Adoración (El Amor No es lo que Parece nº 2) CAPÍTULO TRECE
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CAPÍTULO TRECE

Alexander

Ver a Liberty en la pista de baile había sido una auténtica tortura. Todos los hombres alrededor la miraban con ojos hambrientos, pero ella estaba perdida en su propio mundo; concentrada en la canción, sus amigas, el movimiento de su cuerpo. Casi despreocupada.

«Carajo, es demasiado joven para mí».

Giró en la pista al ritmo de una canción country que nunca había escuchado antes, pero parecía que le encantaba.

Unas cuantas vueltas más y se detuvo, intentando orientarse, y en el momento en que sus ojos color avellana se encontraron con los míos, la sorpresa brilló en ellos.

Y entonces, como si sintiera la atracción entre nosotros, siguió caminando hacia mí, olvidando a sus amigas.

Con la guardia baja, vi el deseo en sus ojos.

Ella luchaba contra ello, no lo quería, no obstante, ahí estaba.

No esperaba verla esta noche, pero me alegré muchísimo por el giro de los acontecimientos.

Llamar a Elizabeth había sido un error. Desde el momento en que la recogí, de inmediato se propuso seducirme.

No causó ningún efecto en mí; si ella se paseara desnuda delante de mí, no sentiría nada.

Pero en cambio, Liberty Rain Smith… Desde el momento en que la vi, los pensamientos sobre cualquier otra mujer se desvanecieron.

Mientras Liberty movía su cuerpo contra el mío, sus pequeñas curvas encajaban perfectamente conmigo; tenía que quedarme quieto o arriesgarme a perder la calma.

Quería devorar sus labios, sentir su boca presionada contra la mía.

Olía a lluvia limpia de primavera y flores silvestres, su dulzura cálida me daba ganas de atraerla hacia mí, pero me quedé quieto. Tenía que hacerlo.

—Tal vez baile contigo. —Su voz era sedosa, una promesa que haría que cumpliera.

Su amiga y su hermana estaban en shock, y la mirada de Liberty se apartó de mí mientras se giraba hacia sus amigas, sonriendo con picardía.

«Bien», pensé con satisfacción. «Y me aseguraré de que nunca vuelva a bailar con Callen».

Esta mujer me estaba volviendo un hombre celoso.

Su hermana se rio, estirando su mano y apretando el brazo de Liberty con afecto.

Mi polla se endureció ante su invitación a bailar, y si no estuviera tan borracha, pensaría que me estaba torturando a propósito. Su piel suave, su olor, su cuerpo contra el mío… Me daban ganas de llevarla sola a casa y devorarla hasta que ella perdiera el control.

No había manera de que dejara a estas chicas solas en un taxi, no con la forma en que se tambaleaban como venaditos recién nacidos.

Tenía que idear un plan. Quería explorar ese deseo que ardía entre nosotros.

¿Cómo podía hacer que dejara de resistirse?

Parecía ser que yo era un caso perdido igual que mi padre por su mujer.

Aunque sabía que fuera lo que fuera, esto entre nosotros estaría condenado en el momento en que Liberty se enterara de mi papel en la compra de la editorial de su madre.

Por ahora, esa mujer era mía, y a partir de ahora solo coquetearía conmigo.