44 EPÍLOGO #2
En algún lugar detrás de mí, oigo a Vane y Xavier discutir sobre quién tiene el esperma más potente. Knox se suma a la discusión, defendiendo su propia virilidad.
—Idiotas —murmura Bianca con cariño.
Pero hay amor en su voz. En las de todas.
Vane me coge la mano mientras la energía de la multitud pasa de carnal a conversacional. Los cuerpos se desenredan, las parejas buscan la ropa tirada o se acomodan en abrazos poscoitales. La intensidad se ha suavizado en algo más cálido, más social.
—Ven conmigo.
No espera respuesta y tira de mí hacia una puerta lateral que no había visto antes. El pasillo al otro lado está en silencio, iluminado por suaves apliques de color ámbar. Las piernas me tiemblan ligeramente mientras lo sigo, todavía inestable por todo: el sexo, la revelación, el subidón de adrenalina.
Me lleva a una pequeña habitación privada y cierra la puerta tras nosotros. El espacio es íntimo, amueblado con una única chaise longue de terciopelo y espejos de cuerpo entero que reflejan nuestro estado desaliñado: su pelo revuelto por mis dedos, mi cuerpo marcado por sus dientes y sus manos.
—Vane, qué…
Las palabras mueren cuando se arrodilla.
El corazón se me para. Literalmente deja de latir durante un segundo entero antes de arrancar de nuevo con una fuerza brutal.
—Debería haber hecho esto hace quince años —su voz se quiebra ligeramente—. Debería haberte suplicado que te quedaras en lugar de dejarte huir. Debería haberme arrodillado y haberte dicho que eras todo lo que quería, todo lo que necesitaba.
Las lágrimas me nublan la vista.
—Vane…
—Déjame terminar, flor silvestre —saca un anillo del bolsillo: una esmeralda rodeada de diamantes que atrapa la luz tenue—. Te he querido desde que tenía diecisiete años. Te quise cada año que estuviste fuera, te quise lo suficiente como para traerte de vuelta, te quise a pesar de tu miedo cuando viste lo que soy en realidad.
Su pulgar me acaricia los nudillos con una delicadeza sorprendente para unas manos que han ejercido tanta violencia.
—Estás esperando un hijo mío. Me has dado todo lo que nunca pensé merecer. —Sus ojos brillan—. Cásate conmigo. No por el bebé. Cásate conmigo porque eres la única persona que ha visto todo lo que soy y aun así se ha quedado.
Las lágrimas se desbordan y ruedan por mis mejillas.
—Cásate conmigo porque soy tuyo tanto como tú eres mía —continúa, con la voz ronca de emoción—. Porque estos quince años sin ti fueron un infierno, y no quiero pasar ni un día más preguntándome si volverás a irte.
—Sí. —La palabra me brota sin control—. Sí, Dios, sí.
Desliza el anillo en mi dedo y observo cómo la esmeralda captura la luz: el mismo verde que sus ojos, el mismo verde que las cuerdas con las que me ató, el mismo verde que llevaba la noche en que me hizo suya por primera vez.
Todo vuelve al principio.
Tiro de él hacia mí y lo beso con fuerza, saboreando la sal de nuestras lágrimas. Sus brazos me rodean con esa posesividad tan familiar. Pero también hay ternura: el reconocimiento de que lo nuestro trasciende la obsesión, que es algo más profundo.
Cuando por fin nos separamos, apoyo la frente contra la suya.
—Te amo —susurro—. Cada parte oscura, retorcida y hermosa de ti.
—Bien. —Su sonrisa se vuelve perversa—. Porque ahora estás atrapada conmigo.
Me río a pesar de las lágrimas que aún me corren por el rostro.
—Creo que ya no voy a huir más.
—Más te vale. —Me toma el rostro entre las manos y me seca las mejillas con los pulgares—. Porque te perseguiré hasta el fin del mundo si hace falta.
—Sé que lo harías. —Y es verdad. Eso es lo que hace que esto funcione: la certeza de que nunca me dejará ir, unida a mi propia convicción de que no quiero que lo haga.
Pasé tanto tiempo intentando escapar de lo que éramos, aterrada de decepcionar a todos, de amar a alguien que existía fuera de los límites de lo normal. Pero lo normal nunca iba a funcionar para ninguno de los dos.
No somos un cuento de hadas. Somos algo más complicado: construido sobre anhelo y obsesión, sobre rendición y dominación. Pero es nuestro, y es real, y es exactamente lo que necesito.
¡Gracias por leer Stalked! La cuarta y última entrega de la serie Hermanos Blackwood. Espero que hayas disfrutado de la historia de los cuatro hermanos.
¿Qué sigue?
El libro de Cora Pike es el siguiente en «Unmasking Darkness», que se publicará el 23 de enero.
La política me preparó para muchas batallas, pero no para convertirme en el premio en la guerra de tres hombres contra mi padre.
Pensé que entrar en la Cacería del Hollow sería mi rebelión, mi escape de las expectativas asfixiantes de ser la hija dorada de Ravenwood Hollow. En cambio, me convertí en presa de tres depredadores con venganza en el corazón.
Dominic Vega, con su frialdad calculadora y su toque exigente. Liam Hayes, cuya intensidad intelectual enmascara deseos que incluso a él lo sorprenden. Y Ryder Caldwell, cuya sonrisa encantadora oculta el juego más peligroso de todos.
Cuando me capturan juntos, descubro la horrible verdad: soy simplemente daño colateral en su vendetta contra mi padre. Sin embargo, mientras me comparten entre ellos, obligándome a experimentar placeres que nunca supe que existían, sucede algo inesperado. Empiezo a anhelar su toque, su mando, su posesión.
Pero no es solo a mí a quien desean. Mientras comienza la reclamación de doce meses, presencio el deseo que sienten el uno por el otro: la dominación de Dominic sobre Liam, la sumisión de Ryder ante ambos. Su pasión mutua enciende algo dentro de mí.
A medida que los días se funden en noches de placer prohibido, los límites se difuminan hasta desaparecer. Lo que comenzó como venganza se transforma en algo que ninguno de nosotros esperaba: un vínculo forjado en la oscuridad pero que busca desesperadamente la luz.
Ahora debo decidir: luchar por mi libertad o rendirme a tres hombres que comenzaron como mis enemigos pero podrían convertirse en algo mucho más peligroso: míos.