Acid (Los Cazadores MC nº 2) 22
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Perrie

La lluvia repiquetea en la ventana, y parpadeo, intentando concentrarme en ella. El cielo está negro como boca de lobo, y solo la luz de la luna se filtra por la ventana.

Lo último que recuerdo es que estaba tumbada sobre el pecho de Ollie después de que Cass me ayudara a ducharme y me cosiera la cabeza. Me desperté hace como media hora, sola en una casa silenciosa.

La lluvia cae con fuerza, y su ruido me tranquiliza mientras mi mente intenta asimilar todo.

Me secuestraron. Iban a violarme, y sin embargo, no me siento traumatizada como con los hermanos Aldo. Solo siento rabia. Debería haber matado a ese hombre cuando tuve la oportunidad. Le hizo daño a Ollie, a Eli….

No importa lo que haya pasado entre Ollie y yo, el dolor, las mentiras y la confusión; sigue siendo mi mejor amigo, y sufrió durante años a manos de alguien que debería haberlo protegido.

Las lágrimas vuelven a caer mientras cada cicatriz de la espalda de Ollie me viene a la mente, las grandes, las pequeñas, tantas cicatrices…. Durante todos los años que entrenamos juntos, nunca se quitó la camiseta, y ahora sé por qué.

Debería haber matado a ese hombre. Y a Coby, ese psicópata….

Oigo una moto y luego veo una luz brillando a lo lejos a través de los ventanales, y todo mi cuerpo se relaja.

Ha vuelto….

No se me escapa el poder que tiene sobre mi cuerpo y mi mente; solo desearía que no hubiera tanto dolor entre nosotros.

Cuando el rugido de la moto se apaga, oigo la puerta principal abrirse y cerrarse unos minutos después, luego un ruido antes de que crujan las escaleras, pero no me muevo. Me quedo con los ojos fijos en la ventana, observando la lluvia.

Sé que debería irme a casa, pero solo quiero un poco de tiempo con él antes de que mañana me golpee la realidad, y tenga que ir a buscar a Andrea y distanciarme de él otra vez.

Aunque eso no evitará que se me rompa el corazón, ¿verdad?

Oigo pasos fuera de la puerta antes de que se abra lentamente. No me muevo, ni siquiera cuando oigo un ruido, y luego las sábanas se mueven y la cama se hunde.

Ollie pega su cuerpo al mío, y su piel fría me provoca escalofríos por la columna mientras desliza lentamente el brazo bajo mi cabeza, el izquierdo alrededor de mi cintura, y hunde el rostro en el hueco de mi cuello.

—Sé que estás despierta —susurra tras unos cinco minutos escuchando la lluvia—. Te encanta la lluvia; te tranquiliza….

Sonrío a medias.

—Te acordaste.

Emite un murmullo de asentimiento mientras me aprieta con el brazo, y dice:

—Claro que sí, igual que recuerdo que las arañas te dan miedo, y que cuando mientes te giras el anillo, y que no soportas las cerezas pero te encantan los batidos de cereza….

—Te acuerdas de mucho, ¿eh? —digo, y él vuelve a murmurar.

—Cuando se trata de ti, Tinker, me acuerdo de todo —susurra, y posa suavemente los labios en mi piel.

—¿Está muerto? —pregunto.

Asiente, y pregunto:

—¿Incluido Coby?

Vuelve a asentir. Me relajo contra él, con la espalda pegada a su pecho, y siento cada centímetro de su cuerpo duro contra el mío.

Sé que no debería alegrarme, pero son dos males menos en el mundo.

—¿Y el trabajo de Coby? —pregunto, intentando ocultar el miedo a que esto les salpique a Ollie y al club.

—Se transfirieron más de 40.000 dólares de las cuentas del bufete a la suya, y de ahí pasaron otras tres veces hasta acabar en varias organizaciones benéficas.

Los prospects van de camino para hacer que parezca que ha huido.

Resulta que el cabrón protegía a The Killers; Piston ha conseguido implicarlos también.

Asiento. El corazón se me calma y el miedo disminuye.

—Estoy orgulloso de ti, Perrie —dice tras unos momentos de silencio—. Te secuestró después de fracasar con Natalie, sabiendo lo que significas para mí, y en lugar de acobardarte, luchaste.

