Adversaria del villano (Asistente del villano 4) CAPÍTULO 9 #2
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CAPÍTULO 9 #2

Ella se bajó la capucha para poder verle la cara y se sintió abrumada por la emoción.

Este hombre lo estaba intentando de verdad.

Le estaba mostrando las partes de él que hasta ahora habían permanecido ocultas.

Era lo que siempre había deseado y estaba sucediendo.

Hasta que giró la cabeza y el instante idílico se esfumó.

—Trystan…, las flores.

Él siguió la dirección de su mirada hacia las ramas del sauce, que momentos antes rebosaban flores, color y magia, manteniéndolos a salvo.

Sin embargo, Evie no necesitaba que la mantuvieran a salvo. Porque ella era el peligro.

Las hojas y las flores del árbol estaban ahora sin vida. Despojadas de todo color. Destruidas.

Ay, dioses.

—¿Esto lo he…, lo he hecho yo? — le preguntó a Trystan, temiendo saber ya la respuesta.

Se había permitido ceder a sus deseos, anteponerse a sí misma y vivir con absoluta libertad. Era maravilloso, perfecto. Nunca volvería a sentir una sensación tan plena.

Y, sin embargo, al hacerlo, se había llevado por delante algo precioso.

—Sage, la magia es nueva para ti. Yo destruí muchas cosas cuando empecé a tener poderes — dijo Trystan, pero su voz sonaba muy lejana.

—¿También destruiste este lugar? ¿El mismo que se supone que es seguro para probar la magia? — quiso saber. Su tono era acusatorio, pese a ser consciente de que su ira no iba dirigida a él, sino al mundo, por obligarla a pasar por aquello.

Él no se inmutó. Se mantuvo erguido mientras desafiaba sus miedos con calma.

—No, pero yo no era tan poderoso como tú. Herí a muchas personas con mi magia, tanto a propósito como por accidente. Y nunca me hiciste sentir vergüenza por ello. ¿Qué tal si te concedes esa misma cortesía?

Esas palabras apenas hicieron mella en su dolor.

—No puedo.

—¿Por qué no?

—¡Porque no consigo convencerme de que me la merezco! — Las lágrimas le ardían en los ojos y notaba un vacío en lo más profundo del vientre.

Era la primera vez que veía a Trystan tan sorprendido. O más bien atónito.

Él negó con la cabeza.

—Evie…

El batir de unas alas por encima de sus cabezas los interrumpió y una ráfaga de viento los obligó a protegerse la cara con las manos. Fluffy aterrizó ante ellos, con Blade y Becky sobre la silla de montar a su espalda.

—¡Tenéis que venir ahora mismo! ¡Rápido! — gritó Becky frenéticamente, despertando el pánico en Evie.

No dudó. Apartó su desesperación a un lado, corrió hacia Fluffy y, sin pensarlo dos veces, se aferró a la mano de Blade para subir a lomos del dragón. Trystan subió después y a los pocos segundos ya estaban en el aire, moviéndose a una velocidad vertiginosa.

—¿Qué ha pasado? ¿Lyssa está bien? — preguntó Evie, incapaz de contener el ansia.

—¡Sí, está bien! — aseguró Becky, dándole una palmada torpe en el hombro para tranquilizarla—. Al menos por ahora, pero ninguno de nosotros estará bien a no ser que encontremos una solución a lo que está a punto de convertirse en un problema muy grave.

—Hable claro, señorita Erring. Cuéntenoslo todo — ordenó Trystan, usando un tono propio de…

Bueno, de la realeza.

Evie no tuvo tiempo de desarrollar aquella reflexión porque Becky empezó a hablar.

—He recibido una carta de mi madre. La pérdida de la magia ha llegado a la fortaleza de la familia Fortis. Al parecer, todos los hechizos de la casa se han desvanecido.

—Entiendo la importancia del hogar de tu familia, Becky, pero ya sabemos que tenemos que cumplir la profecía — dijo Evie con delicadeza, sin querer menospreciar los temores de su amiga—. Así podremos detener y revertir el daño.

— Todos los hechizos, Evangelina — insistió Becky, instándola a que comprendiera lo que estaba diciendo—. Incluidos los de los cerrojos mágicos, aquellos que los Fortis utilizamos para mantener encerradas a las bestias ancestrales que existen desde la creación del continente mágico.

Evie no tuvo que preguntar a qué tipo de criaturas se refería, recordaba muy bien a la del porvenir y cómo había puesto a prueba a Trystan.

A los dos, en realidad. Tras quién sabe cuántos siglos encerrada en la fortaleza de la familia Fortis, se había convertido en una enemiga acérrima.

Saber que estaba cautiva, lejos de ellos, había sido un alivio.

—¿La criatura del porvenir? — preguntó Trystan, haciéndose eco de sus pensamientos.

—Se ha escapado. Y se rumorea que está confabulada con el rey Benedict — los informó Becky mientras otra ráfaga de viento húmedo los azotaba. Evie sintió que el frío le calaba hasta los huesos—. Supongo que mi madre intenta hacer las paces a su manera al advertirnos.

—¿Con qué propósito iría esa criatura en busca de Benedict? — inquirió Trystan, frunciendo el ceño a la vez que se frotaba la barbilla.

—No estoy segura — respondió Becky—, pero eso no es lo peor.

—Por supuesto, eso sería demasiado conveniente — murmuró Evie restregándose los ojos, mentalizándose para lo que fuera que viniera a continuación.

—Las cerraduras mágicas de la fortaleza están hechizadas con el mismo encantamiento que las de las mazmorras de la Mansión Masacre — aclaró Blade con la voz alterada.

Trystan soltó unos cuantos improperios.

—¿Está diciendo que nuestras cerraduras están a punto de fallar?

Blade hizo una mueca.

—No es seguro, pero todo apunta a que sí.

—Si fallan, todos los prisioneros que tengo encerrados andarán libres por la mansión.

Evie lo agarró del brazo y apretó con fuerza, presa del pánico.

—Trystan, tú eres el único que puede abrir el bosque de espinas. Si las cerraduras fallan antes de que lleguemos… — Contuvo el aliento, horrorizada.

Trystan tensó la mandíbula.

—Mis mayores enemigos estarán sueltos y atrapados en la Mansión Masacre…

—Junto con todas las personas que viven y trabajan ahí.