Capítulo 42
—¿Quieres que te ahorre el trabajo?—¿Qué?—No me trajiste aquí para conversar. Vas a terminar conmigo. Podríamos habernos ahorrado tiempo los dos. Yo estaba cerca de mi casa.—No va a ser tan fácil así, April —dice, sin negar que hemos llegado al final del camino.—No entiendo.
Él saca el teléfono del bolsillo y me lo entrega.
—Olvidaste tu teléfono ayer.
Extiendo la mano para tomarlo, pero él se aparta, impidiéndomelo.
—Todavía no.—¿Qué quieres, Kahraman? Acabas de confirmar que todo terminó.
Intento mantener la voz firme, pero sé que suena dolida, y me enfurece que me haga exponerme de esta manera, que me haya hecho amarlo y confiar en él.
—Cuando te dije que viniéramos, todavía creía que todo no pasaba de un malentendido.—¿Todo qué?—Desbloquea tu teléfono y lee tus mensajes, April.
No tomo el teléfono. En lugar de eso, lo miro, atónita.
—¿Revisaste mi teléfono? ¿De eso se trata? ¿Leíste mis mensajes privados? ¿Cómo pudiste hacer algo así?
Pienso en lo que podría haber leído y sé que no hay nada que haya encontrado que justifique la forma en la que se está comportando ahora. Lo más probable es que quiera una excusa para salir como el que tiene la razón. Sobre todo delante de sus hermanos.
No necesito ser un genio para entender que Cenk está en contra de nuestra relación, por la conversación que escuché entre ellos en Grecia.
Lo que me hace preguntarme una vez más por qué quería llevarme a un almuerzo familiar.
Pero ¿qué importa eso ahora?
—No revisé nada —responde por fin—. Pensaba devolvértelo en la cena de hoy. Me lo llevé a la empresa. Tenemos un sistema de monitoreo de palabras clave[30].
Sonrío, aun sin tener ninguna gana de hacerlo, pero prefiero morir antes que mostrar cuánto estoy sufriendo.
—¿Me estás diciendo que una “palabra clave” de uno de mis mensajes activó tu sistema de seguridad? ¿Qué era? ¿Amenacé con poner una bomba en la Mezquita Azul[31]?—Desbloquea el teléfono, April. ¿O te da vergüenza leer delante de mí el intercambio de mensajes con tu novio?—¿Qué?
Esta vez tomo el teléfono sin dudar. Me tiembla tanto la mano que casi se me cae.
Miro un número sin identificar, segura de que no solo no lo conozco, sino de que nunca antes había recibido mensajes de ese remitente. Entonces, cuando empiezo a leer lo que está escrito, necesito sentarme.
El mareo de esta mañana regresa con más fuerza, pero rezo todas las oraciones que conozco para no desmayarme.
No es un solo mensaje, son varios, desde antes de que fuéramos a Grecia.
En ellos, la persona que me trata con cariño y se identifica como mi novio agradece la transferencia de dinero y pregunta si Kahraman sospecha algo.
Sin embargo, eso no es lo peor. Hay respuestas mías. Conversaciones enteras en las que nos reímos y nos burlamos por engañar a Kahraman.
Siento la bilis subir por mi garganta y, aun débil, me levanto.
—Alguien clonó mi teléfono.—Sí, fue lo primero que pensé —dice con una sonrisa irónica—. Pero esa persona también tendría que saber sobre tu acuerdo conmigo. ¿Cómo sabría lo de los euros?—Nadie sabe de nuestro acuerdo.
Él no dice nada.
—Entonces, ¿crees en esos mensajes?—No quise creer, así que contraté a un especialista.
Era con quien estaba hablando en el coche.
Los mensajes son auténticos. Algunos son de cuando estábamos en Grecia.
¿Cómo explicas eso?—¿Crees que te engañé por dinero?
¿Crees que estoy con otro hombre y que me involucré contigo por dinero?
Estoy horrorizada y sé que no puedo seguir aquí. Tenía claro que iba a terminar conmigo, pero jamás imaginé que sería de esta forma ni que caería tan bajo.
—¡April!—¿Crees que soy una ladrona? ¿Una estafadora? ¡Dios mío!
