Capítulo 46
N OAH
U NA HORA ANTES
—De verdad creo que a los lectores les encantará esta novela. Ya puedo verla entre los más vendidos del New York Times .
—¿De verdad? Si eso llega a pasar, tendrás que dejar que te invite a celebrarlo.
—Al equipo le encantará.
—Pensaba que podríamos ir solo tú y yo, hermosa.
Mi editora se sonroja.
—¿Cuánto tiempo vas a estar en la ciudad?
—Unos días. Visitaré a una vieja amistad.
—¿Vienes con frecuencia a Nueva York?
—Creo que vendré con frecuencia en un futuro próximo. Tengo algunos asuntos que atender. —Miro la hora—. Hablando de eso, ya tengo que irme.
—Me alegra haberte conocido en persona —dice Rena, mientras se pone de pie para estrecharme la mano.
—No tanto como yo a ti. —Le tomo la mano y me la llevo a los labios para darle un beso.
Me acompaña hasta la puerta giratoria del vestíbulo.
—Casi lo olvido: al final del libro, la protagonista encuentra su diario en casa de su madre. ¿Entonces era ella quien le enviaba los capítulos?
—Tal vez... —respondo con un guiño—. O tal vez el antagonista era un buen mentiroso y quería vengarse por los veinte años de sufrimiento que pasó su madre después de que su esposo fuera asesinado y encontrara sus diarios.
—¿En verdad no me lo vas a decir? —ríe Rena.
—Tengo que dejarte con la curiosidad para que quieras leer el segundo libro.
—¿Al menos me das una pista? Con el nuevo final, estoy segura de que los lectores querrán saber si el hijo se queda con la antigua víctima de su padre o si solo busca venganza.
—Eso aún está por verse —respondo sonriente.
—Los autores son muy misteriosos.
—Así es.
Es una tarde preciosa, así que decido ir andando para encontrarme con mi cita.
Me detengo en una florería para comprar un ramo de flores silvestres y luego en una licorería para comprar vino.
A dos calles de mi destino, recibo una llamada de un número local, así que contesto pensando que podría ser ella.
—¿Hola?
—Hola, ¿Noah Sawyer?
—Sí, soy yo.
—Habla Helena Esme, de la iglesia Saint Paul. Trabajo en la administración.
—¿En qué puedo ayudarla, señorita Esme?
—En primer lugar, quiero darle las gracias por su donación. Llegó hoy y es preciosa. A nuestros feligreses les encantará.
—Me alegra saberlo. Alguien especial visitó su iglesia hace algunas semanas y espero que pueda verla cuando vuelva. Es una sorpresa. Santa Inés tiene un significado especial para ella, y creo que le gustará.
—Estoy segura de que sí. A mí me ha gustado mucho.
Al resto del personal también. No podemos esperar a exhibirla para que todo el mundo pueda disfrutar de ella.
De hecho, ese es el motivo de mi llamada: ¿le parece bien que pongamos su nombre en una placa en la base de la estatua?
Cuando recibimos ofrendas tan especiales, nos gusta poner el nombre del donante como muestra de agradecimiento.
—Es muy amable por su parte, pero prefiero que mis donaciones a la iglesia permanezcan en el anonimato. No busco atención.
—De acuerdo, comprendo.
Entonces se me ocurre una idea que me hace sonreír.
—De hecho, pensándolo mejor, ¿podría poner el nombre de mi hermana? Murió hace mucho tiempo.
—Sí, podríamos indicar que la donación ha sido en su nombre.
—Eso sería perfecto.
—Espere un momento. Buscaré un bolígrafo para apuntar el nombre de su hermana y asegurarme de que lo escribo bien.
—La espero.
Helena vuelve al teléfono un minuto después.
—Muy bien, ya estoy lista. ¿Cómo se llama su hermana?
—Hannah. Hannah Greer Sawyer.