Alas de escarcha y oro (El canto del cisne 1) Prólogo
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Alas de escarcha y oro (El canto del cisne 1)

Alas de escarcha y oro (El canto del cisne 1)

Por Marta Morillo

© inepub.com

Prólogo

N o creo que seamos esclavos de nuestras promesas, pero sí de nuestros anhelos. De las expectativas incumplidas y del futuro que habíamos planeado y que nunca llegará.

Somos esclavos de aquello que decidimos creer con una fe ciega, como la de una niña que se encomienda en la oscuridad de la noche a una deidad helada que observa impasible desde el firmamento. Una que hace años que fue olvidada.

Yo me creí con esa misma devoción todos sus engaños. Recorrí un camino que creía trazado por el ingenio cuando en realidad mis pasos estaban guiados por la necedad propia de aquellos que entregan sin esperar nada a cambio.

No la culpo por no haber sido fiel a su palabra o por no haber sido digna de esa confianza que tanto me reclamaba. La culpo por haberme dado esperanza cuando ya hasta la palabra me resultaba ajena.

Esa noche solo hubo un motivo por el que me obligué a no derramar una lágrima, y no fue ella. ¿De qué habría servido ocultarlo, si cuando sus ojos me buscaron desde lo alto de la escalera supe que veía la destrucción que llevaba dentro? La que ella misma había provocado.

Nunca me había considerado una persona que pagase la traición con la misma moneda.

Quizá porque jamás había tenido ni el poder ni los medios para devolver el daño que se me había hecho.

Pero en ese momento, el corazón, fragmentado en mil esquirlas que me arañaban como filos, me latía con rabia.

No quería que viese mi dolor: quería que lo sintiera.

Supongo que por eso me fui.

Porque la quería demasiado como para quedarme y arriesgarme a herirla.

Porque la quería demasiado como para quedarme y ver cómo me seguía rompiendo.

«Esta noche, más que nunca, necesito que confíes en mí», me había dicho con urgencia mientras me sujetaba la mano entre las suyas.

Pero yo le había jurado que, si alguna vez me pedía algo injusto, se lo negaría.