Acosador del carnaval (Serie Carnaval) PHOENIX
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Acosador del carnaval (Serie Carnaval)

Acosador del carnaval (Serie Carnaval)

Por Selena Winters

© inepub.com

PHOENIX

Estoy encorvado sobre mi portátil, el tenue resplandor de la pantalla proyectando sombras inquietantes por toda la caravana.

Mis dedos danzan veloces sobre las teclas mientras mensajes encriptados parpadean ante mí.

La emoción de cerrar estos tratos, la delicada red de engaños...

es un juego embriagador que domino a la perfección.

Joder, necesito un nuevo cargamento pronto.

Estos compradores de pueblo son como lobos hambrientos, siempre ansiosos por más.

Sonrío con suficiencia, sabiendo que su desesperación nos llena los bolsillos.

Un suave pitido me alerta de un nuevo mensaje; las coordenadas de la próxima entrega parpadean en la pantalla. Perfecto.

El chirrido de la puerta de la caravana me arranca del trance. Giro la cabeza de golpe, con los ojos entrecerrados, listo para atacar ante cualquier amenaza. Pero solo es Tyson irrumpiendo, como siempre.

—¿Qué quieres? —gruño con la voz cargada de desdén. El hombre puede ser el maestro de ceremonias, pero yo soy quien mueve los hilos entre bastidores.

Tyson no se inmuta, acostumbrado a mi actitud ácida.

—Necesito tu ayuda con algo —afirma en un tono que no admite discusión.

Me recuesto, fingiendo indiferencia mientras lo estudio. Tyson sabe que es mejor no molestarme cuando estoy trabajando. Una sonrisa asoma a mis labios mientras sopeso las posibilidades.

—¿Ah, sí? ¿Y qué te hace pensar que estoy de humor para ayudar?

—Eres un maldito imbécil, Phoenix. Mueve el culo hasta la tienda del ingeniero ahora mismo.

El veneno en el tono de Tyson me pone en guardia al instante.

Me erizo ante sus palabras y un gruñido sordo retumba en mi pecho. ¿Quién coño se cree que es para irrumpir aquí y ladrarme órdenes? Mis dedos se cierran en puños, ansiosos por atacar y ponerlo en su sitio.

Pero sé que es mejor no desafiar a Tyson directamente. Aprieto los dientes, bloqueo el ordenador y me levanto de golpe; la caravana se balancea con mis movimientos bruscos.

—Más vale que sea bueno —gruño mientras paso junto a él hacia la tienda principal.

El empalagoso olor a serrín y grasa asalta mis sentidos mientras entro a grandes zancadas, levantando polvo con cada paso. Lars, Gage y Nash ya están reunidos, con expresiones sombrías. Algo ha salido mal.

—¿Cuál es el problema? —exijo mientras recorro con la mirada a los tres. Lars es el primero en hablar.

—Anoche un trato se fue a la mierda. El cargamento nunca llegó al punto de entrega.

Su mandíbula se tensa.

—Necesitamos averiguar quién nos ha jodido.

Frunzo el ceño mientras proceso sus palabras. Un trato fallido podría ser un desastre, capaz de desenredar la delicada red que hemos tejido con tanto cuidado.

—Dame los detalles —ordeno mientras ya trazo una estrategia en mi cabeza.

Nash da un paso adelante, inquieto.

—Los tipos nunca llegaron con el producto. Dicen que les tendieron una emboscada por el camino y que lo han perdido todo.

—Tranquilos —me burlo mientras pongo los ojos en blanco ante sus caras de pánico—. Yo me encargo de aclarar este desastre.

Mis dedos ya están ansiosos por sumergirse de nuevo en las profundidades de la web oscura, por rastrear cada canal encriptado en busca de rumores sobre nuestro cargamento perdido. Seguir las huellas digitales, desenredar esta traición hilo por hilo, será pan comido.

Me doy la vuelta, listo para retirarme a mi guarida y ponerme manos a la obra, pero la voz áspera de Tyson me detiene.

—Espera, Phoenix.

Giro lentamente para enfrentarlo y arqueo una ceja. El bastardo engreído tiene los brazos cruzados sobre el pecho y me estudia con una expresión exasperantemente tranquila.

—¿Todavía quieres formar parte de este equipo?

Sus palabras destilan una amenaza silenciosa.

—Porque tu actitud está empeorando últimamente.

Una furia ardiente me atraviesa ante la insinuación. ¿Cómo se atreve a cuestionar mi compromiso después de todo lo que he hecho por esta operación? Mis manos se cierran en puños, las uñas clavándose en las palmas mientras lucho por contenerme.

Por un momento tenso, me planteo atacar. Pero algo en su mirada acerada me hace dudar. Aunque Ty sea como un hermano mayor para mí, no dudará en deshacerse de mí si me paso de la raya.

Aprieto los dientes y me obligo a asentir con un movimiento rígido y brusco.

—Estoy en el equipo —respondo—. Ahora déjame hacer mi trabajo y encontrar a esos cabrones.

Tyson me sostiene la mirada un momento más antes de asentir.

—Bien. Resuélvelo.

Sin decir nada más, giro en redondo y salgo de la tienda a grandes zancadas, con los puños apretados a los costados. Mi rabia hierve bajo la superficie, un caldero de furia a punto de desbordarse.

Vuelvo a mi caravana pisando fuerte. La furia que hierve en mi interior amenaza con desbordarse a cada paso.

Al doblar la esquina, algo capta mi atención y me quedo paralizado.

Allí, en medio del remolino caótico del carnaval, está la mujer más hermosa que he visto en mi vida.

El mundo entra en foco, todo el ruido y el caos se desvanecen hasta convertirse en un murmullo sordo mientras la devoro con la mirada.

Su cabello castaño cae en suaves ondas sobre los hombros, enmarcando un rostro en forma de corazón de rasgos delicados.

Sus ojos avellana brillan con calidez y me atraen al instante como una polilla a la llama.

Una sonrisa radiante asoma a sus labios carnosos mientras se ríe de algo que dice su amiga; el sonido es como el canto de una sirena que me arrastra hacia ella.

No puedo apartar la mirada, completamente hipnotizado. Cada fibra de mi ser anhela conocerla, desentrañar los misterios ocultos tras esa sonrisa cautivadora. Una brasa de obsesión se enciende, un hambre ardiente que me araña las entrañas.

Se mueve ligeramente y se me corta la respiración mientras las luces del carnaval bailan sobre sus curvas, resaltando la redondez de sus caderas y la suave curva de su cintura. Dios, es exquisita. Perfecta. Mía.

El pensamiento posesivo me sobresalta y me devuelve a la realidad de golpe. ¿Qué coño me pasa? No soy un idiota enamoradizo que pierde la cabeza por una cara bonita.

Sin embargo, incluso mientras me reprendo, no puedo apartar la mirada. Hay algo en ella, una atracción irresistible que ya ha hundido sus garras en mí. La necesidad de saberlo todo sobre ella consume mis pensamientos y ahoga toda razón.

Aprieto los dientes, aparto la mirada y sigo caminando hacia mi caravana; mi rabia anterior, olvidada. Averiguaré quién es esta chica. Estudiaré sus rutinas, sus hábitos, lo que le gusta y lo que no. Descubriré cada fragmento de información hasta haber trazado el intrincado tapiz de su vida.

Solo entonces se saciará esta enloquecedora obsesión. Solo entonces decidiré si es digna de mi atención.

Una sonrisa curva mis labios mientras desaparezco de nuevo entre las sombras. El juego ha comenzado, y siempre gano, cueste lo que cueste.