Capítulo 40
Han pasado tres semanas desde que regresé y la vida parece un poco menos aterradora de lo que pensé al principio.
A estas alturas, mi padre ya fue extraditado a una prisión en Nueva York, que es donde se concentran la mayoría de los cargos en su contra, pero Kahraman descubrió que también hay procesos penales en Texas y en California.
Se negó a vernos y mi hermano, más que yo, quedó devastado. Es triste que seamos solo nosotros tres y aun así, en una situación tan difícil, papá siga actuando con la misma prepotencia de siempre.
En teoría, nuestro acuerdo ya terminó, pero incluso con nuestras discusiones ocasionales, mi relación con Kahraman es cada vez más intensa.
Después de la discusión que tuvimos en las calles de Zarofu y de lo que le dije, se ha esforzado por complacerme.
Si se tratara de cualquier otro hombre, lo mandaría al infierno por haberme herido, pero esa es la gran desgracia de estar enamorada: no logras mantenerte enojada con la persona por mucho tiempo, especialmente cuando hace todo lo posible por arreglar las cosas.
Hayden, gracias a Dios, está muy bien en el trabajo, y me dijo que el miserable de Berat no ha vuelto a llamar para molestar.
Sabiendo que mi hermano está bien, me siento más tranquila al aceptar dormir en el apartamento de mi novio casi todas las noches.
Aún no salimos en público de forma evidente, pero una revista me fotografió bajando de su auto. Como tenía la cabeza baja y el cabello suelto, no descubrieron que era yo, pero sé que pronto lo harán.
Ayer, mientras cenábamos, Kahraman dijo que este fin de semana me llevaría a conocer a su madre en el almuerzo familiar semanal.
No supe qué decir. Creo que es demasiado pronto, pero ¿qué sé yo sobre relaciones?
—¿Vas a salir otra vez? —pregunta Hayden, llegando justo cuando ya estoy en la puerta.
Él suele volver del trabajo a las cinco.
—Sí, voy a salir. ¿Recuerdas la floristería de la que te hablé? La dueña me pidió que pase por allí para conversar. Creo que conseguiré el empleo.
No es propio de mí mostrar entusiasmo, porque he aprendido a contenerme toda la vida, pero esta vez no puedo disimular. Estoy muy emocionada.
Casi con veintiún años, voy a conseguir mi primer trabajo, y además haciendo algo que amo: vender flores.
Espero que sea un aprendizaje para cuando, en el futuro, si Dios quiere, pueda tener mi propia tienda.
Él no dice nada y yo frunzo el ceño, extrañada.
—¿Qué pasa?
—¿Hablaste con Kahraman sobre eso, April?
—No. Solo lo haré cuando ya tenga el trabajo, ¿por qué?
—No le va a gustar.
—No sé si te entiendo, Hayden.
—No te enojes por lo que voy a decir, pero un hombre en su posición seguramente no querrá que su novia trabaje en una tienda como vendedora de flores, hermana.
Yo ya había pensado en eso y también había tomado una decisión al respecto.
—No me escapé del control de nuestro padre para caer en otro, Hayden.
Estoy intentando una oportunidad para cambiar mi vida.
Sola. Con mis propios medios. De todo lo que nuestro padre me dijo aquel día, en la prisión, hay algo en lo que tenía razón: no podemos depender de la ayuda de los Aydin para siempre.
Somos jóvenes e inteligentes. No es justo que sigan pagando nuestros gastos.
—Lo sé y estoy ahorrando dinero para crear un fondo para los dos. El salario en Aydin Steel Group es bueno, incluso para alguien que recién empieza como yo. Pronto, tal vez podamos salir de esta casa y pagar algo con nuestro propio dinero.
Me acerco a él y lo abrazo.
—Me siento tan orgullosa de ti, Hayden.
—No quise herirte cuando hablé de que a Kahraman no le gustaría lo de la floristería, es que me preocupo. Se nota que te enamoraste de él. Nunca creí esa historia de que eras su asistente —dice, sonriendo.
—No te preocupes por eso. Ahora tengo que irme.
Ya estaba llegando a la puerta cuando me giro para mirarlo.
—Estoy feliz por ti, hermano. Aprendiste de tu error y estás destacándote en el trabajo.
—¿De verdad?
—Sí. Kahraman me dijo que tus superiores te elogiaron.
Me dedica una sonrisa hermosa.
—No tienes idea de lo feliz que me hace oír eso. Durante mucho tiempo me sentí menospreciado por nuestro padre.
—Yo siempre creí en ti. —Me acerco y le doy un beso en la frente—. ¿De verdad vas a esa conferencia en Francia?
—Sí. Yo y otros dos empleados acompañaremos a nuestro gerente de cuentas. A pesar de ser uno de los últimos en entrar a la empresa, me eligió para ir con él. ¿No es increíble?
—Lo es. ¿Me prometes tener cuidado? Todavía me da miedo que esas historias de nuestro padre con el narcotráfico sean ciertas.
—Lo prometo. Vas directo desde aquí a encontrarte con Kahraman, ¿no?
—Ajá.
—Avísame si consigues el trabajo. Si es así, tendremos que celebrarlo.
Salgo de la casa y me preparo para caminar un kilómetro hasta llegar a la floristería. Es un día hermoso y, aunque tengo un chofer a mi disposición, decido ir a pie.
Después de algunas cuadras, noto que los dos guardaespaldas me siguen. No es la primera vez que me pregunto si le informan a Kahraman cada paso que doy.
No me gusta pensar que sí. Es como si fuera un bebé. Sin embargo, me gusta aún menos la posibilidad de cruzarme, intencionalmente o no, con Berat en una calle desierta. No creo en ese dicho de que perro que ladra no muerde.
Se puede sentir la maldad saliendo de cada poro de ese hombre.
Estoy a punto de llegar a la puerta de la tienda cuando un mareo repentino me golpea. No es de esos que aparecen cuando te baja la presión en un día caluroso, sino uno tan fuerte que necesito apoyarme en una mujer que pasa cerca.
—¿Nasilsin[27]? —La mujer, mirándome con preocupación, me pregunta en turco si estoy bien.
—Evet. Afedersin[28] —respondo que sí y me disculpo enseguida.
De inmediato, los hombres de Kahraman me rodean.
—Señorita Berger, ¿qué sucede?
—Nada. Solo fue un mareo. Hace mucho calor. Ya estoy mejor.
Entro en la tienda antes de que tengan oportunidad de detenerme, lista para comenzar una nueva etapa en mi vida.