Estoy cegada por las lágrimas y corro hacia la puerta, pero antes de alcanzarla, pierdo la fuerza en las piernas y todo se vuelve negro.
No sé cuánto tiempo paso inconsciente, pero cuando abro los ojos, la primera persona que veo es Hayden.
Miro alrededor y me bastan unos segundos para darme cuenta de que estoy en un hospital.
Y entonces recuerdo lo que pasó y empiezo a llorar.
—Shhhh… Todo está bien —dice, abrazándome, con los ojos también enrojecidos—.
Estoy aquí.—¿Me desmayé?—Sí.—¿Quién te avisó?
—Kahraman. Está en el pasillo, esperando para entrar.
Tú dijiste mi nombre y él me dio prioridad.
—¿Sabes cuánto tiempo estuve desmayada?—Creo que no mucho, pero estabas agitada, así que te dieron una sedación leve.
Kahraman dijo que también te sentiste mal más temprano.
—Sí, pero ya estoy bien. Tengo que salir de aquí.
—¿Estás loca? El médico todavía tiene que venir a hablar contigo, April.
No te van a dejar salir hasta estar seguros de lo que pasó.
—Me puse nerviosa. Solo fue eso.—¿Por qué?
Abro los brazos para que se acerque y, cuando apoya la cabeza en mi pecho, lloro todas las lágrimas que contuve durante gran parte de mi vida.
Cuando me calmo un poco, le cuento todo sobre los mensajes y sobre cómo Kahraman me acusó de haberlo engañado.
—¿Lo creyó? ¿Cómo pudo?—Hay respuestas mías en ellos, Hayden.
Cualquiera lo creería.—Cualquiera que no te conociera.
Eres la mejor persona del mundo. Voy a hablar con él.
—No. No quiero volver a verlo. Tengo que irme porque la dueña de la floristería me contrató.
—¿Y crees que voy a dejarte trabajar mañana? De ninguna manera.
No tengo tiempo de responder porque, en ese momento, entra un hombre que supongo que es médico, con Kahraman a su lado.
—Señorita Berger, qué bueno que ya despertó.
Me concentro en el doctor, negándome a mirar al hombre que me rompió el corazón.
—Estoy bien. Necesito que me den el alta.
—Todavía no. Su presión arterial está un poco alterada.
Le tomé una muestra de sangre. Estamos esperando los resultados, pero antes hay algunas preguntas que quiero hacerle.
Supongo que puedo hablar con libertad, ya que solo están su hermano y su novio, el señor Aydin, además de nosotros aquí.
¿Dijo que era mi novio?
Aunque quiero negarlo, no voy a armar una escena.
—¿Qué desea saber, doctor? —pregunto, enfocándome en él y en Hayden, como si Kahraman no existiera.—¿Existe alguna posibilidad de que esté embarazada?
Siento como si el alma abandonara mi cuerpo.
—¿Qué?—Se ve saludable, así que, como está en una relación —las mejillas del médico se enrojecen—, debo considerar esa posibilidad.
Abro y cierro la boca varias veces, queriendo decir que es imposible, pero no puedo.
—Sí, existe una posibilidad —responde Kahraman—. ¿Cuándo podremos saberlo con certeza, doctor?—¿Sabrían decir de cuánto tiempo sería, en caso de ser así?
Nuestras miradas se cruzan, ambos recordando aquel día en el coche, pero no fue la única vez. No pasó un solo día, salvo los tres de mi periodo, en que no tuviéramos relaciones. Hubo al menos otros dos descuidos, pero por el tiempo que llevamos juntos, si ocurrió, fue ese día de la discusión.
—Poco más de un mes —digo, muriéndome de vergüenza.
—Bien, entonces me quedo más tranquilo. El embarazo es la mejor de las posibilidades. Ahora solo tenemos que esperar unas horas por el resultado del beta HCG.
Cuando él se va, Kahraman sigue de pie mirándome, pero yo solo veo a Hayden.
—Quiero quedarme sola —le digo a mi hermano.—Tenemos que hablar —dice Kahraman, casi al mismo tiempo.—No. Usted la hizo desmayarse con sus acusaciones. April me contó todo. Necesita descansar. Yo me encargaré de que no vuelva a sentirse mal. Puede irse, señor Aydin. No necesitamos su presencia.