Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 12 #2
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Sus manos se dirigieron al botón de sus vaqueros, y Lexie se dio cuenta de que no iba a ganar esa partida.

Por la sonrisa que se dibujó en su rostro al desabrochar el botón, estaba claro que él no pensaba ser el primero en echarse atrás.

Ella contuvo una risita ligeramente histérica mientras los dedos de él empezaban a bajar lentamente la cremallera, con los ojos brillantes mientras la retaba a reaccionar.

Por un segundo, no pudo evitar seguir con los ojos el movimiento de su mano; una parte de ella, curiosa y sin aliento, se impuso temporalmente a su lado más sensato.

Se preguntó si llevaba ropa interior o si iba a pelo.

El abrumador impulso de dejar que siguiera para poder averiguarlo luchaba con la certeza de que debía detenerlo antes de que la broma fuera demasiado lejos.

El conflicto interno la hizo morderse el labio, con la mirada aún fija en el lugar donde la cremallera se deslizaba hacia abajo.

Su mano dejó de moverse y ella levantó rápidamente la vista hacia los ojos de él, que brillaban con algo más que humor.

La tensión se hizo palpable entre ellos cuando se dio cuenta de que lo había estado contemplando como una especie de groupie hambrienta de sexo, lo cual resultaba vergonzoso teniendo en cuenta que él solo había estado tomándole el pelo.

Recuperando el sentido común, Lexie sacudió la cabeza y esperó parecer completamente indiferente mientras admitía su derrota.

—Me refería a tu móvil, Connor. No hay posibilidad de que saques una foto mejor que la mía con eso…

El humor volvió a sus ojos y le guiñó un ojo antes de subirse la cremallera y abrocharse el botón.

—Bueno, deberías ser más específica si vas a decir cosas así. Vale, veamos.

Se sacó el móvil del bolsillo trasero y tocó la pantalla para activar la cámara; luego entrecerró los ojos durante unos segundos antes de hacer la foto. Bajó el móvil para comprobar el resultado y ella vio cómo fruncía el ceño.

—¿Qué tal ha quedado? —preguntó ella, como si no lo supiera.

Él la miró de reojo y ella sonrió con inocencia. Él carraspeó.

—Voy a hacer otra. Ya sabes, para asegurarme de captar el ambiente adecuado.

—Haz tantas como quieras. —Ella mantuvo una expresión serena cuando él le echó una ojeada de reojo antes de hacer un par de fotos más.

Cuando las revisó, no parecía más contento— .

¿Puedo echarles un vistazo? —preguntó Lexie.

Él murmuró algo entre dientes y luego se acercó a donde estaba ella—.

Lo siento, no te he oído. ¿Qué has dicho?

—Lexie no intentó ocultar su sonrisa esa vez.

—He dicho que quizá sea un poco más difícil de lo que pensaba.

No pudo evitar reírse cuando él le puso el móvil delante de las narices.

La foto era plana y apagada, con colores desvaídos.

Ella estaba dispuesta a demostrarle que sabía ganar, pero se quedó sin aliento cuando sus miradas se cruzaron.

Estaba tan cerca de ella que podía ver diminutas motas doradas en el verde intenso de sus ojos.

Bastaba con que ella se pusiera de puntillas y él agachara un poco la cabeza para que ella pudiera posar sus labios sobre los de él.

Era casi como si él hubiera tenido el mismo pensamiento, porque apartó la vista de los ojos de ella y la dirigió hacia su boca.

El impulso de hacerlo era tan fuerte que su cuerpo se echó hacia él antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo.

Nerviosa por su reacción, dio un pequeño paso hacia atrás.

Sus miradas se cruzaron de nuevo, pero él ya se había cerrado en banda y ella no sabía si se había dado cuenta de lo que le rondaba por la cabeza. En cualquier caso, tenía que recomponerse. Carraspeó.

—Puedo enseñarte a retocarlas si quieres. La luz de día nublado queda muy bien, pero hay que darle un poco más de retoque posterior para que queden geniales.

Algo que se asemejaba extrañamente a la incertidumbre se reflejó en el rostro de Connor, pero cuando ella le sonrió de la forma más amistosa que pudo, él asintió.

—Faltan unas horas para llegar a Denver y me gustaría verte hacer tu magia.

En ese momento, Maggie los avisó de que era hora de ponerse en marcha. De nuevo en el autobús, Lexie se dio cuenta de que eran los dos últimos en regresar. Todos los demás ya se habían acomodado en distintos rincones del salón.

—Voy a por mi portátil y te enseñaré lo que podemos hacer con esas fotos.

—Suena bien.

Regresó unos minutos más tarde y se sentó junto a él a la mesa.

—Primero haremos las mías y luego las tuyas.

Así podrás ver qué queda mejor. —Pasó la foto de su cámara al portátil y la abrió en Lightroom, el programa de edición de fotos que utilizaba—.

Bueno, lo mejor de las nubes es que, básicamente, son un gran difusor de la luz del sol.

Hacen que la luz sea suave y uniforme, y no hay sombras marcadas.

Pero, como acabas de descubrir, eso también significa que las fotos tienden a quedar más apagadas, así que hay que jugar con el color y la saturación en el posprocesado.

—Lexie jugó con los controles deslizantes, explicándole a Connor qué estaba haciendo y por qué.

Siempre le había gustado enseñar fotografía a la gente, sobre todo cuando parecían tan interesados como Connor.

Trabajó en la foto durante un par de minutos, hasta que quedó satisfecha con el verde intenso de los campos de maíz y el dramático gris púrpura de las nubes que se alzaban sobre ellos—.

¿Qué te parece ahora? —Se volvió hacia Connor y no pudo evitar la sonrisa que se dibujó en su rostro cuando él miró la foto y luego a ella, con evidente admiración.

—Impresionante —fue todo lo que dijo, sin apartar los ojos de ella.

Lexie se concentró en la pantalla para que él no viera cómo se sonrojaba. Se refería a la foto, no a ella, se recordó a sí misma.

Guardó la foto editada. Tener la atención de Connor la dejaba sin aliento, y por eso sonó aún peor cuando habló sin pensar.

—¿Quieres que te haga una?

Cerró los ojos al darse cuenta de lo sugerentes que eran sus palabras, sobre todo al salir con ese tono entrecortado. Su risa grave le confirmó que él también se había dado cuenta.

—Pensaba que nunca me lo pedirías. —Sus ojos brillaban con una diversión apenas contenida.

Dios mío, ¿por qué le seguía pasando eso? ¿Qué tenía él que le impedía controlar sus reacciones físicas?

Sacudió la cabeza ante su propia estupidez y luego no pudo evitar reírse.

—Obviamente, lo que quería decir era: «¿Qué tal si te hago una foto?».

Le echó un vistazo de reojo y su corazón se aceleró al ver la sonrisa que se dibujaba en sus preciosos labios. Sus ojos, cálidos, recorrieron lentamente su rostro, prestando especial atención a su boca, antes de volver a posarse en sus ojos.

—Creo que me gustaba más cómo sonaba la primera vez. Pero, sea como sea, me gustaría ver cómo queda.