Al límite del desastre (Hermanos Streoss 1) CAPÍTULO 15 #2
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CAPÍTULO 15 #2

—Tu padre era el responsable del acuerdo; si él, o uno de sus empleados, lo tomó, entonces la cara de ello es Londo.

Eso en los negocios, pelirroja, es negligencia y cuesta muy caro.

Así que la posibilidad que te doy puede cambiar eso.

Tampoco es para ponerte como una niña a hacer rabietas.

Yo estoy entre dos fuegos, no perderé, te lo aseguro.

—Quiero por escrito que él no irá a prisión pase lo que pase —pidió encontrando, de no sabía de dónde, un resquicio de coraje para solicitarlo—. Sea o no el responsable —decir aquello casi le quemó la garganta, pero no podía dar un paso en falso.

El hombre sonrió de forma torcida, se recargó en el barandal y perdió su atención en aquel lindo jardín que desentonaba con él.

—Bien.

—En cuanto al tiempo… ¿Cómo imaginas que podremos casarnos en un mes y medio sin que alguien piense que hay algo raro?

—lo cuestionó sintiéndose un poco más tranquila; si aseguraba la libertad de su padre, entonces esa mierda valía la pena; sobre todo lo demás, no quería ni pensarlo; improvisaría, decidió llena de miedo.

—A partir de este momento deberás ser más convincente y no habrá distancia; postergué los viajes próximos, pasaremos el tiempo juntos a diario, regalos, llamadas; entonces te daré el anillo en tres semanas, hablaré con tu padre, dejando de lado lo nuestro por el momento, y nos mostraremos ansiosos por empezar nuestra vida juntos. Eso bastará.

Samantha se rio recargándose en el mismo barandal de vidrio que él, meneando la cabeza.

—¿Crees que eso funcionará? Es ridículo.

—He notado que lo impulsiva es algo que se te da sin problemas —señaló con ligereza, como si hablasen del clima. La mujer rodó los ojos—. Déjalo en mis manos, solo debes seguirme la corriente.

—Parece muy sencillo.

—Lo es, aunque si te empeñas en hacerlo complicado, nada saldrá como debe.

—Como dictan tus planes —lo corrigió.

—No me importa cómo suceda; en mes y medio necesitamos estar casados. Después yo hablaré con tu padre para que se haga la auditoría de forma abierta. No puedo esperar al cierre fiscal anual, porque entonces todo se jodería para él y para mí, te lo aseguro.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó girándose. Kylian sonrió ante su suspicacia. Vaya que era perspicaz.

—Lo he estado revisando, pero sin autorización.

Hasta ahora tu padre no sospecha lo que yo sé, creo que eso lo regresaría al hospital, ¿no?

Y si no dejamos claro a dónde se fugó el dinero, no habrá mucho que podamos hacer al respecto; la empresa de tu padre se hundiría a pesar de mí porque yo tendré algo gordo de qué ocuparme debido a ello.

Ahora mismo estoy deteniendo el problema y te aseguro que no es nada fácil.

La joven palideció ante la sola idea.

El hombre suspiró. Una cantidad como aquella no se esfuma en la nada; alguien la tenía en su poder, alguien bastante hábil por cierto porque no habría dejado huella, y Kasha podría rastrearlo si se le permitía acceder del todo.

Una vez que fuese aclarado quién, que sabía debía ser personal de Streoss Service, hablaría con Londo; si constituían un fideicomiso de control conjunto, le sería sencillo maquillar aquel desvío y podrían meter preso al responsable; nadie saldría afectado y jugaría las cartas a su favor: el hotel en Dubái sería el éxito que pretendía.

—Entonces no sabes quién fue aún…

—No; como te dije, no puedo avanzar si no tengo la autorización. Si tu padre no es el responsable, daremos con él, Samantha —determinó con frialdad.

—Y yo ya estaré atada a ti… —gruñó desconcertada porque él aceptara que Londo pudiera no ser quien tomó el dinero; y es que la sola idea le hacía gracia, su padre era incapaz.

—Asumiré la copropiedad financiera de la firma hasta recuperar mi inversión; el dinero se me debe de todas maneras y, sea o no el culpable, Londo es el responsable legal. Es la única reestructuración plausible para salvarlo.

—Mierda… —susurró bajando la cabeza, olvidando por un segundo que el maldito rey del infierno estaba enfrente—. ¿Por qué no simplemente hablas con él, se lo pides y no sé, eres claro? —sugirió esperanzada.

Kylian negó despacio.

—El hecho de que se dé este matrimonio me conviene de muchas maneras que no deseo compartir contigo por ahora; una de ellas es sin duda la alianza de las empresas y el capital, otra la imagen empresarial que proyecto; pero lo demás no es tu problema.

—Es que me estás usando, date cuenta —insistió acercándose, luchando por última vez porque ya comenzaba a entender que no tenía opciones.

El hombre la miró con intensidad, repasando sus facciones despacio. La piel de Sam se erizó y, sin comprender cómo lo hacía, sus labios cosquillearon, sus pezones incluso se sensibilizaron. Eso la sonrojó y la irritó.

¿Por qué reaccionaba así ante él? Debía odiarlo; o sea, lo odiaba, pero lo deseaba. Grr.

—Tu padre estará a salvo, puedes contar con ello —solo dijo, rozando con la yema de su dedo índice su nariz, dejándola helada cuando se alejó para entrar al penthouse . Ese había sido un gesto que no esperaba, casi tierno proviniendo de Hades. Respiró hondo de nuevo.

Se casaría con él; no entregaría a Londo a los lobos, ni a su familia; eso lo tenía claro. Alzó el rostro perdiéndose en el cielo oscuro. No era muy devota, pero creía en ese Ser y a veces, más a últimas fechas, hablaba con Él.

—Cuida a mi padre, por fa. Sé que te busco poco y últimamente me he pasado con las peticiones, pero te lo suplico.

Puedo hacer esto si sé que él estará bien; y si puedes, de paso, haz que esto se aclare solo para verle la cara de idiota a este hombre —enseguida se cubrió la boca, culpable—.

Lamento la palabrota, solo que ya sabes, me pongo intensa…

Solo… solo ayúdame a que se dé cuenta de que lo que está haciendo no está bien, ¿sí?

Gracias de todas maneras porque sé que papá sigue vivo gracias a Ti, con eso tengo, de veras —aseguró bajito, tan bajito que nadie podría escucharla.

Luego bajó la cabeza y miró los papeles; suspiró hondo. Lucharía, eso lo tenía claro, pero no tenía idea de cómo.

Entró silenciosa. Kylian no parecía estar por ningún lado; pronto se daría cuenta de que esa era una costumbre muy peculiar que tenía: alejarse, el silencio.

Buscó una pluma y la encontró sobre la superficie de la mesa, como si la hubiese estado esperando. Llenó de aire los pulmones y, con las palmas sudorosas, casi temblando, firmó donde venía su nombre agregando el inciso acordado a mano.

Una vez hecho, dejó los papeles con el llanto atorándosela en la garganta. No pudo más; se acercó al elevador y le picó con desespero; pronto se abrió, entró con rapidez dándole la espalda a aquel lugar que pronto sería su nuevo hogar.