Adicto a tu recuerdo PRÓLOGO
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Adicto a tu recuerdo

Adicto a tu recuerdo

Por Beth Casanovas

© inepub.com

PRÓLOGO

Scarlett

Pasado

La primera vez que escuché a mi madre llorar tenía dieciséis años.

Esa noche de verano me encontraba refugiada entre las sábanas lisas de mi cama porque, a pesar de que las noches eran calurosas por la época del año en la que nos encontrábamos, siempre tenía la necesidad de cobijarme bajo ellas, pero esa noche todavía más.

Aún podía escuchar, como si de un eco se tratara, los gritos desgarradores de mi madre echando a mi padre de casa.

La furia refulgía en sus ojos de tal manera que, aunque ya no creyera en monstruos porque ya era prácticamente una adolescente, temí que la mujer que me había criado hasta ahora acabara convirtiéndose en uno.

Tras dos horas discutiendo como nunca los había visto, papá cerró de un portazo la puerta de la entrada de casa y lo último que escuché fueron dos sonidos que se acabarían grabando en mi mente durante más tiempo del que me hubiera gustado; en primer lugar, el motor del coche de papá, que vio una necesidad urgente de salir de esa casa, de alejarse de nosotros para no volver jamás.

Porque no lo hizo, no después de ese día.

En segundo lugar, otro grito desgarrador de mi madre instantes antes de entrar en su habitación, que quedaba al lado de la mía, y romper a llorar como solo puede hacerlo alguien que siente que lo ha perdido todo.

El corazón se me aceleró considerablemente al ser consciente de que los llantos de mamá parecían no tener fin.

Realmente temía que acabara deshidratándose por llorar tanto. Empecé a mover mi cuerpo de un lado a otro de la cama, pensando que quizá necesitaría mi ayuda o mi consuelo, aunque ni siquiera supiera cómo hacerlo o cómo encontrar la solución a un problema que parecía no tenerla.

Según entendí antes de subir a mi habitación por el insoportable alcance de los gritos, papá había engañado a mamá con una compañera de trabajo.

Joder, pensaba que tratándose de la persona más inteligente que había conocido a mis dieciséis años, podría haber sido algo más original para romper nuestra familia, no con una situación que bien podría darse en cualquier telenovela basura.

Los hipidos de mi madre al otro lado de la pared seguían retumbando en mis oídos, así que cogí fuerzas de donde ni siquiera las tenía y tomé la decisión de levantarme de la cama para calmar su dolor, un dolor que empezaba a sentir expandiéndose por todo mi pecho.

Sin embargo, cuando puse un pie en la tupida alfombra de pelo gris que se encontraba delante de mi cama, observé el pomo de la puerta abrirse y mi pulso empezó a latir rápido ante la idea de que pudiera tratarse de papá.

Pero un gran jarro de agua fría cayó sobre mí al percatarme de que no se trataba de él, sino de Kairon; mi hermano mayor.

Su mirada triste, idéntica a la de los miembros de la familia que ahora residíamos en la casa, se encontró con la mía. Me pidió permiso para pasar en silencio porque estaba claro que ni siquiera él, que siempre tenía las palabras adecuadas para cualquier situación, podía hallarlas.

Sentí el peso de su cuerpo a mi lado y en cuanto posó una de sus manos sobre mi pierna, que empezó a temblar ante su contacto, imité a mamá y di inicio a un largo reguero de lágrimas, en mi caso silencioso por miedo a que ella pudiera escucharme sufrir al otro lado de la pared.

Recosté mi cabeza en el hombro de Kairon mientras él acariciaba mi cabello oscuro tratando de calmarme.

—Superaremos esto, Scarlett.

No sé si lo dijo para tranquilizarme a mí o a sí mismo.

—¿Y ella? ¿Ella lo superará? —Mi voz se entrecortó al referirme a la mujer que se deshacía en sollozos a apenas unos metros de nosotros.

—Claro que lo hará. Pero creo que esta noche será mejor que la dejemos sola. Tiene que asumir lo que acaba de pasar, supongo…

Una vez acabé de llorar y Kairon se aseguró de que mi respiración se había acompasado de nuevo, alzó mi mentón para que pudiera escucharlo con claridad.

—Trata de descansar, ¿vale? Mañana es el primer día de instituto y no quiero que llegues tarde.

Me limité a asentir porque todavía no me salían las palabras y Kairon besó mi frente antes de taparme con las sábanas y desaparecer tras la puerta.

Clavé la vista en el techo, rezando a no sé quién o qué, para que esta situación pasara cuanto antes y mi vida tal y como la conocía hasta ahora, volviera.

Pero no lo hizo.

Esa noche todo cambió.

Mi vida dio un vuelco desde entonces.

Porque esa noche nuestra madre perdió al amor de su vida.

Y, al día siguiente, yo conocí al mío.