Capítulo 23
—Señor Özdemir, habla April Berger. Usted me acompañó al penal en la visita a mi padre hoy más temprano.
—Señorita Berger, es un placer volver a hablar con usted.
Dudo mucho que lo sea.
El hombre estaba vestido con un traje carísimo y zapatos de gran calidad. Debe ganar una fortuna de Kahraman si forma parte de su equipo de abogados, pero aun así, me parece demasiado prestigioso como para estar acompañando a jóvenes a prisiones para visitar a padres criminales.
Ni siquiera sé si podrá ayudarme, pero necesito al menos intentarlo.
—¿Podría ir a su despacho? Es un asunto muy serio.
—Hoy no tengo disponibilidad, pero podemos encontrarnos al final de la jornada. Le pasaré la dirección del restaurante.
—De acuerdo. Muchas gracias.
No tengo mucho que recoger en la casa. Además de un poco más de ropa, ahora que realmente tendré un lugar donde vivir en lugar de un hotel, me llevaré algunos portarretratos con fotos de mis padres.
Los guardaespaldas y el chofer que vinieron conmigo ya están afuera, y también me despedí de los empleados, diciéndoles que, a partir de mañana, tendrán un nuevo jefe.
Miro una vez más la casa que fue mía durante un año, pero más allá de eso, contemplo los objetos, las cajas, los libros, nuestros recuerdos.
¿Cómo pudiste hacernos esto, papá? ¿Cómo pudiste hacértelo a ti mismo también?
Pasé toda una vida escuchando que nuestro apellido era importante, siendo vigilada de manera obsesiva para no cometer ningún error (de ahí mi inexperiencia con los hombres), y ahora el mundo entero sabe que es un ladrón y un estafador.
Me gustaría decir que tiene lo que merece, pero aún no logro separar al criminal que visité hoy de mi padre.
Salgo de la casa sin mirar atrás, pero antes de subir al auto, me dirijo hacia el invernadero.
Abro la puerta e inspiro el aroma de mis flores.
Camino por los pasillos, observando las especies que conozco de memoria, y finalmente, todo lo que he estado conteniendo durante días estalla como una inundación.
No puedo dejar de llorar, sintiéndome más sola que nunca.
La familia se deshizo. Somos solo Hayden y yo, dependiendo de la buena voluntad de extraños.
Y ahora, además, está este acuerdo con Kahraman, que si antes no me veía con buenos ojos, ahora su opinión sobre mí debe haber empeorado aún más.
Me seco las lágrimas con un pañuelo con mis iniciales, que saco del bolso. Antes de ir a la nueva casa, que no tengo idea de dónde está, necesito reunirme con el señor Özdemir, y para contratar a un abogado, no puedo presentarme como una desquiciada.
Le envié un mensaje a Kahraman, como me pidió, informándole la dirección donde estaba mi hermano, y otro a Hayden, avisándole que fuera con los guardaespaldas porque yo tardaría un poco más en reunirme con él.
Aproximadamente cuarenta minutos después, llego al restaurante donde quedamos. Después de hacer los pedidos, que él realiza por ambos porque no tengo absolutamente nada de apetito, dice:
—¿En qué puedo ayudarla, señorita Berger?
—Primero, quiero saber si usted toma en serio la confidencialidad entre cliente y abogado.
—Muy en serio. Soy un profesional de renombre, señorita.
El hombre parece realmente ofendido, pero no puedo arriesgarme.
—Necesito que me resuelva un asunto. Le hice esa pregunta porque sé que su firma trabaja para el señor Aydin.
—Sí, para todos ellos, así que si se trata de alguna acción en su contra… —Se muestra incómodo—. Bueno, deberá disculparme, pero sería un conflicto de intereses.
—No lo es. Solo no quiero que Kahraman sepa de qué hablamos aquí ni de lo que surja a partir de esta conversación.
—Bien, en ese caso, tiene mi palabra.
—Necesito saldar una deuda de juego de mi hermano. El monto es de un millón de euros.
Él estaba a punto de dar el primer sorbo a su té, pero después de lo que digo, vuelve a dejar la taza sobre el plato.
—¿Un millón de euros?
—Sí. Mi hermano… él fue engañado. Bueno, no exactamente.
Quiero decir… usted vio dónde está mi padre.
Hayden llegó a creer que, metiéndose en un casino y haciendo apuestas altas, podría sacarnos de la bancarrota.
No sé si prestó atención a mi conversación con mi padre hoy, pero no nos queda nada, ni siquiera la casa en la que vivimos.
—Entonces su hermano se metió en el mundo de las apuestas.
—No sé si ese es el nombre correcto. El casino al que fue es legal. Lo investigué en internet.
—¿Está segura de eso?
—Sí. Pertenece al señor Berat Demirci.
—¿En la República Checa?
—Sí. ¿Tiene otros?
—No estoy seguro de si tiene más, pero supe de ese por un cliente que lo frecuentaba. Sí, es legítimo.
—Mi hermano fue invitado a ese casino. Solo tiene dieciocho años, señor Özdemir, y es muy ingenuo. El señor Berat lo incentivó a jugar durante días. Perdió el control.
—Apostar un millón de euros es un poco más que perder el control, si me permite decirlo, señorita Berger.
—Sí, lo sé. Está muy arrepentido. El punto es que conseguí el dinero para saldar la deuda, pero tengo miedo de hacerlo de la manera incorrecta.
Si soy sincera, no confío en Berat Demirci, y como ni Hayden ni yo tenemos experiencia en negociaciones, temo que se quede con el dinero y luego alegue que la deuda no fue pagada.
—La entiendo perfectamente, señorita.
El camarero llega con una bandeja y sirve el plato con los böreks[20] que él pidió. Espero a que se retire antes de continuar.
—Quiero saldar la deuda de inmediato, pero sin tener contacto con el señor Demirci. ¿Es posible?
—¿Ya dispone del monto total?
—Sí. Nos dio pocos días para pagar o enviaría a mi hermano a la cárcel. Si escuchó toda la conversación, sabe que mi padre intentó arreglar que me casara con ese hombre. Puede que él no quiera aceptar el pago para seguir chantajeándonos.
—Eso no va a suceder. Yo voy a ayudarla.
—Yo… —Dios, me muero de vergüenza al preguntarle esto—. Necesito saber cuánto costará este trabajo. Sé que usted es un abogado de renombre y…
—No se preocupe por eso. Lo haré pro bono[21]. Tengo una hija de su edad. No me gusta la idea de que alguien intente aprovecharse de ella. Me encargaré de todo esta misma noche y, por la mañana, me pondré en contacto con el señor Demirci. Resolveremos este asunto lo más rápido posible.