Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

ÉL

Llamo a Madison a gritos corriendo tras ella, pero huye de mí. El cazador que llevo dentro quiere perseguirla hasta tenerla entre mis brazos, pero estamos en medio de la ciudad y no quiero llamar más la atención.

Camino hacia el hotel, porque no tiene otro lugar donde ir.

De todos modos, y por si no estuviera en lo correcto, voy comprobando su ubicación en mi teléfono.

El chip que lleva implantado en el diente no necesita cobertura ni wifi para funcionar, por lo que no hay sitio donde pueda esconderse de mí.

En medio de las montañas —donde se encuentra la cabaña—, no hay servicio de teléfono, por lo que es algo que tuve en cuenta cuando decidí colocar el localizador en mi conejita. Su seguridad siempre es lo primero.

Cuando llego a mi habitación del hotel, voy directo a ver las cámaras. Mi conejita camina de un lado al otro de la habitación, agitada, y habla tan rápido que casi no consigo entender lo que dice, pero aun así agudizo el oído para intentar comprender .

—Puta mierda, Madison, ¿qué cojones has hecho? ¿En qué mierda estabas pensando? No estabas pensando, eso está claro. ¿Dónde tienes la puta cabeza? ¡Joder!

⟫No sé cómo coño se lo voy a explicar a Jake, no va a perdonarme. No puedo pasar por eso. No puedo quedarme sola. Va a dejarme sola. Me han tocado sin su permiso. Ya no valgo nada. Me lo ha dicho mil veces. Los hombres solo buscan una cosa… Pero es que he sido yo. ¿He sido yo?

⟫Quería hacerlo, quería sentirme especial para alguien. Yo también quería sentir lo mismo que la otra chica. ¿Por qué yo no puedo? ¿Por qué no puedo ser normal?

Escucharla me duele, me atraviesa el corazón como una jodida daga. El punto a donde Jake la ha llevado… Me mata. Me está matando verla con tal ataque de ansiedad.

Ver todo lo que piensa y dice de sí misma cuando cree que nadie más la ve, el sufrimiento tras sus ojos, el dolor que se acumula en ellos.

Ver como quiere ser feliz pero, aun teniéndolo a miles de kilómetros, no logra hacerlo, porque siempre lleva sus amenazas con ella, siempre las tiene presentes.

El puto pánico que le tiene es jodidamente palpable incluso a través de la puta cámara. Le tiene miedo a Jake, pero tiene más miedo a quedarse sola. Como lo ha tenido siempre. Nunca ha creído ser suficiente para que alguien la quiera por quién es .

Y justamente por eso estamos en este punto. Pero voy a ponerle remedio. Porque para que me quiera a mí, primero se tiene que querer a sí misma. Y si voy a hacer algo en esta vida tiene que ser que Madison sea feliz. Conmigo. A mi lado. Pero feliz al fín y al cabo.

Nadie le causa este daño a mi chica y se va de rositas.

Jake, ve preparando tu puto obituario, porque estás más que jodidamente muerto.

Sigo viendo a mi conejita en pantalla. Sigue caminando de un lado a otro y decido tomar las riendas de la situación.

Dos opciones, sms o llamada… Si la llamo pensará que soy Ghostface y no es a quien necesita ahora.

No me he traído ningún aparato de distorsión de voz, así que supongo que tendremos que tirar por sms.

Yo: ¿ Café o té?

El teléfono le suena y se queda parada en medio de la habitación, supongo que dándole vueltas a la posibilidad de que sea Jake quien está al otro lado de ese mensaje. Se acerca con cuidado y cuando ve el número desconocido frunce el ceño, pero abre el mensaje.

—¿Qué coño?

Madison: ¿Quién eres ?

Yo: Alguien a quién le gusta cazar pequeñas conejitas como tú.

Se asusta cuando lo lee y tira el móvil sobre la cama. El miedo sigue en su cara, pero la ansiedad comienza a remitir. Bien. Vamos bien.

Yo: ¿Café o té, conejita? Es de mala educación no contestar.

Cuando el teléfono vuelve a sonar, Madison intenta resistirse, pero no es capaz; termina corriendo hacia el móvil. Después de leer el mensaje —y poner los ojos en blanco— la veo contestar a la velocidad del rayo apretando el cristal con fuerza.

Madison: No acostumbro a contestar mensajes de depravados.

Yo: Ah, pero aquí estás, sentada en la otomana con el teléfono en la mano, preguntándote cuál será el aspecto de dicho depravado.

Voy a darte una pequeña pista, conejita: te gusta .

Madison: Ja, ja. No tiene ni puta gracia, subnormal de mierda. No tengo idea de quién eres, pero las bromas te las metes por el culo.

Yo: ¿Quién ha dicho que fuera una broma?

Madison: Para.

Yo: ¿O qué, pequeña Madison?

Madison: Para. Me estás enfadando, y no te gustará saber quién soy enfadada.

Yo: Me gusta saber quién eres en todo momento. Quiero conocer todas tus facetas. Pero ¿Las conoces tú? ¿Quiéres que te de una pista de quién eres? Eres mi chica, Madison. Mi buena chica.

Madison: Ahora si, estás completamente loco. Eres un reverendo gilipollas. No vuelvas a hablarme nunca más.

Yo: Cuando estés rebotando sobre mi polla, gritando mi nombre a los cuatro vientos, quiero que vuelvas a decirme estas mismas palabras .

Por cierto, de nada con la ayuda de tu ansiedad. ¿Necesitas algo que abrazar por la noche?

¿Un pequeño peluche, quizá?

Buenas noches, conejita.

Seguirás siendo mi chica por mucho que pienses lo contrario.

Veo por las cámaras cómo se le va borrando la sonrisa a medida que le llegan los mensajes, pero la mía se va formando lentamente. Madison empieza a mover la cabeza para todos lados, negando. Se ha quedado sin palabras y sé que no va a contestar ni un solo mensaje más.

Se levanta de la otomana, corre al armario de donde saca la mochila y comienza a llenarla con todo lo necesario para el viaje y estancia en la cabaña.

Saldremos con un día de anticipación, supongo.

Me gustaría haber estado más cerca de ella siendo mi alter ego.

Que estuviera más enganchada a mí. Pero no todo sale siempre según lo planeado.

Ha llegado el momento de que empiece a descubrir toda la verdad.

Quién soy.

Quién es.

Pero lo que realmente importa: todo lo que Jake le ha hecho a lo largo de su vida.