Adoración (El Amor No es lo que Parece nº 2) CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE
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CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE

Liberty

El chofer de Alexander estacionó su Land Rover frente al juzgado, ignorando descaradamente las señales que indicaban que estaba prohibido estacionarse o detenerse.

Estaba tan aterrorizada que tenía el estómago hecho nudos. No obstante, lo oculté bien, por Brandon, y dejé que Alexander me guiara escaleras arriba.

Apretó mi mano y se inclinó para susurrarme al oído.

—Todo saldrá bien, lo prometo.

Acepté, pero seguía a punto de hiperventilar.

—Respira hondo —Intenté canalizar su calma al entrar en la sala y, efectivamente, ayudó.

Alexander me explicó mientras subíamos las escaleras que esta era la División de Familia del Tribunal Superior, con sede en la Royal Courts of Justice de Londres.

Había mucha gente corriendo a nuestro alrededor por todos lados, algunos con maletines o carpetas en la mano. Tenía la sensación de que también debería ir con prisa y me sentí cohibida por el hecho de que no había traído absolutamente nada conmigo.

—Este es nuestro piso —informó Alexander.

—Alexander —hablé en voz baja para que Brandon no me oyera—. No traje ningún documento.

—No te preocupes —contesto con confianza—. Mi abogado se encargó de todo.

Asentí, pero no ayudó a calmar mi ansiedad.

—Señor Caldwell —interrumpió un hombre con un elegante traje negro de negocios.

—Señor Taylor —lo saludó Alexander—. Justo a tiempo. Esta es mi esposa, Liberty, y nuestro pequeño, Brandon. —Los ojos de mi esposo se dirigieron hacia mí—. Liberty, estamos en buenas manos con el señor Taylor.

Su abogado sonrió.

—Encantado de conocerla, señora Caldwell, y a ti también, Brandon. No se preocupen, acabaremos con esto en menos de diez minutos y entonces podrán disfrutar de su día.

Casi me quedé boquiabierta.

—¿De verdad?

Alexander se rio.

—Mi abogado ha estado recopilando las pruebas que necesitamos durante la última semana. Él ha presentado toda la documentación por nosotros.

Seguía confundida. «¿Qué papeleo? ¿Y qué pruebas?» En lugar de sacar ese tema, murmuré un suave:

—Gracias.

El juez entró a la sala y, con la mano de Brandon en la mía, nos llevaron a nuestro sitio al frente.

—Señorita Smith —llamó el juez.

—¿Sí? —Mi voz temblaba y sabía que apenas me escuchaba, aunque la sala del tribunal estaba envuelta en silencio.

—Es la señora Caldwell —intervino el señor Taylor—, la señora Alexander Caldwell.

El juez alzó una ceja y buscó unos papeles frente a él.

—Ya veo —comentó el juez, mirándonos de nuevo—. Felicidades por su matrimonio, señor y señora Caldwell.

Yo seguía entumecida, asustada de decir algo en ese momento.

—Gracias, su señoría —respondió Alexander—. Mi esposa y yo estamos deseando mucho ampliar nuestra familia, darle a Brandon algunos hermanos.

Brandon y yo nos miramos, y le regalé una sonrisa temblorosa que esperaba fuera algo tranquilizadora. Él parecía pálido y estaba segura de que yo no estaba mucho mejor. No tenía idea de a dónde quería llegar Alexander con esto. O cómo saldría esto.

—¿La boda fue repentina? —preguntó el juez.

—Mi esposa y yo empezamos nuestra relación hace dos meses. —La presencia imponente de Alexander hizo que todos se enfocaran en él, y nadie se atrevió a cuestionar su palabra.

«Bueno, no dijo qué tipo de relación era, así que técnicamente no estaba mintiendo».

—Si dos meses es repentino, entonces sí, la boda fue repentina —concluyó.

—Quiero asegurarme de que todo esto sea legal —señaló el juez, arqueando una ceja.

—Tenemos testigos dispuestos a declarar —añadió el señor Taylor.

—Traigamos uno. —El juez hizo un gesto con la mano.

El señor Taylor salió de la habitación y yo estaba a punto de perder la cabeza. El juez nos había descubierto. Sabía que nuestro matrimonio era falso. Alexander me atrajo hacia él, rodeándome con el brazo. El juez observó el movimiento y sentí que no lo engañábamos.

El señor Taylor volvió con James del castillo de Alexander. Me quedé mirándolo confundida. ¿Por qué estaba aquí? Ni siquiera estuvo en la boda.

Lo observé aturdida mientras hacía el juramento, y el señor Taylor habló:

—James Dodds es el jefe de personal del señor Caldwell y gestiona su propiedad en Francia, donde el señor y la señora Caldwell fueron de luna de miel.

—Muy bien. —El juez sonaba poco impresionado—. Señor Dodds, estamos trabajando para dar fe de la legalidad del matrimonio del señor y la señora Caldwell.

El señor Dodds parecía confundido, y juraría que se me hundió el corazón. Las cosas ya iban cuesta abajo.

—Queremos asegurarnos de que no se casaron para obtener la custodia del niño en cuestión.

El señor Dodds explicó:

—No sé si eso sea cierto. Si tienen un matrimonio falso, de verdad que tienen mucho sexo.