Me encojo de hombros y murmuro:

—Tuve a los tres mejores maestros que una chica podría desear. Tú, papá y Piston, los tres me enseñasteis a ser fuerte, a luchar.

Me aprieta más fuerte por la cintura.

—Te quiero, Perrie —dice con voz ronca contra mi piel, y las lágrimas me caen—. Te quiero tanto, siempre te he querido, pero sabía que merecías algo mejor que yo. Sabía que merecías la mejor vida.

Trago saliva, intentando deshacer el nudo que tengo en la garganta, y pregunto:

—¿Y eso no podía ser contigo?

Ollie se pega aún más a mí, sin dejar ni un hueco entre nosotros, y admite:

—No, no creía que pudiera ser. Te hundiría, te ensuciaría. Estoy roto, Tinker; lo estoy desde hace mucho tiempo. ¿Recuerdas a ese chico furioso en el ring cuando nos conocimos? No se ha ido; sigue en lo más profundo de mí, y la mayoría de los días me cuesta respirar.

Las lágrimas me resbalan por la nariz ante sus palabras, y pregunto:

—¿Por qué?

Una sensación horrible se me instala en el estómago.

Ollie me besa el cuello, aferrándose a mí con tanta fuerza, como si no quisiera soltarme nunca, contradiciendo sus palabras.

—Porque desde los once hasta los quince años, mi padre me prostituyó para pagar sus deudas.

Se me congela el cuerpo ante su confesión, abro los ojos de par en par mientras las lágrimas caen. Continúa:

—Cuando por fin fui lo bastante grande para defenderme, me convertí en su camello y su ladrón solo para asegurarme de que no le hiciera a Piston lo que me hizo a mí.

La respiración se me entrecorta con cada palabra que pronuncia.

—Me obligaron a follar con cincuenta y cuatro personas mientras me sujetaban, o había hombres que me obligaban a mover mi cuerpo asqueroso amenazándome con follarme el culo si no complacía a las mujeres.

Siento cómo le tiembla el cuerpo, y se me escapa un sollozo mientras dice:

—Localicé y maté a cincuenta y dos de las personas que me violaron cuando era niño.

Dios mío… por eso me dejó en la encimera….

—Te quiero, Perrie, pero cuando por fin te tuve, pasé de sentirme en casa a sentirme asqueado porque te ensucié, te manché con mi porquería, y no podía vivir con eso —admite en un susurro—.

Mereces mucho más que yo, pero la idea de no tenerte en mi vida me impide respirar, y la idea de verte pasar página me hace querer salir corriendo y no volver nunca.

Mi cuerpo tiembla con sollozos silenciosos ante su confesión.

Ollie respira hondo contra mi piel antes de decir con voz quebrada:

—Me voy, Tinker…

Se me entrecorta la respiración, se me hunde el estómago mientras el corazón se me rompe, y me giro rápidamente entre sus brazos, llevando las manos a su mandíbula cincelada mientras nuestras miradas se encuentran.

Caen más lágrimas, y le suplico:

—Por favor, no me dejes…

Me estrecha con más fuerza, con los ojos tristes, y admite:

—Tengo que hacerlo, cariño.

Niego con la cabeza, le agarro la mandíbula con más fuerza y le ruego:

—No, por favor, Ollie. No puedo vivir sin ti. No me dejes, por favor…

Apoya la frente contra la mía.

—Tengo que hacerlo —repite, y cierro los ojos con fuerza mientras sollozo—. Te quiero, Perrie, pero tengo que hacer esto. Necesito ayuda, Tinker.

Me besa con suavidad y lo miro.

—Voy a un centro que puede ayudarme. Tengo pesadillas, cariño. Me despierto empapado en sudor cada noche. Tengo flashbacks, esa mierda con Andrea lo empeoró todo muchísimo.

Me acaricia la mejilla.

—Quiero una vida contigo, Perrie, siempre la he querido, pero mientras mi pasado siga en mi presente, no podemos tener un futuro.

Las lágrimas me recorren las mejillas, y pregunto:

—¿Y si no puedes aceptar tu pasado?

Se lame el labio inferior antes de admitir:

—Entonces no volveré a Nueva York.

