Acuerdo con El Magnate Turco Posesivo (Multimillonarios Turcos nº 2) Capítulo 30
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Capítulo 30

Asiento con la cabeza en señal de saludo en cuanto la ama de llaves abre la puerta para nosotros, minutos más tarde.

Casi no hablamos con palabras después de lo que ella confesó, aunque, en silencio, se dijo mucho.

Los ojos de April, ahora que me he desprendido de la imagen de mujer fatal que tenía de ella, revelan demasiado.

Impertinente o no, no logra ocultar bien lo que siente, aunque lo intente.

La empleada se retira discretamente y April mira hacia atrás.

Extiendo la mano para que venga hacia mí.

—Entonces, ¿te dejo hambrienta? —pregunto cuando se acerca.

Mis labios recorren su mandíbula suave como la seda, mientras mis manos la sujetan por las caderas.

—Hambre de qué no lo sé, pero sí, es hambre.

Está temblando y su respiración es entrecortada.

Nunca he estado con una virgen porque imaginaba que desearían algo que no estoy dispuesto a ofrecer todavía: compromiso. Pensé que no sería excitante acostarme con una mujer sin experiencia, pero con cada reacción suya, mi deseo crece de forma salvaje.

—Hace mucho tiempo que quiero tenerte desnuda en mi cama y ahora te tengo solo para mí.

—Por un mes —me recuerda.

—Será más que suficiente para saciar mi hambre —digo, apartando el vestido y dejando al descubierto su delicado hombro.

—Es otra cosa que quiero aprender.

Chupo ese trozo de piel.

—¿Qué?

—A matar de una vez por todas las ganas de ser tocada por ti.

Subo las manos, levantando el vestido, que ahora queda arrugado a la altura de sus caderas.

No me detiene, parece perdida en el placer de mis besos sobre su piel.

Enloquezco cuando siento el fino elástico de su ropa interior, sabiendo que esa pequeña prenda es lo único que me separa del paraíso.

—Quiero llenarte por completo. Quiero que te sientas llena con mi miembro, que me gimas mientras te penetro con fuerza.

—Debería apartarte. No permitir que me digas palabras sucias. Soy virgen.

—No quieres apartarme.

—No, porque no tengo fuerzas. Porque creo que, hasta que cumplas esas promesas, el latido en el centro de mis muslos no va a desaparecer.

Tomo su mano y la beso.

—Muéstrame dónde late, April.

Sus ojos se oscurecen aún más y sus mejillas se enrojecen.

—Ya te dije…

—Muéstrame, bebeğim[24].

Baja nuestras manos juntas y las guía hacia el centro de sus piernas, pero no las apoya allí.

—No sé cómo seducirte, pero quiero hacerlo.

—No necesitas hacer nada para seducirme, April. Tu simple respiración ya me vuelve loco de deseo. Separa los muslos.

Ella obedece y, cuando poso la mano por primera vez sobre su vulva aún cubierta, se deshace, retorciéndose entre mis brazos.

Su ropa interior está húmeda de excitación y ya no puedo esperar más para sentirla. La ataco al mismo tiempo, vulva y boca.

Aparto la tela hacia un lado mientras la beso.

A diferencia de otros, este beso está cargado de lujuria. Lento y húmedo. Nuestras lenguas, que ya comienzan a reconocerse, toman lo que quieren una de la otra.

Separo los labios de su vulva, deslizando el dedo medio desde la entrada hasta el clítoris.

Me muerde, casi perdiendo el equilibrio.

—Sujétate de mis hombros. Voy a hacer que te corras así.

Espero hasta que haga lo que le ordené antes de introducir un dedo en su vulvita húmeda.

Gime alto y, aunque no introduzco ni la mitad, puedo sentir lo deliciosamente estrecha que es.

Aun así, me absorbe hacia dentro de su cuerpo, aunque con dificultad. Retiro el dedo y vuelvo a introducirlo, y con el pulgar masajeo su clítoris.

—No recuerdo haber deseado tanto algo como estar dentro tuyo.

—Kahraman…

Araña mi cuello y se mueve sobre mis dedos, torpe, inocente, completamente mía.

Sus gemidos son una delicia, sonidos profundos, necesitados, cargados de deseo.

—Oh…

—Córrete para mí, April.

Sus paredes húmedas se aprietan alrededor de mi toque.

—Por favor.

—Te daré lo que quieres.

Estoy a un paso de perder el control por completo, mi miembro grueso y endurecido queriendo liberarse del encierro del bóxer y hundirse en ella hasta el fondo, pero al mismo tiempo no quiero apresurarme. Escucharla gemir mi nombre, retorciéndose de placer en mis brazos, es adictivo.

Se mueve sobre mis dedos, el instinto superando a la inexperiencia, y me fascina ver esa transformación de niña a mujer.

