Alfa desatado (Manada salvaje nº 1) Treinta y uno
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Treinta y uno

Un jet privado, propiedad del Lykosium, los llevó a casa.

Llegaron al rancho con todos apiñados en el porche, con los rostros crispados de preocupación.

Temerosos y, al mismo tiempo, cautelosamente optimistas.

Después de todo, Rok había regresado vivo con Meadow, pero aún no conocían las otras noticias.

Solo había llamado brevemente a Reece para avisarle de que estaban en camino.

Rok todavía estaba bajando de su camioneta cuando Nova exclamó:

—¿Qué ha pasado?

Al mirarlos, a su gente, no pudo evitar una enorme oleada de amor y orgullo al decir:

—El Lykosium nos ha declarado manada y a mí vuestro Alfa. Sé que es un gran cambio y puede que a algunos no os parezca bien. Lo entiendo. Si queréis iros, no os lo impediré, pero si os quedáis...

—Cierra la puta boca —exclamó Nova—. Ninguno de nosotros va a ir a ninguna parte.

—¿De verdad somos manada? —Astra se llevó las manos al vientre y sus ojos brillaron. Ser una manada oficial significaba que no tenía que preocuparse de perder su hogar. Ni de que su hijo creciera sin la protección de los suyos.

—A mí me parece bien —declaró Asher—. Pero ¿cuál es el nombre de nuestra manada? Porque pensaba que ya existía una Manada del Lobo Blanco.

—Existe.

—Entonces, ¿cuál es nuestro nombre? —preguntó Poppy.

Y ahí fue donde Rok hizo una mueca.

—Puede que la haya cagado en esa parte.

—¿Qué hiciste? —preguntó Darian.

Meadow se rio.

—Se emborrachó.

—Cierto pelirrojo cabrón no paraba de llamarme paleto salvaje, y después de unas cuantas cervezas de más, hicimos una apuesta que perdí.

—¿Somos la Manada Salvaje Paleta? —Nova hizo una mueca.

—Manada salvaje, en realidad —corrigió algo avergonzado. Y una vez que el Alfa lo declaraba, al parecer, no había vuelta atrás.

Fue Poppy quien aplaudió y dijo:

—Es perfecto, porque nos pondremos hechos unas fieras con cualquiera que intente hacernos daño.

Lochlan soltó una risita.

—Sabéis qué, nos pega. Quiero decir, todos hemos visto lo que pasa cuando Poppy hace sus brownies especiales y es sálvese quien pueda.

—Me recuerda a Darian cuando alguien no revisa el aceite del todoterreno antes de sacarlo y lo deja atascado —añadió Hammer.

—Yo, cuando tengo la regla —dijo Nova.

Rok sacudió la cabeza mientras su maldita manada cogía el desastre que había hecho con su nombre y lo convertía en algo bueno.

—Sois todos unos putos idiotas.

—Tus idiotas —afirmó Astra con orgullo.

Y los quería a todos, especialmente a su compañera. Por eso, cuando ella pidió ir a ver a Weaver después de cenar, él le cogió la mano mientras avanzaban por el sendero.

Mientras su compañera se maravillaba de que el castor parecía haber reconstruido su presa en la semana que habían estado fuera, él giró la cabeza al oír un crujido en el bosque.

Frunció el ceño, aunque no vio ni olió nada.

—¿Qué pasa? —preguntó Meadow.

—Nada. Vamos a casa. Tenemos una boda que planear. —Y el resto de sus vidas por delante.

Fuera de la vista, Kit —a quien habían hecho correr de un lado a otro— mantuvo la presión sobre la garganta de Samuel. Sus labios estaban cerca de la oreja del hombre mientras susurraba:

—Nunca debiste volver aquí.

Samuel podría haber respondido si Kit no le hubiera partido el cuello, haciéndole un favor al mundo.