojos cerrados, pero sus pestañas estaban empapadas de lágrimas y las mejillas, húmedas—.

Lexie —murmuró—, ¿qué te pasa, cariño? —Por fin, ella abrió los ojos y lo miró.

A él se le encogió el corazón. Parecía dolida, con los ojos convertidos en grandes charcos plateados de desdicha.

Mientras la observaba, derramó más lagrimas que resbalaron por sus mejillas.

Con voz grave, le espetó—: ¿Qué te ha dicho, Lexie?

Si te ha dicho algo para hacerte daño, te juro que voy a ir ahí fuera ahora mismo a darle una paliza.

Con expresión horrorizada, ella hizo un gesto negativo a toda prisa.

—Connor, no, por favor, no ha sido nada de lo que haya dicho.

—Entonces, ¿qué pasa? Quiero ayudarte, cariño, pero necesito que me digas qué te pasa. —Ella volvió a negar e intentó bajar la vista, pero él no se lo permitió.

—Es mi marido… —susurró.

Se le paró el corazón y luego empezó a latirle con fuerza en el pecho. ¿Su marido? ¿ Qué coño ?

—¿Estás casada? —preguntó Connor con voz ronca.

Ella asintió, pero, acto seguido, negó.

—No, ya no. —Su corazón por fin volvió a latir con normalidad, pero se quedó en silencio y dejó que ella siguiera hablando—.

Normalmente no me gusta contárselo a la gente…

Me cuesta hablar de ello. Pero a veces me afecta mucho.

Murió. Damien, mi marido. —Se secó una lágrima de la mejilla—.

Hace tres años. Fue un accidente de coche.

— Dios mío, es viuda . Connor se sintió como si le hubieran dado un puñetazo por sorpresa.

Le soltó la barbilla, se sentó en el suelo junto a ella, le rodeó los hombros con un brazo y la pegó a él.

No se le escapó la ironía de que, por fin, pudiera abrazarla, y fuera solo para consolarla por la muerte de su marido.

Al abrigo de sus brazos, Lexie siguió hablando—.

Lo quería más que a nada en el mundo. Solo llevábamos dos años casados cuando ocurrió, pero estábamos juntos desde el instituto.

Después de que muriera, creí que el mundo nunca volvería a ser el mismo, que yo nunca volvería a ser la misma.

Estaba tan abrumada por el dolor que apenas podía moverme, y me sentía como si ya no me quedara nada bueno en esta vida.

—Suspiró y se secó las mejillas—. Pero entonces empecé a darme cuenta de que le debía a él vivir mi vida al máximo.

Vivir todas las experiencias que él ya no podría vivir.

Salí de ese bache y empecé a intentar disfrutar plenamente de cada momento.

»Por eso la fotografía es tan importante para mí.

Me permite viajar a lugares a los que nunca se me habría ocurrido ir, conocer a gente a la que nunca habría tenido la oportunidad de conocer e intentar plasmarlo en imágenes para todos aquellos que no tienen la misma suerte.

Me ayuda a sobrellevarlo. —Hizo una pausa y luego inspiró hondo—.

Pero no he sido capaz de… — Otra pausa—.

De estar con nadie desde que él murió. —Inspiró por la nariz y se secó las mejillas de nuevo—.

No dejo de decirme a mí misma que pronto podré seguir adelante; que solo necesito un poco más de tiempo.

Que diré que sí la próxima vez que un hombre me pida que salgamos.

Pero cada vez que alguien lo hace, todo el dolor y la angustia vuelven a invadirme y me entra el pánico.

Alzó la cabeza para mirarlo y sonrió con tristeza; el brillo de las lágrimas realzaba el suave gris de sus ojos. A él se le aceleró el corazón y se movió inquieto ante esa sensación.

—Entonces, ¿eso es lo que ha pasado con Joe? ¿Te ha preguntado si querías salir con él?

Ella asintió.

—Es muy dulce, la clase de chico con el que debería salir, pero es que no me atrevo a decir que sí. Y me preocupa que quizá esté destrozada, que nunca más pueda estar con nadie, y eso me aterra. No quiero estar sola el resto de mi vida.

Connor se quedó en silencio unos minutos, abrazándola sin más y acariciándole suavemente el brazo. Cuando hubo ordenado sus pensamientos, empezó a hablar.

—No estás destrozada, Lexie, ni mucho menos.

He llegado a conocerte bastante bien estas últimas semanas y puedo decir con toda sinceridad que nunca he encontrado a nadie con más amor que compartir con el mundo que tú.

Pero el duelo no es algo que puedas controlar ni a lo que puedas ponerle un límite de tiempo.

La gente habla de las etapas del duelo como si pudieras ir superándolas una tras otra y, al llegar al final, te sintieras mejor.

No funciona así. Es diferente para cada persona, y a veces puede durar meses y otras veces años.

Y a veces deja cicatrices que nunca se curarán del todo.

—Hizo una pausa, y la quietud de ella le indicó que estaba escuchando atentamente sus palabras—.

No sé si lo sabes, pero mi madre murió cuando yo tenía once años.

Ella se estremeció y, acto seguido, empezó a balbucear.

—Lo siento muchísimo, Connor. Sí que lo sabía, y no puedo creer que me pusiera a llorar en tu hombro cuando tú has pasado por…

Intentó apartarse de él, pero no la dejó marchar. La pegó de nuevo a su pecho y le acarició el sedoso cabello.