11 #4
—Saludos. Soy Cole. El hermano de Hrardorr —el hombre estrechó la mano de Seth, y este tuvo que esforzarse para no trastabillar. ¿Hrardorr tenía un hermano humano ?
—Entonces... los dragones son... —Seth tartamudeó un poco, incapaz de ocultar su asombro.
Se giró para ver por primera vez con claridad al dragón que antes le tapaba la vista y se dio cuenta de que no había duda de que aquel dragón era la madre de Hrardorr.
Compartía los colores de dragón de mar y los atributos de su hijo.
—Sus padres —respondió Cole—. También los míos. Al menos la parte dracónica de la familia. Mis padres humanos fallecieron —su tono se volvió solemne.
—Siento mucho oír eso. Te acompaño en el sentimiento —respondió Seth de inmediato, compadeciéndose del otro hombre. No podía imaginar un mundo sin su madre y sus padres. Ni siquiera quería contemplar algo así.
—Fue hace mucho tiempo, pero uno nunca deja de echarles de menos, aunque el dolor se haga más llevadero —Cole se encogió de hombros—.
Tengo la suerte de conservar al menos a una pareja de padres —señaló a los dragones que, probablemente, sobrevivirían por muchos años a su descendencia humana, a pesar de lo ancianos que parecían ser aquellos dragones mayores.
—Desde luego. ¿Puedo ofrecerte algún refrigerio? No estoy del todo seguro de lo que hay en la cocina, pero probablemente encontremos algo —Seth intentó ejercer de anfitrión educado, aunque la suite no era suya... y nunca lo sería si Hrardorr se salía con la suya.
—Sería muy de agradecer. Acabamos de llegar, hemos volado toda la noche para estar aquí —Cole siguió a Seth mientras este le guiaba hacia la pequeña cocina que estaba en otra estancia junto al óvalo central.
Seth encontró té en el armario y algunas tazas y platos desparejados. Al menos lo suficiente para servir una infusión. Puso el agua a hervir y luego comprobó qué más podría haberle dejado alguna alma caritativa.
Se sorprendió al encontrar también una hogaza de pan tierno, una selección de conservas y un cuenco con fruta fresca. Alguien le había abastecido de suministros y Seth se lo agradecería efusivamente a quienquiera que hubiese sido, si es que llegaba a saber quién se había apiadado de él.
—Gracias por entender que necesitan un poco de tiempo a solas para arreglar las cosas —dijo Cole con franqueza una vez que se sentaron a compartir la pequeña merienda.
Su gesto hacia el revolcadero, donde los dragones seguían enfrentados en una intensa comunicación silenciosa, dejaba claro a quién se refería.
—Yo también vengo de una familia de la Guarida. Lo entiendo. Al menos todo lo que puedo —añadió Seth encogiéndose de hombros—. No sabía que los padres de Hrardorr seguían vivos.
—¿No lo sabías...? —Cole pareció confundido—. ¿Pero no eres tú...?
—Oh —Seth tuvo la incómoda sensación de que Cole había llegado a una conclusión precipitada, y Seth tendría que sacarle de su error, por mucho que le doliera—.
No soy un caballero. No soy el caballero de Hrardorr.
Solo soy su amigo. Le aprecio muchísimo, pero él...
—Seth no sabía muy bien cómo explicarlo—.
Sabe que está ciego, ¿verdad? —dijo Seth en voz baja.
El ceño de Cole se frunció aún más. —Eso nos han dicho hace solo un día o dos. Pero la herida es anterior, ¿verdad?
Seth asintió. —Se la hizo en los combates de la Guarida de la Frontera hace unos meses.
Vino aquí para recuperarse y me asignaron su tratamiento.
Al principio no nos llevábamos bien. Estaba comprensiblemente alterado por su nueva situación y no quería ver a nadie.
Había perdido a Sir Theo en la misma batalla y, con su herida, ya ve, no podía retirarse a solas para pasar el duelo.
—Pobre Hrardorr —Cole miró a su hermano dragón con los ojos brillantes por las lágrimas contenidas.
—No digas eso —le corrigió Seth con suavidad—.
No tienes idea de lo que ha hecho, incluso con todo el dolor que ha pasado.
Él solo salvó Cala del Dragón de una horda de piratas.
Luego ayudó a salvar la Isla del Grifo de los piratas restantes y contactó con una manada de dragones de mar, estableciendo comunicación entre los dragones de tierra y de mar por primera vez en siglos.
Es un héroe muchas veces premiado. Y eso solo desde que llegó aquí.
Estuvo ciego todo el tiempo. No hay nada de lamentable en eso.
Seth mantuvo el tono bajo y orgulloso, no de reprimenda.
Amaba a Hrardorr como a su propio hermano...
o quizá incluso más que a su hermano, ya que Cole no había estado presente en ninguna de las pruebas recientes de la vida de Hrardorr.
Seth se sintió algo mezquino por ese pensamiento superior, pero lo desechó rápidamente.
Cole estaba allí ahora, y tenía una historia con Hrardorr mucho más larga que la de Seth.
Seth debería alegrarse de que la familia de Hrardorr hubiera venido a apoyarle.
Aun llegando tarde, podrían ser de gran ayuda para Hrardorr cuando el hechizo se desvaneciera.
—Ciertamente hablas como su caballero —dijo Cole, sin acritud—. Veo que te preocupas mucho por él, y eso me hace muy feliz. Me alegra que te tuviera a ti en su momento de necesidad. Por lo visto, no quería que supiéramos que estaba herido.
—¿Y cómo te has enterado? —tuvo que preguntar Seth.
—Mi madre dragona recibió el mensaje de una antigua conocida. Una dragona llamada Alirya.
Seth no pudo evitar reírse. Cole le miró interrogante y Seth explicó: —Mamá Alirya es mi madre dragona —Seth contempló la escena en el revolcadero.
Había intentado seguir mirando hacia fuera todo lo posible para que Hrardorr pudiera ver lo que le rodeaba, dándoles al mismo tiempo un poco de intimidad a los dragones—.
Pero no tenía ni idea de que Alirya conociera a los padres de Hrardorr.
—Al parecer coincidieron en la misma Guarida hace ya tiempo. Antes de que yo naciera, creo. Y antes que tú también, obviamente —Cole asintió hacia los dragones.
Él también los observaba, claramente preocupado por su familia. Seth le dio puntos por ello. No conocía al hombre desde hacía mucho, pero parecía buena persona.
Hrardorr lanzó una fatigada espiral de humo hacia el pequeño respiradero del techo abovedado.
Su voz llegó a Seth un momento después, mientras los dos nuevos dragones miraban con expectación hacia la cocina.
La hembra incluso golpeaba con su pata delantera, haciendo que las garras chasquearan ruidosamente contra la piedra del borde del revolcadero, claramente impaciente con alguien. Con su hijo, muy probablemente.
— Seth, ven a conocer a mis padres. —El dragón no parecía estar especialmente entusiasmado con la idea.