5 #3
—Me despido de ustedes ahora —dijo Lothar, haciendo una ligera inclinación.
—Gracias de nuevo por su ayuda —dijo Gowan, sintiéndose muy agradecido de que un sanador tan poderoso hubiera dedicado tiempo y energía a ayudarlo. Este era un encuentro que recordaría el resto de su vida. No era frecuente que las historias de tu infancia cobraran vida.
Lothar sonrió. —He estado encantado de ayudar. Quizá volvamos a vernos en circunstancias más agradables mientras estéis en la isla.
—Así lo espero —convino Gowan afablemente.
Lothar se despidió y dejó a Gowan a solas con Livia. Ella hizo amago de acercarse más a donde Seth seguía tratando a Genlitha, pero Gowan la sujetó suavemente del brazo, obligándola a mirarlo.
—Dulce Livia, ¿qué pasa? —susurró, esperando que ella simplemente se lo contara.
Livia finalmente levantó su rostro hacia el suyo y él vio la emoción a flor de piel en sus ojos.
Las lágrimas asomaban, retenidas justo detrás de su brillante mirada por pura fuerza de voluntad.
A Gowan no le importó quién estuviera mirando ni dónde estuvieran; la atrajo suavemente hacia sus brazos y simplemente la sostuvo, pasándole las manos por la espalda.
—Todo está bien, cariño. Sea lo que sea lo que te tiene así, se solucionará. Te lo prometo.
Livia temblaba en sus brazos, y él sintió la humedad de sus lágrimas contra la camisa que se había vuelto a poner después de que Lothar terminara. El resto de su ropa superior seguía amontonada en el suelo.
—Lo siento. Es solo que no me gusta verte herido. A ninguno de los dos. A Genlitha tampoco. —Livia tuvo un hipo mientras susurraba contra su pecho.
—Oh, cielo, ¿es eso lo que te tiene así? Estamos bien. Los dos solo hemos sufrido rasguños. Estaremos bien —intentó tranquilizarla, pero ella se apartó y golpeó con uno de sus puñitos su hombro ileso.
—¡Pero podrías haber muerto! ¡Podría no haber vuelto a verte jamás! —Su ira era una máscara para el miedo, lo sabía. No pudo hacer otra cosa que volver a estrecharla entre sus brazos, sujetándola con fuerza.
—Lo siento, Livia —le susurró suavemente al oído—.
No pretendíamos preocuparte tanto. Y te prometo que Genlitha y yo nunca corremos riesgos innecesarios.
Nosotros tampoco queremos que nos hieran, así que intentamos evitar esas cosas por norma general.
—Esperaba arrancarle una risita, o al menos una sonrisa, pero ella seguía demasiado alterada.
Livia se aferró a él, y solo entonces se dio cuenta de que bastantes de los que quedaban en el gran salón los estaban observando. Gowan comprendió que su abrazo podría considerarse inapropiado para un lugar tan público, pero seguramente aquella gente entendía la situación. O tal vez...
Gowan se percató de que muchos de los que miraban repartían su atención entre él y Seth. Quizá los habitantes de la Isla de los Grifos no estaban familiarizados con la relación de triada, algo poco convencional, o tal vez les fascinaba lo sorprendentemente cómoda que se había vuelto entre los tres.
Fuera cual fuera el motivo de su curiosidad, a Gowan no le importaba por sí mismo, pero no le gustaba lo que tal escrutinio pudiera significar para Livia. ¿Se sentiría incómoda? ¿Se escandalizaría? ¿O simplemente pasaría vergüenza? No quería que ella sintiera nada de eso. Ni por él, ni por Seth.
Gowan la giró entre sus brazos y la sostuvo un momento para que se equilibrara antes de dirigirse a ver cómo estaba Genlitha.
Cuanto menos tiempo pasaran siendo el centro de atención, mejor.
Por suerte, Livia parecía estar recobrando la serenidad y recuperando el control de sus emociones.
Para cuando se plantaron junto a Seth, ella estaba mucho mejor.
—¿Cómo está? —preguntó Gowan a Seth en voz baja cuando estuvieron lo bastante cerca.
Seth levantó la vista de donde estaba aplicando ungüento a las heridas de Genlitha. Se le veía seguro y tranquilo, lo que tranquilizó a Gowan.
—Estará como nueva en un santiamén —dijo Seth, dirigiendo sus palabras tanto a Gowan como a Livia, y también hacia arriba, hacia la cabeza de Genlitha, situada por encima de ellos—.
Solo pondremos un poco de bálsamo aquí y allá para ayudar a acelerar la curación.
La mayor parte de esto es superficial, alabada sea la Dama —continuó Seth, señalando el punto inicial donde la hoja había rebotado en la piel de Gen—.
Este punto de aquí es algo más profundo, pero debería responder bien al tratamiento.
En un día o dos no debería doler en absoluto.
E incluso ahora, tal como está situado, esto no debería interferir en el vuelo de Lady Genlitha.
No notaste nada en el camino hacia aquí, ¿verdad, milady? —Seth dirigió su pregunta hacia arriba.
— No, no noté nada —respondió Genlitha en sus mentes—. Como dices, no interfiere en absoluto con el vuelo.
—Es una noticia estupenda —dijo Livia, dedicando a Genlitha una sonrisa temblorosa que se fue afianzando cuanto más duraba.
— Estaré lista para volar de regreso mañana —les aseguró Genlitha, y Gowan notó cómo se ensombrecía la expresión de Livia.