Adoración (El Amor No es lo que Parece nº 2) CAPÍTULO VEINTIOCHO
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CAPÍTULO VEINTIOCHO

Liberty

«Mierda, ¿cómo demonios paso todo esto tan rápido?»

El pasado martes, Brandon apareció en mi oficina con los ojos llorosos, y cuatro días después, me iba a casar.

Al parecer, en cuanto acepté la propuesta de negocios de Alexander, puso todos los planes en marcha.

Cuando me dijo que nos casaríamos el sábado, me reí.

No tenía absolutamente ninguna habilidad para organizar eventos ni interés en adquirirla.

Por suerte, o quizá desgraciadamente, Alexander no compartía el mismo problema.

Ayer nos mandó en avión a Brandon, a mí y a Layla en su jet privado de Londres a Escocia. Maxim vino con nosotros, y tenía la sensación de que era más para asegurarse de no me echara para atrás. Cada vez que sentía ganas de poner fin a la locura, miraba a Brandon y mi determinación se fortalecía.

Dijo que sería una boda pequeña, aunque me di cuenta de que su definición y la mía obviamente no era la misma.

Me quedé allí, observando mi reflejo en el espejo, con un vestido de novia blanco.

Tres años atrás, yo estaba en una situación similar.

Solo podía esperar no estar cometiendo el mayor error de mi vida.

Mi cabello oscuro estaba recogido en un moño para sostener la corona de diamantes que Alexander me pidió que llevara.

El maquillaje se hizo profesionalmente y, por suerte, la mujer pensó que menos era más.

Ella resaltó mis ojos color avellana, pómulos altos y labios.

El vestido blanco era exquisito, hermoso, sencillo y lujoso.

El top de encaje caía por mi cuerpo, abrazando cada curva, con la parte inferior cayendo al suelo ligeramente acampanada y una larga cola detrás de mí.

El velo con la elegante corona de diamantes completó todo el estilo a la perfección, si se me permitía decirlo.

Sostenía un ramo de peonías rosa oscuro, blancas y rojo intenso.

La fragancia era una mezcla dulce, a rosas y cítrica, dándole un aroma un poco diferente al que recordaba de mamá.

Me arrepentí de no haber prestado atención a los detalles de esta boda.

Cualquier otra flor habría sido mejor que las peonías, por muy bonitas que fueran.

Volví a ver mi reflejo y sentí que estaba mirando a una desconocida.

—¿Estás lista? —La voz de Layla me sobresaltó. Me di la vuelta y nos observamos.

No, no estaba lista, pero no podía decir eso. Nunca imaginé que me casaría sin mi madre y Lena a mi lado. No es que yo llamara a esto una boda. Este lugar ya estaba lleno de desconocidos.

—Liberty —Su voz era suave—. Puedes hacerlo. Con o sin acuerdo, tengo un presentimiento mejor sobre esto que sobre ti y Callen. Sin embargo, si no quieres hacerlo, te apoyaré.

La semana siguiente era la fecha de la audiencia, y Alexander había estado moviendo influencias por todas partes. No, no podíamos parar ahora, pero permanecí callada.

—Sí. —Mi voz se escuchaba extraña—. Estoy lista.

Sonaron las melodías que anunciaban mi entrada y apareció el abuelo de Alexander junto con Brandon.

—¿Lista, querida? —preguntó su abuelo mientras Brandon corría hacia mí.

—¡Livy, te ves muy bonita! —exclamó, y tuve que sonreír. Estaba guapo con su pequeño traje y corbatín.

—Sí, querida —intervino el abuelo de Alexander—. Estás impresionante. Y esas peonías encajan perfectamente. Estas flores crecen en nuestros jardines. Las peonías blancas representan tristeza, las peonías rosadas representan el romance, las rojas la pasión y la adoración. Hermosas.

Observé las flores y me pregunté de dónde habría reunido información tan detallada.

—¿Sabías que las peonías rosadas también representan el amor de una madre? —añadió, y yo lo miré sorprendida.

—Mi madre solía decir que cada flor tenía un significado especial —susurré—. Estas eran sus flores favoritas.

Él asintió en señal de comprensión, y la tristeza me invadió. Este sería el primero de muchos eventos en los que sentiría la ausencia de mi familia… independientemente de si todo era una farsa.

Parpadeé rápidamente; no era momento de empezar a llorar.

—Están aquí contigo —me dijo, y sonreí.

Me caía muy bien. Era dulce y cálido, igual que el abuelo con el que siempre soñé cuando era pequeña.

El abuelo de Alexander no parecía enfermo, pero a menudo la gente no se veía así.

Tomó mi mano ligeramente temblorosa y empezamos.

Layla arreglaba mi cola mientras caminábamos.

Tuve que tragar saliva varias veces mientras mi corazón latía con fuerza y retumbaba en mis oídos.

Layla le indicó a Brandon que se pusiera delante de nosotros y lo siguió justo detrás.

Era nuestro portador de anillos y estaba emocionado por su responsabilidad.

Caminamos por el pasillo y entonces me di cuenta.

—Mierda —solté.

Me detuve de repente, totalmente en shock, mientras todos los ojos estaban puestos en mí.

Brandon y Layla se detuvieron y se dieron la vuelta.

Escuché los murmullos del público, miré a Alexander esperándome en el altar con su hermano como padrino.

