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L exie
Lexie había desempaquetado toda su ropa y la había colgado en los armarios que cubrían la pared.
Desde el dormitorio se accedía a un minúsculo cuarto de baño con ducha, y allí había guardado sus artículos de aseo.
Se preguntaba si el autobús tendría otra ducha o si iba a acabar compartiendo esa con la banda.
Su mente evocó la imagen de Connor bajo el chorro de la ducha, con el agua resbalando por sus músculos esbeltos…
Detuvo ese pensamiento en seco, pero, aun así, la culpa la invadió.
¿Qué le pasaba? No había tenido ningún pensamiento lujurioso sobre ningún hombre desde Damien, y en ese instante, en ese preciso momento, se estaba imaginando a una estrella del rock desnuda.
¿Se podía caer en un cliché mayor? Todos los hombres encantadores que la habían cortejado en los últimos años no habían sido capaces de despertar en ella el más mínimo interés.
Y su mente parecía haber elegido al hombre más inapropiado del planeta para fantasear con él.
Se acercó al espejo del baño y se quedó mirando su reflejo, tratando de ver qué había cambiado, pero solo vio el mismo pelo castaño largo y ondulado y los ojos grises demasiado grandes de siempre.
¿Por qué tenía esos sentimientos? ¿Significaba eso que había empezado a olvidar a Damien?
Un dolor agudo la atravesó al pensarlo y su reflejo se difuminó cuando las lágrimas le anegaron los ojos.
Aunque no quería olvidar a Damien ni todo lo que habían vivido juntos, no podía soportar la idea de cargar con esa pena el resto de su vida.
¿De verdad lo estaba traicionando al pensar en otro hombre, o tenía razón Piper y debía obligarse a seguir adelante?
La punzada de deseo que había sentido al pensar en Connor se marchitó y se extinguió, dejando en su lugar solo un vacío familiar.
Eso era un trabajo, nada más. Una experiencia única en la vida y otra forma de mantenerse ocupada y ayudar a llenar el vacío que la muerte de Damien había dejado en su vida.
Algún día, cuando estuviera preparada, podía plantearse dar rienda suelta a esa clase de atracción.
Pero todavía no era el momento, y desde luego con alguien como Connor menos.
Necesitaba a un hombre tan dulce y amable como lo había sido Damien.
Sacudió un poco la cabeza ante ese pensamiento, luego se secó las lágrimas de las mejillas y se rio en voz baja para sus adentros.
De todos modos, tampoco era como si Connor fuera a estar interesado en ella.
Dejó de lado todo el asunto y salió del baño, preparándose para regresar a la guarida del león.
Al volver a la zona de estar en la parte delantera del autobús, Lexie estrechó el portátil contra su pecho y miró a su alrededor, sin saber muy bien qué hacer.
Los cuatro miembros de la banda seguían allí, charlando distendidamente entre ellos o jugando con sus móviles.
Cuando Connor se fijó en ella, le hizo un gesto para que se acercara a la mesa donde estaba sentado.
Se deslizó en el asiento que estaba frente a él, colocó el portátil sobre la mesa que los separaba y le dedicó una sonrisa vacilante.
Él correspondió al gesto y Lexie parpadeó ante aquella escena antes de darse cuenta de que él le estaba haciendo una pregunta.
—¿Estaba todo bien en tu dormitorio?
—Ah, sí, gracias. Es muy… eh… acogedor. —Al decirlo, recordó para qué usaban los chicos aquel lugar y se sonrojó.
Probablemente «acogedor» no era lo que ellos habrían tenido en mente al describirlo.
Los hoyuelos de las mejillas de Connor se hicieron más evidentes al ampliarse su sonrisa, casi como si le hubiera leído el pensamiento.
Se sacudió la vergüenza y pasó a lo importante—.
Bueno, tengo una idea general de cómo creo que quieres que queden las fotos. ¿Te gustaría que te lo explicara ya?
Él asintió.
—Todavía nos quedan unos treinta minutos más o menos hasta que estemos listos para ponernos en marcha, así que más vale que lo hagamos ahora. Eh, chicos —llamó a los demás—. Lexie va a explicarnos sus planes para las fotos, así que venid aquí y prestad atención.
Con algunas quejas de fondo, los chicos dejaron lo que estaban haciendo y se acercaron a la mesa.
Tex se sentó junto a Lexie, y su corpulenta y musculosa figura la hizo parecer diminuta.
Vaya, eso no resultaba intimidante en absoluto.
Noah se sentó junto a Connor, y luego Zac se metió junto a Tex, obligándolo a apretujarse tanto contra ella que casi acabó en su regazo.
Ella levantó la vista y se dio cuenta de que Connor miraba con mal humor a los dos hombres.
—Zac, ¿por qué no acercas una silla? No quiero tener que buscar otro fotógrafo porque los músculos hinchados de Tex la hayan asfixiado.
Lexie se rio.
—No te preocupes. Soy más fuerte de lo que parezco.