Jadeé y giré la cabeza hacia el hombre a mi lado.

—¿Por qué le iba a decir eso al juez? —musité, con la cara sonrojada.

—Incluso nos encontramos con ellos consumando su… Hmmm… Bueno, supongo que la corte no necesita escuchar los detalles —continuó el señor Dodds.

Esta vez el juez tosió incómodo. Me sentí avergonzada, con el calor subiéndome a las mejillas. Mientras tanto, Alexander permanecía completamente indiferente a la conversación.

Aparté mi mano de la suya y miré a Brandon, quien miraba a su alrededor, confundido.

—Lo siento, cariño —pronuncié—. Tengo que decir algo que los niños no deberían oír.

Le tapé los oídos y susurré con enojo a toda la sala.

—¿Es esto realmente necesario? —pregunté furiosa— ¿Qué importa si nosotros…? —me costaba pronunciar la palabra, así que añadí en voz baja—, tuvimos relaciones íntimas. Pensé que esto era una audiencia sobre el bienestar de Brandon.

Levanté las manos de las orejas de Brandon y le sonreí con fuerza.

Le lancé una mirada fulminante al juez, que ahora parecía incómodo. Bien.

—Tiene razón —concedió—. Recibimos informes de que ha estado teniendo dificultades, preocupaciones de que sería imposible pedirle que cuidara de este niño.

Además, estaba la cuestión de su ciudadanía y situación financiera, pero debido a su unión con el señor Caldwell, eso ya no parece ser un problema.

Señor Caldwell —continuó el juez—. Entiendo que sus bienes son extensos, pero me gustarían pruebas para los registros de la corte.

Le hemos pedido que proporcione un estado financiero.

Tenemos que asegurarnos de que la situación de Brandon sea financieramente estable bajo su cuidado.

—Por supuesto. —La voz de Alexander era firme.

«Gracias a Dios que me casé con él». Si el juez hubiera pedido ver mi estado financiero, habría sido el fin.

El abogado de Alexander le entregó un montón de papeles y el juez se tomó un minuto para revisarlos.

—Que quede registrado en el acta que se ha recibido el estado financiero del señor Caldwell.

Se ha establecido un amplio fideicomiso tanto para la señora Caldwell como para su sobrino.

—Miré a Alexander al escuchar eso. Era la primera vez que oía hablar de un fideicomiso.

El juez sostuvo la mirada de Alexander y añadió—.

Veo que usted y su esposa quieren lo mejor para Brandon.

Mi corazón latía con fuerza, y Brandon tomó mi mano, entendiendo también las palabras del juez.

—Brandon. —El juez se dirigió a él—. ¿Estás feliz con la idea de estar con el señor y la señora Caldwell para siempre?

Él asintió feliz.

—Sí, señor —manifestó, sonriendo—. Quiero quedarme con Livy y Alexander.

—Muy bien. —Estuvo de acuerdo el juez, y quise saltar de alegría. Esto estaba pasando de verdad.

—¿Puedo preguntar algo? —La voz de Brandon atrajo todas las miradas sobre él.

—Por supuesto —le respondió el juez con una sonrisa.

—¿Puedo tener el mismo apellido que Livy? —indagó en voz baja, y giré la cabeza hacia mi sobrino.

—Brandon, no —objeté, agachándome—. ¿Por qué querrías eso?

—Alexander dijo que somos familia. —Me miraba con esos grandes ojos azules, brillando con lágrimas—. ¿No quieres que tenga el mismo apellido?

«Oh, Dios mío. Este era exactamente el desastre que me preocupaba».

—No es eso, cariño —expresé suavemente, sin querer alterarlo—. Me encantaría que tuviéramos el mismo apellido, pero cuando seas mayor, quizá te sientas diferente. Tus padres te pusieron ese nombre y eso te hace especial.

—De verdad quiero hacerlo, Liberty.

¿Cómo se suponía que iba a manejar esto?

—Podría conservar su apellido y añadir Caldwell. —Giré la cabeza hacia Alexander ante sus palabras. ¿Cómo podía sugerir eso, sabiendo que empezamos esto como un acuerdo de negocios?—. ¿Qué te parece eso?

Brandon asintió con entusiasmo y yo podría haber matado a Alexander en ese momento.

—Entonces queda decidido —anunció el juez y golpeó su mazo—. Este caso ha sido resuelto. Felicidades, señor y señora Caldwell. Brandon ha encontrado una familia perfecta. La custodia se les ha otorgado a ambos.

Lo miré atónita. ¿Cómo podía simplemente aceptar? Hacía un minuto este juez creía que nuestro matrimonio era una estafa, ¿y ahora nos estaba otorgando la custodia? Estaba eufórica, claro, pero me molestaba que nos hubiera hecho pasar un mal rato, en primer lugar.

—Felicidades —expuso el señor Taylor—. Yo me encargaré de todo. Estoy seguro de que tienen ganas de ir a celebrar.

—Sí —reconoció Alexander—. Por favor, envía los documentos a mi oficina.

—¡Estoy tan feliz! —Brandon me abrazó con fuerza. Luego, volteó hacia Alexander y lo abrazó.

Los observé y supe que no habría nadie a quién culpar salvo a mí misma cuando esto saliera mal.

«Todo es diversión y juegos hasta que alguien sale lastimado».