No había preocupación en su rostro por haber detenido mi camino hacia él, estaba tan seguro de sí mismo. Ojalá tuviera algo de esa confianza.

Su abuelo me miró con preocupación.

—¿Qué pasa, querida?

—Anillos —le susurré en voz baja—. Se me olvidó comprarle un anillo.

Se rio y me dio una palmada en la mano.

—Sabes que él se encarga de todo.

—Oh. —Miré hacia Alexander, y él me observó atentamente.

«¡Apenas conozco al hombre! Pero supongo que no debería sorprenderme que también se encargara de los anillos». Pero no podía decírselo a su abuelo. Él era parte de la razón por la que hacíamos esto.

Brandon estaba de nuevo a mi lado.

—¿Livy? —preguntó preocupado. Lo miré, preguntándome por centésima vez por qué no le preocupaba que me casara con Alexander. Después de ese comentario sobre Callen, esperaba que mi charla con él fuera de las difíciles, mas él estaba encantado.

—¿Lista? —me preguntó su abuelo. Asentí y sonreí alentadoramente a Brandon.

—Todo está bien —le aseguré a mi sobrino, y él sonrió radiante—. Pensé que se me había olvidado algo.

Quince minutos después, nos casamos. No lo podía creer.

La voz de Alexander fue firme durante sus votos y mientras me ponía el anillo en el dedo.

Cuando llegó mi turno de decir los votos, mi voz tembló, y también mis manos cuando intentaba deslizar el anillo en su dedo.

No paraba de esperar a que alguien nos llamara la atención por esta farsa.

El sacerdote anunció:

—Puedes besar a la novia. —Y me quedé paralizada, mirando a Alexander con asombro.

«¿No me va a besar de verdad, cierto?»

Él era mucho más alto que yo. Cuando inclinó la cabeza, me lamí los labios y sus ojos se fijaron en ellos.

Sus brazos se enredaron alrededor de mi cintura y, al acercarme, mi cuerpo se arqueó hacia él.

En el momento en que sus labios tocaron los míos, un volcán entró en erupción.

Lo primero que pensé al compartir nuestro primer beso fue que sus labios eran cálidos y suaves; lo segundo fue que besaba apasionadamente.

A diferencia de la persona calmada y fría que había conocido durante el último mes.

Metió su lengua en mi boca y cerré los ojos mientras lo dejaba entrar.

Su beso me provocó escalofríos y fuego por todo el cuerpo.

Juraría que escuché un gemido y me di cuenta de que era yo.

Me aparté, respirando con dificultad a la par que intentaba entender lo que acababa de pasar.

Sus ojos estaban oscuros de deseo, y cuando estallaron los aplausos, el sonido nos sacó de la neblina.

La siguiente hora fue un borrón. Caras interminables viniendo a felicitarnos, a desearnos lo mejor. Cuando por fin nos sentamos a la cabeza de la larga mesa del banquete, había perdido el apetito por completo. ¿En qué demonios me había metido?

Pero entonces miré a Brandon con su expresión llena de alegría, sonriendo a todos, y me permití relajarme.

—Livy —inquirió mi sobrino emocionado—. ¿Esto significa que viviremos aquí para siempre?

Di un sorbo al champagne. No quería darle esperanzas, pero no pude responder a esa pregunta sin levantar sospechas.

—Sí, aquí y en Londres —respondió Alexander en su lugar, y giré la cabeza hacia él—. Tú y Liberty vivirán aquí para siempre.

—Brandon, cariño. —Empecé—. ¿Puedes ir a traerme un poco de agua, por favor?

Asintió feliz y se marchó. Vi que Maxim se acercaba, pero no me importaba si escuchaba esa parte o no.

—Nada de esto es real —dije entre dientes—. No metas a Brandon en este lío y no le hagas ilusiones.

Layla corrió antes de que Alexander pudiera decir algo.

—¡Esta boda es fabulosa, ustedes dos! —exclamó—.

Sabía que algo se estaba formando. Probablemente empezó en el club, ¿no?

—Me preguntaba qué intentaba hacer, ya que sabía exactamente por qué nos íbamos a casar—.

Aunque, tengo que decir que me sorprende que te hayas casado con este hermano, Liberty.

Pensé que habías dicho que te gustaba más Maxim.

—Jesucristo —refunfuñé para mí misma.

—¿Qué? —preguntó, con un brillo travieso en los ojos. Estaba tramando algo—. Dijiste que preferías a Maxim antes que al estirado y esnob de Alexander.

Juro que sentí a Alexander tensarse a mi lado.

Maxim se rio y añadió:

—Vaya, hermana —bromeó—. Ojalá lo hubiera sabido antes.

Sacudí mi cabeza.

—Paren ya —siseé—. Todos, basta ya.

En ese momento llegó un anuncio.

—Primer baile para el señor y la señora Alexander Caldwell.

Esta vez yo me tensé al escuchar mi nuevo apellido. Quería que todo esto terminara. Deberíamos haber hecho algo sencillo en el registro civil.

Tomó mi mano y ambos nos levantamos mientras nos dirigíamos a la pista de baile.

—¿No crees que esto es un poco excesivo, Alexander? —pregunté con la sonrisa pegada a mi rostro.

Y entonces comenzó a sonar You Make It Easy de Jason Aldean. Mi sonrisa vaciló y mis ojos se posaron en los suyos.