Adictos a lo prohibido Epílogo
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Epílogo

Gregor Bruno Duarte

Observo a Agatha mientras tiro sobre la mesa un par de cartas que luego coloco en el descarte.

Veo sus dedos levantarse.

—Te vi —lanzó tajante.

—No es cierto.

Esta niña cree que puede engañarme.

—Tienes una mano alta, posiblemente un as y un rey.

Abre sus ojos.

Le falta tanto que aprender aún.

—¡Papá! No se vale.

—Vamos de nuevo con el conteo mental hija, repasemos.

—Cartas altas -1, cartas bajas +1 y cartas neutras sin valor. Ser atenta, serena y estratégica. Farolear eso solo si identifico una mesa de cautos.

Es una mini Reinita, amo esa habilidad que corre por sus venas.

Tiene solo siete años y juega como yo jugaba a los catorce.

—Vamos a jugar una partida, el conteo de cartas no es el único recurso que debes usar, es un extra a todo lo que debes pensar mientras juegas una partida.

La concentración que implica esto para ella es más de la que puede cualquier otro niño.

—Tengo una duda, papá.

Coloca su dedo índice en su mentón con una expresión pensativa.

—Dime, Agui.

Arruga el entrecejo y se parece tanto a su madre cuando lo hace.

—Tengo una duda. Hemos jugado tres tipos de modalidad, cinco cartas comunitarias y dos en mano. Cuatro cartas comunitarias y tres en mano. Luego cinco cartas comunitarias y tres en mano. En internet dice que esa forma de juego no existe.

Sonrío de lado.

—Esa forma de juego es una forma especial.

Esa es la modalidad que se adoptó en ámbito clandestino del póker desde que tengo memoria.

Es solo para dementes acceder a eso. La posibilidad de manos fuertes es más probable y eso solo hace que el riego de perder dinero sea mayor al igual que de ganarlo.

No debería haberle enseñado esa modalidad a mi hija.

Pero soy un visionario, no puedo ver su potencial y simplemente hacerme el ciego. Sus manos, su mente, es un diamante en bruto.

—Entiendo. ¿Como una forma secreta de jugar?

Ella comprende todo sin que tenga que decirlo. Es toda una Queen.

—Estuve pensando, ¿se puede sacar a flote una mano mediocre? A veces creo que si no tengo una buena mano no podré ganar.

La invitó a sentarse a mi lado.

—Ven aquí, te voy a mostrar. Vamos a jugar sentados uno al lado del otro, esta vez no apostaremos chocolates. Solo será para que aprendas.

Se sienta a mi lado con su atenta mirada en mí.

Tomo las cartas y separo algunas para mostrarle que sí es posible sacar a flote una mala mano.

—Comencemos con el Preflop.

Reparto dos cartas para ella y dos para mí.

Para mi A♣ K♥ (as de trébol y rey de corazones).

—Estás es mi mano.

Se la muestro.

—Una mano fuerte, potencialmente ganadora.

Esa es mi niña.

A ella le doy 9♦ 7♠ (nueve de diamante y siete de espada).

—Esa es una mano pésima —reclama por las cartas que le doy.

—Una que puede mejorar si con las cartas comunitarias formas una escalera. —Abre sus ojos al darse cuenta de mi dato—. Ahora observa esto.

Paso al flop colocando sobre la mesa las primeras tres cartas comunitarias.

10♥ 8♣ 6♦ (diez de corazones, ocho de tréboles y seis de diamantes)

—Ya tengo una escalera de 6-7-8-9-10 —comenta emocionada.

—Exactamente. Pasaste de una mano marginal a una muy fuerte.

Sus ojos brillan.

Su emoción es palpable y aunque me preocupa que esto le apasione tanto, esa parte de mí que sigue alimentando esta adicción dice que privarla de este conocimiento es un sacrilegio.

—Tú tienes par de ases (A♣ 10♥).

Afirmó con un asentimiento.

—Ahora en el turn, tenemos esta.

Coloco la cuarta carta comunitaria 2♠ (dos de espada).

—Ahora el river, no creo que podamos mejorar más.

Está en lo correcto.

Eres lista hijita.

La última carta es J♦.

—No mejoró y gané.

Sonrío.

—Ganaste, hija. —Se ve emocionada—. Guardamos las cartas porque mamá va a llegar.

Comienza a juntarlas.

Busco el estuche, tengo que dejarlas en el mismo lugar. Si Cassie supiera que le estoy enseñando a Agatha podría enfadarse mucho.

No estamos haciendo nada malo y jamás le dije a Agui que le mienta a su mamá, solamente no mencionamos esto.

Acomodo todo y guardo el estuche con las cartas en el cajón de la sala.

—Ve a jugar tranquila.

Agui camina hasta las escaleras y se detiene.

—Papi, tú siempre lo guardas antes de que venga mamá porque no quieres que ella sepa, yo lo sé.

—Abro mis ojos—. Lo que tú no sabes es que mamá…

ella también me enseña, no busqué en internet, mamá me enseñó las dos modalidades del póker, pero no esa especial que tú sí.

—Abro mis ojos—. No se lo digas, ella es mejor que tú, sus manos son muy buenas, es la reina.

Sube las escaleras y me quedo sorprendido.

Sonrío.

Mi Reinita le enseña. Por eso Agui es tan buena.

—Agatha…

Antes de llegar arriba se detiene.

—No le diré a mami que tú sabes y tú no le digas que sabes. Los secretos no siempre son malos, me gusta tener doble entrenamiento. Le he ganado a la prima Charlie y ella es mucho mayor que yo. Que sea nuestro secreto de familia.

No digo nada y la observo marchar.

No quiero proyectar ni imaginar lo que mi hija podría ser al crecer.

Aun así, sonrío porque al final todos somos adictos a lo prohibido.