CAPÍTULO CUATRO #2
Cerré los ojos e intenté frenar el flujo de emociones que me recorrían.
Me vinieron recuerdos de mamá, cuánto le gustaba su pequeño negocio.
Todo lo que sabía sobre editoriales lo había aprendido de ella.
Era tan apasionada por ello, siempre quería ayudar a los desfavorecidos y que sus historias se escucharan.
Tenía tantos planes para el futuro y estaba emocionada por construirlos; no podía esperar a que yo me hiciera cargo, a que se convirtiera en el legado de nuestra familia.
Y luego, lo vendió, sin decir ni una palabra. No lo vi venir, y nunca fue el momento adecuado para sacar el tema con ella debido a esa mirada perdida cruzando sus ojos con solo mencionarlo.
¿Podría montar una nueva editorial y hacer que funcionara?
Sí. No tenía ninguna duda de que podría.
Después de todo, ayudé a Callen con su empresa que se estaba hundiendo.
Callen. Una nueva avalancha de pensamientos atravesó mi corazón.
Pensaba que éramos perfectos el uno para el otro; aunque, según Lena, solo éramos perfectos en papel.
Disfrutábamos de las mismas cosas, leíamos el mismo tipo de libros y teníamos personalidades parecidas.
Que se enamorara de Ainslee y la dejara embarazada había salido de la nada.
Sí, había sentido que se estaba distanciando, pero nunca imaginé que tuviera una aventura.
«Nunca veo venir las cosas», pensé para mí misma. «Parece ser un tema común aquí».
—Livy —llamó Lena, deteniendo mi viaje por el camino de los recuerdos. Alcé la vista para encontrarme con su mirada cómplice. Ella estuvo conmigo en todo momento. Sacudió su cabeza de forma imperceptible, como para devolverme al presente.
Respiré profundamente y enderecé mi silla.
—Puede que lo haga —pronuncié.
Había puesto tanto de mí en la editorial de Callen. Habíamos trabajado bien juntos incluso antes de ser amantes, pero luego todo se fue al carajo. Después de dejarme en el altar, nombró su socio a William, y eso me destrozó casi más que otra cosa.
—Disfrutemos de la cena —sugerí, fingiendo entusiasmo y sonriendo ampliamente. Pensar en Callen mató mi felicidad de hacía un rato y estaba decidida a recuperarla.
—Sí. —Larry captó el mensaje—. Pensaremos en el futuro más tarde. —Por suerte, esa conversación terminó y nos dimos un capricho con unas copas más de vino.
Brandon y yo nos reímos, discutiendo posibilidades para el postre. Queríamos pedir lo más dulce del menú, como siempre. No iba a dejar que una barriga demasiado llena me impidiera tener nuestra tradición, ¿verdad?
Una hora después, sonriendo muchísimo, nos levantamos de la mesa y nos dirigimos a la puerta. Y, por supuesto, me encontré de nuevo con los Caldwell.
—Hola de nuevo —nos saludó el señor Caldwell a Brandon y a mí.
—Hola, desconocida —intervino Maxim, sonriendo con picardía.
Alexander Caldwell no dijo absolutamente nada, aunque sus frías miradas volvieron a posarse en mí. Juraría que sentí cómo mi cuerpo se sonrojaba, pero sabía que era más probable por la cantidad de comida que acababa de consumir.
Le sonreí a Maxim y a su abuelo.
—Hola.
—Livy y yo nos comimos el postre más grande. —Presumió Brandon, con su mano en la mía.
—Hola, señor Caldwell —habló Lena detrás de mí, con la mirada fija en Alexander. Larry la rodeó con su brazo y la apretó cerca, siempre su roca—. Gracias de nuevo por darnos el contrato.
—No hay de que —alegó, con tono frío—. Eras la más calificada. —Sus ojos volvieron a mí, y tuve la sensación de que pensaba que ya no creía eso.
Me mordí fuerte el labio para no decir nada.
¡Qué puto imbécil!
Vio mis labios antes de cruzar su mirada con la mía. Sabía que me había hecho enojar. Me preguntaba si estaba esperando una reacción.
Necesitaba alejarme de este hombre malhumorado y rápido.
—Bueno, fue un placer verlos a todos —expresé, forzando una sonrisa. Mi tono contradecía mis palabras.
Estaba a punto de darme la espalda cuando la declaración del señor Caldwell me detuvo en seco.
—Te pareces mucho a tu madre. Ella también era muy bella.
Volteé de golpe hacia el abuelo de Alexander, casi dándome un mareo en el proceso.
—¿Mi madre? —Mi voz transmitía sorpresa—. ¿Conoció a mi madre?
—Sí. —Su sonrisa era genuina, aunque un poco triste.
Me olvidé de todos a mi alrededor, toda mi atención puesta en el anciano.
—¿Cómo la conoció? —pregunté con voz temblorosa.
¿También conocía a mi padre? ¿O a mis abuelos…? Esperé, hambrienta de saber sobre mi madre. Casi no sabía nada de su pasado. Siempre habíamos sido solo las dos hasta que Lena perdió a sus padres en un accidente de auto y mi madre la adoptó.
Debería haber sabido algo sobre mi padre… Cualquier cosa. Su nombre, dónde estaba, qué le gustaba, si me quería… pero ella nunca habló de él. Nunca habló de su pasado.
—Livy, mi mano. —La voz llorona de Brandon me sacó de mi ensimismamiento. Observé sus ojos llenos de pánico y aflojé inmediatamente el agarre.
—Lo siento, cariño —me disculpé suavemente.
—¿El señor conocía a tu mami, Livy? —inquirió Brandon, su inocente pregunta haciendo que se me apretara la garganta.
Sentí la mano de Lena en mi espalda mientras respondía en mi lugar.
—La mamá de Livy era tu abuela, amiguito. Murió hace años.
Asentí y aparté la vista de su rostro inocente, volviendo a mirar al señor Caldwell.
—¿Cómo la conoció? —repetí en voz baja, vigilando para ver cualquier señal en su rostro.
—Lily era la única hija de la familia Glasgow. La conocía desde muy joven, y a menudo jugaba en nuestro jardín. La tierra de sus padres limitaba con la nuestra. —Su respuesta fue inesperada—. La familia Glasgow es bastante influyente.
Fruncí el ceño y se me encogió el estómago. Negué con la cabeza, su comentario no tenía ningún sentido.
—Debe haberme confundido con otra persona. Nuestro apellido es Smith.
No conocía a nadie con el apellido Glasgow, ni lo había escuchado nunca. Desde pequeña supe que nuestra historia comenzaba con el apellido Smith.
No respondió, pero parecía seguro de sí mismo. Aparté la vista de él a Alexander y Maxim, y la mano de Lena se apretó más alrededor de mí. La mirada de Alexander era cautelosa, y las alarmas iban sonando poco a poco.
—Deberíamos investigarlos. —La voz de Lena era baja, pero yo ya negaba con la cabeza—. Vale la pena intentarlo.
—No —manifesté con firmeza, mirando directamente a los ojos de Charles Caldwell—. Mi madre nunca nos mintió. Dijo que Smith era su apellido. Debe de estar equivocado.
Me giré rápidamente, arrastrando a Brandon detrás de mí.
Sabía que era un comportamiento grosero, pero dejé que Lena los tranquilizara.
Su comentario me dio falsas esperanzas, por una parte de mi madre que nunca iba a tener, mas fue un error.
Y, en ese instante, solo me quedaba un sabor amargo en la boca.