AKELARRE 657 Epílogo #4
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Epílogo #4

Al salir de la cueva, lo esperaba una patrulla de policía.

—¿Es usted Víctor? —preguntó un oficial.

—Sí… —respondió, desconcertado.

—Lo hemos encontrado. Su familia lleva una semana buscándolo.

Víctor comprendió entonces que había viajado en el tiempo y en el espacio.

Con las monedas de oro financió el encuentro de los cuatro administradores restantes de Letras de Sangre, invitándolos a Madrid.

Coincidieron con un evento literario en octubre de 2026, y por primera vez se reunieron en persona.

Virginia, portadora del alma de Ainigriv, llegó desde Colombia junto a Bells, quien siglos atrás había sido Lebasi. Abigail, la esencia de Liagiba, vino de las islas Canarias. Irus, reencarnación de Suri, llegó desde Portugal. Los cinco conformaban la administración de la comunidad.

Víctor los condujo a la cueva.

—Sé que os preguntáis por qué estáis aquí —dijo, mostrando el símbolo tallado en la roca.

—¿Por qué grabaste el logo de Letras de Sangre aquí? —preguntó Virginia.

—No lo hice yo… Lleva siglos en este lugar.

Entre risas incrédulas, Irus intervino:

—A ver, Víctor, tú que te has desapegado tanto de la comunidad, vienes ahora con estás chorradas.

—Lo siento, chicos, por estar tan desprendido, pero es que la vida me ha empujado a alejarme de la literatura —se disculpó Víctor con la mirada al suelo.

—No te preocupes, que todos nos hemos tomado nuestro tiempo. Te entiendo —comentó Bells, quien en varias ocasiones se separó de la comunidad por más de un año.

Todos suspiraron, porque en algún momento se alejaron de la literatura.

Sin más dilación Víctor pronunció de nuevo: Letters of Blood .

La pared se abrió en una puerta dorada y triangular.

El grupo atravesó el portal y recorrió el Edén mágico, anonadados.

Llegaron hasta la gema roja y, al tocarla juntos, vivieron las memorias de sus antiguas almas.

La magia los envolvió y el cristal se desvaneció.

—Increíble… Lo mismo ha ocurrido desde hace más de seiscientos años —dijo Virginia con el corazón acelerado.

De la cuenca vacía brotó un libro flotante. Su portada era negruzca y terrosa, con símbolos arcanos y un marco gótico anaranjado. El título brillaba: Aquelarre 657, antología de relatos. En la parte inferior relucía el sello de Letras Eternas.

—La nueva antología de la comunidad —susurró Abigail, hojeando sus páginas.

Víctor los instó a marcharse.

—Ya no podremos regresar. Aquí el tiempo transcurre distinto: horas aquí son días en la Tierra.