EPÍLOGO
El rais Alí, durante la campaña, máxime cuando Javier está grabando con la cámara, le pide a Djehuty, a voz en grito, una y otra vez, medio en broma, medio en serio, que le hable.
« Djehuty, talk to me! ». Igual que él le habla, espera que Djehuty le corresponda.
Pero, para eso precisamente, talló Djehuty las paredes de su monumento funerario, para comunicarse con las personas que pasaran por aquí en el futuro.
Pensaba que la gente se acercaría a verlo y, si eran escribas, leerían las inscripciones.
Djehuty anticipa que un lector crítico podría dudar de la veracidad de lo escrito y pensar que sus méritos están inflados, por lo que le insiste en que todo lo mencionado ocurrió de verdad, tal cual se describe.
Djehuty se presenta como un servidor responsable y eficiente del monarca, lo que le da derecho a una tumba en la necrópolis.
Y después, ¿qué es lo que más quiere? Que su espíritu pueda entrar y salir de su tumba para disfrutar de las ofrendas que se depositen o se invoquen en la parte de arriba del monumento.
Pero, sobre todo, que su nombre y su reputación pervivan en la memoria de la gente por muchos años.
Sí, Djehuty en persona sale de su tumba para decir en voz alta:
… Todo esto ocurrió así, de verdad, sin que haya exagerado nada. Yo lo he supervisado y he estado atento. Mi corazón ha sido eficiente para mi señor, para que yo pueda descansar en la colina de los nobles, los que están en la necrópolis.
Que mi recuerdo perdure sobre la tierra y mi ba viva delante del señor de la eternidad.
Que ni los vigilantes de las puertas ni los guardianes de las entradas del más allá le rechacen.
Que él pueda salir cuando se invoquen las ofrendas en mi tumba de la necrópolis y sea honrado con panes, inundado con cerveza y pueda beber el agua en la orilla del río.
Que yo pueda entrar y salir igual que lo hacen los nobles espíritus, los que hacen lo que sus dioses premian.
Que mi buen nombre permanezca delante de la gente, quienes vengan después de los años, y que ellos me dirijan alabanzas en cada ocasión, con los favores del dios de la ciudad.