April se corre con intensidad, llamándome y suplicando por más.

La beso, esperando a que se calme un poco, y cuando creo que puede sostenerse en pie por sí sola, le quito el vestido.

No lleva sostén y se me hace agua la boca al recordar el sabor de sus pechos.

Lanzo el blazer al suelo y casi me rompo la camisa al abrirla.

Aún no me acerco a ella, fascinado por su perfección. Cada detalle de su cuerpo delicioso en perfecta armonía. April supera cualquier fantasía que haya tenido sobre ella.

—Ven aquí.

Tengo la sensación de que quiere cubrirse, pero o es demasiado orgullosa para hacerlo o el deseo supera su timidez.

Da pasos cortos hasta detenerse frente a mí.

—Me he masturbado pensando en tu boca y en tu vaginita. Voy a enseñarte a tocarme, a darme placer, antes de tomar cada parte de ti. Abre mi pantalón.

No se mueve y tomo su mano, colocándola sobre mi cinturón.

—Hazlo, April.

Sus dedos tiemblan mientras lo hace, pero cuando sujeto sus pechos y estimulo sus pezones, su timidez desaparece por completo.

Baja el cierre, con la cabeza inclinada, concentrada en lo que hace.

—Quiero que me mires con esos ojos tan hermosos.

Me mira, pero después de bajar el cierre, duda, como si no supiera qué hacer a continuación. Con una de mis manos, le enseño a acariciarme por encima de la ropa interior. Cuando aprieta mi miembro de forma espontánea, gimo de deseo.

—Quítamelo. Siente mi piel en tu mano. Estoy loco por ti.

Sus ojos parecen aún más grandes ahora. Tomo su mano y, guiándola, libero mi erección dura como el acero.

Le muestro cómo rodear mi verga y comienzo un movimiento lento. Mi líquido preseminal humedece sus dedos y hasta la forma tímida en la que me acaricia me enloquece.

—Aprieta más fuerte, muévete más rápido. No me vas a lastimar.

Lo intenta y, aunque sigue siendo más suave de lo que necesito, cierro los ojos porque sus caricias son puro placer.

No dejo de estimular su pezón con la mano libre, girando la punta endurecida entre mis dedos, tirando de ella hasta hacerla gemir otra vez.

—Quiero tu boca. Arrodíllate.

Sus mejillas se enrojecen aún más.

Se humedece los labios.

—Tendrás que enseñarme.

—Vas a mirarme todo el tiempo.

Asiente, con ese rostro hermoso e inocente que me dice que puedo tenerlo todo de ella.

Quiero corromperla. Quiero apropiarme de su cuerpo y de su inocencia. Someterla a mi lujuria.

Guío la punta húmeda de mi verga hacia sus labios.

—Lame. Limpia mi líquido preseminal.

Su lengua sale lentamente y, al primer contacto con mi miembro, casi rujo.

—¿Lo hice mal?

—Maldición, no. Continúa.

Miro a la mujer a mis pies y sujeto su cabeza por detrás con una mano. Con la otra, mantengo su mandíbula firme.

—Chupa todo lo que puedas mientras te penetro.

Me mira desde abajo y luego abre la boca.

Un gruñido de anticipación escapa de mi garganta.

Sosteniendo mi miembro por la base, deslizo la punta por sus labios. Gime y se abre más para recibirme.

Empujo hacia adelante con movimientos lentos y comienza a succionarme con timidez.

Poco a poco toma ritmo, y me muevo con mayor velocidad. Se atraganta y se detiene.

—Continúa. Eres deliciosa. Solo relaja la boca, preciosa.

La sujeto por ambos lados del rostro, salgo por completo y vuelvo a entrar, tomando el control. Poco a poco se suelta. Me chupa con ganas, como si estuviera hambrienta.

Pronto estoy muy cerca de correrme, pero aunque la idea de llenar su boca con mi semen me enloquece, me obligo a detenerme.

No tiene experiencia, es virgen. No quiero asustarla.

Doy un paso atrás y me mira, confundida.

Me inclino y la levanto del suelo, llevándola hasta un sofá suave en la primera sala que encuentro.

Me recuesto con ella sentada sobre mi torso, una pierna a cada lado.

—Quiero chupar tu vulva. Siéntate sobre mi cara, April.

Jadea, pero no le doy tiempo a pensar, tirando de ella hasta alinear su vulva con mi boca.

—Aliméntame con tu placer. Folla mi lengua.

La sujeto por la cintura y lamo su vulvita desde la entrada hasta el clítoris. Tiembla, gime, y cuando la hago descender varias veces, introduciendo la lengua en su canal estrecho, no tarda en correrse.

La siento deshacerse sobre mi rostro, pero no dejo de saborearla hasta dejarla completamente limpia. Solo entonces la bajo y capturo su boca, besando sus labios carnosos, dándole a probar su propio sabor.