CAPÍTULO XI
-Qué historia no, ¿Carmen? Mi madre nunca nos contó nada de que hubiese salido con el mejor amigo de mi padre, además era el tuyo.
-Bueno, si hacía tiempo que no se llevaban bien ya, años más bien. Lo que me preocupa es cómo se lo va a tomar tu madre y tu madre también.
-Ella no creo que diga nada. Mi madre no se meten en esas cosas. Mi padre es distinto y si estuvo enamorado de tu madre…
-Le puso los cuernos y le mintió.
-Eso es verdad. Espero que tú nunca me los pongas.
-No pienso en eso, me encantas.
-Eres más joven que yo.
-Mi padre le lleva diez a mi madre y mi madre no ha tenido a otro desde que estuvo con él, ni él tampoco. Está tan enamorado de ella… ¡Ojalá tengamos un amor como el de ellos!
…
Una semana después Carmen le presentó Mateo a su madre y a Óscar y como ella dijo, no le importaba quién fuese si la quería y ella a él. Pero ya su madre la puso en alerta con su padre.
-Hija, no sé si le va a gustar a tu padre por muchos años que hayan pasado. Aún no ha perdonado a Mateo.
-Pero si han pasado años mamá.
-Es que tu padre es muy especial. Pero debes decírselo antes de que se entere por otra persona. Prométeme que serás feliz. Él tuvo oportunidades y no lo fue, pero su rencor, o sus manías no deben afectarte. Eres mayor.
-Eres mi hija.
Una buena profesional y una buena chica.
Tienes derecho a elegir a tu pareja.
A ser feliz.
A cometer tus propios errores.
Te quiero, mi niña.
…
Su madre tenía razón, su padre nunca fue feliz ni queriendo. Con ella siempre era diferente. Pero el resto del mundo le molestaba. Y ahora el fin de semana…
No tuvo que decirle quién era cuando les abrió la puerta., porque Mateo hijo, era el calco de su padre cuando era joven, igual de alto, de fuerte. Idéntico a su amigo, peor mucho más joven que cuando lo conoció.
-¿Eres el hijo de Mateo?
-Sí señor, ese es mi padre.
-¿No estarás saliendo con mi hija?
-Papá, sí
-Es más joven que tú.
-Solo tres años, ¿podemos pasar?
-Él no.
-¿Por qué?
-No quiero nada con esa familia.
-Vamos papá, conocemos la historia.
-Pues si la conoces con más razón. ¿Lo sabe tu madre?
-Lo sabe y no se mete. Le gusta Mateo. ¿No vas a hacer un esfuerzo?
-No puedo. Me quitó a la mujer que quería.
-Papá, han pasado años. Y la perdiste tú.
-Como si fuera ayer. Pasa.
-No, no voy a pasar. Nos vamos.
-Carmen…
-Cuando aceptes a Mateo, me llamas.
-No pienso llamarte ni aceptarlo nunca.
-No me llames. No te voy a admitir chantajes por lo que te pasara en el pasado.
-¿Eliges a éste, por tu padre?
-Es mi padre quién no me quiere ver feliz. Lo amo.
-No puedes amar a nadie de esa familia.
-Era tu amigo.
-Hace años que no.
-Nos vamos Mateo, venga.
Y Fernando, cerró la puerta de un portazo y le pegó dentro una patada al sofá.
-¿Por qué?, ¡maldita sea!¿ por qué?… con mi hija. ¡Maldito Mateo…!
Y lo llamó por teléfono.
-Dime Fernando.
-Que tu hijo deje a mi hija en paz.
Y Mateo le colgó. Pareció haber vuelto al pasado como cuando le prohibió salir con Olga. Estúpido egoísta.
-Será cabrón…- dijo Fernando con el teléfono en la mano.
…
Con el tiempo Fernando dejo de llamar a su hija. Carmen a veces lloraba en el hombro de Mateo.
-Vamos niña. Déjalo, no creo que esté bien. Si quieres ir a verlo sola…
-No pienso ir sin ti. Si note quiere, no voy. Tus padres me quieren y me aceptan.
-Bueno él es distinto. Se lo ha tomado muy a pecho todo.
Pasaron los días.
Los meses.
Los años.
Dejó de hablarle a su hija convirtiéndose en el amargado que Olga conoció cuando entró a trabajar para él. Nunca fue feliz con ninguna mujer. Y ni siquiera fue a la boda de su hija. Óscar la llevó al altar.
Murió joven. De un infarto, solo y en su casa.
Había sido todo decisión suya.
Pero Carmen, tuvo dos familias que la adoraban.
Una noche, Mateo y Olga acostados…
-¡Qué pena! ¿verdad Mateo?
-Sí, pobre chica. Ha sufrido y aún sufre.
-Se la pasará es muy joven han pasado dos años desde que vinieron. Mateo es muy joven pero lo veo tan feliz.
-A ti también te veo yo feliz, pequeña.
-Bueno, me jubilo la semana que viene, cuelgo ya la bata blanca.
-Cielo tengo 70 años y tú 60. Ahora se nota.
Y ella tocó su miembro y Mateo dio un respingo y se puso duro como una piedra.
-Yo la noto, la verdad.
-¿Qué notas?
-La manguera aún está en forma. Tu estás en forma. No dejas de ir al gym.
-Ahora vendrás conmigo a todo.
-Tengo ganas.
-¿De qué?
-Bandido...
-De ese cuerpo de bombero.
-Como quiera mi trabajadora social.
Y se subió encima de ella y la penetró de una vez.
-Loco.
-Siempre por ti. Y ahora que estamos solos mejor.
-¡Ay dios nena, no dejes de moverte!
-No dejo, aggg, sigue , sigue… dios mío… qué manguera…