—Zac se levantó de la mesa de todos modos y arrastró una silla hasta colocarla al revés al final de la mesa, antes de sentarse a horcajadas sobre ella y apoyar los brazos en el respaldo.
Cuando todos estuvieron acomodados, Lexie abrió el portátil y lo encendió—.
Bueno, basándome en lo que Connor y yo hemos hablado, mi objetivo es hacer una mezcla de fotos espontáneas entre bastidores de todos vosotros y las cosas obvias, como fotos de acción durante vuestros conciertos y fotos de vosotros interactuando con vuestro equipo y vuestros fans.
También quiero asegurarme de captar lo que os gusta hacer después de los conciertos y en vuestro tiempo libre.
—Lexie hizo una pausa de un segundo, esperando a ver si alguno de ellos soltaba una broma inapropiada sobre lo que les gustaba hacer en su tiempo libre, pero todos se limitaron a asentir con seriedad.
Vale, quizá su idea de la estrella de rock estereotipada había sido errónea todo ese tiempo—.
También quiero fotos espontáneas del equipo montando el escenario.
¿Qué ocurre entre bastidores mientras os preparáis para salir a escena, o una vez que ya estáis ahí arriba?
¿Qué hace Drew mientras actuáis? ¿Y los técnicos de sonido e iluminación?
¿Cómo son vuestros conciertos desde su perspectiva?
»También tengo pensado mezclarme entre el público para captar la energía y esas emociones intensas desde el punto de vista de los espectadores.
Así que necesitaré aprovechar vuestro primer concierto para ver cómo está configurado el escenario y qué iluminación tenéis, de modo que pueda averiguar cómo conseguir las mejores fotos y dónde tengo que colocarme para disparar sin estorbar ni tapar la vista al público.
—Hizo otra pausa para ver si alguien tenía alguna pregunta, pero parecían estar de acuerdo con lo que les había dicho, así que continuó—: También me gustaría aprovechar algunas de vuestras paradas más largas durante la gira para haceros unos retratos conceptuales a todos, ya sea juntos o individualmente.
La voz grave de Tex la interrumpió.
—¿Qué son los retratos conceptuales?
—Bueno, la fotografía conceptual cuenta una historia.
Se trata de transmitir una emoción, una idea o un mensaje, a diferencia de la fotografía espontánea, en la que se capta lo que ocurre de forma natural a tu alrededor.
Así que, cuando hablo de retratos conceptuales, me refiero a intentar transmitir algo sobre la persona, no a una simple instantánea como en un retrato normal.
Por ejemplo, podría llevaros a todos a algún lugar, a un sitio apartado en una de las ciudades en las que paremos, o incluso a la playa, a un sitio así.
Entonces podríamos experimentar con diferentes composiciones.
Me gustaría hacer fotos que muestren vuestras personalidades únicas en un entorno en el que la gente no esperaría necesariamente veros.
—Entonces, ¿quieres que nos vayamos a la playa, nos quitemos la ropa y chapoteemos en el agua? —preguntó Noah con una sonrisa. Lexie se rio mientras los demás ponían los ojos en blanco.
—¿Qué te pasa con lo de desnudarte? —preguntó Zac.
—Oye, yo no puedo pavonearme en primera fila del escenario durante nuestros conciertos como tú, así que tengo que presumir de toda esta maravilla de alguna manera. —Señaló con un gesto su cuerpo, que había que reconocer que era fantástico.
Lexie se rio de nuevo.
—Aunque estoy segura de que eso haría muy felices a muchas mujeres, que os pusierais todos a retozar desnudos en el agua no era precisamente lo que tenía en mente. Mirad, tengo algunos ejemplos de lo que estoy diciendo.
Hizo clic en un icono del portátil y luego lo giró sobre la mesa para que todos pudieran ver las fotos que había en la pantalla.
Había elegido varios retratos de músicos para ayudarlos a imaginarse lo que tenía en mente y, mientras iba pasando las imágenes, tomaba nota de cuáles le gustaban a cada uno.
Una de ellas pareció llamar la atención de Connor.
Era en blanco y negro y mostraba a un hombre de perfil, sentado ante un piano con los dedos suspendidos sobre las teclas.
La luz venía de algún lugar a su espalda y dejaba su rostro en sombra, de modo que se podía ver el contorno de sus rasgos, pero no distinguir su expresión.
Unas partículas de polvo flotaban en el aire a su alrededor, captadas por la luz del sol que entraba por la ventana.
Era una de las favoritas de Lexie. La composición era tan sencilla que ni siquiera se podía ver la expresión del hombre. Sin embargo, su postura y la forma en que mantenía las manos suspendidas sobre las teclas transmitían una fuerte sensación de melancolía.
Connor se quedó mirando la foto, con las cejas fruncidas sobre sus ojos verdes de pestañas negras y con un pequeño surco entre ellas.
Lexie lo observaba, preguntándose qué veía en la foto que lo hacía reaccionar así.
Cuando él levantó la vista y se encontró con la de ella, su expresión se cerró y volvió la cabeza hacia la ventanilla del autobús.