Sollozo, con el corazón rompiéndoseme ante la idea de no volver a verlo, y él me presiona los labios contra los míos rápidamente, y sin pensar, solo reaccionando, abro la boca al instante, dándole paso a su lengua.

Me besa larga y profundamente, con todo su amor, y le agarro el pelo.

Gime y nos mueve para que yo quede debajo de él, y en lugar de entrar en pánico, le rodeo la cintura con las piernas, profundizando el beso.

Su sabor y su tacto me encienden el cuerpo, que arde por más.

Ollie me sube la camiseta con suavidad hasta justo por encima de la cintura, deslizando los dedos entre mis piernas. Gime al darse cuenta de que no llevo bragas y de que estoy húmeda, algo que rara vez sucede. Es él; es lo que siempre me provoca.

Se mueve, se baja la cremallera de los pantalones y coloca la punta de su miembro en mi entrada.

Lentamente, empuja hacia dentro, y jadeo en su boca mientras me estira, y en lugar de entrar en pánico, en lugar de tensarme, sabiendo que no lleva condón, gimo y le aprieto la cintura con las piernas mientras llega hasta el fondo.

Con suavidad, Ollie me desliza los dedos por los brazos, haciendo que le suelte la mandíbula y el pelo, antes de entrelazar nuestros dedos junto a mi cabeza y hacerme el amor.

Sus embestidas son lentas pero firmes, con las caderas inclinadas, asegurándose de alcanzar ese punto profundo en mi interior que hace que se me tense el estómago, que me tiemblen las paredes, y gimo.

Me aprieta las manos con más fuerza mientras nuestro beso se intensifica y sus caderas empujan con más ímpetu.

Se me tensa el estómago y se me acelera la respiración mientras él rompe el beso y apoya la frente contra la mía, y nuestras miradas se encuentran.

—Córrete para mí, Tinker —dice con voz ronca, con su aliento mezclándose con el mío, y justo cuando estoy a punto de decirle que no puedo, que nunca lo he hecho antes, un placer como ningún otro me consume, y jadeo mientras la humedad se derrama entre nosotros.

Ollie gime, embistiendo una, dos, tres veces más antes de empujar profundamente dentro de mí y quedarse quieto, y por primera vez, el pánico no me asalta; en cambio, le aprieto las piernas alrededor y le presiono los labios contra los suyos mientras su miembro pulsa dentro de mí, llenándome con su semen.

Ollie gime, enredando la lengua con la mía, y en lugar de desenlazar nuestros dedos y apartarse de mí, vuelve a mover las caderas, con el miembro todavía semierecto, preparándose para las rondas dos, tres y cuatro…

Mi Tinker,

No quería despertarte, no quería despedirme porque sabía que simplemente diría que se joda todo y me quedaría después de lo de anoche, pero sabía que no podía.

Te quiero, Perrie, pero ambos sabemos que necesito hacer esto. Anoche lo significó todo, cariño, y me hizo darme cuenta de que no puedo vivir sin ti. Voy a trabajar duro para sacar mi pasado a la luz y por fin enfrentarlo.

No permitiré que Aiden te aparte de mi lado.

Sé que ambos estamos sufriendo, pero es porque ambos hemos pasado por mucho, y en lugar de luchar solos, quiero que luchemos juntos por un futuro. Quiero que lleves mi chaleco a la espalda y mi anillo en el dedo.

Lo quiero todo contigo, Tinker. Eres mi mejor amiga, mi corazón.

Escríbeme. Cuéntame lo que sientes, y yo te contaré mi pasado para que puedas entender por qué me alejé de ti ese día en el gimnasio, cuando lo único que quería era abrazarte fuerte y no dejarte ir jamás.

No dejes que tu miedo y tu trauma se lleven lo que tenemos. Lucha por mí, Perrie, porque yo estoy luchando por ti.

Te quiero, mi Tinker.

Tuyo para siempre.

XX

Lentamente, dejo la carta sobre la mesa de cristal y me seco las lágrimas. Esta mañana me había despertado con la cama vacía y la carta sobre la almohada, junto con la camiseta que llevaba ayer.

Se ha ido.

Los sollozos me suben por la garganta, y la soledad me golpea ahora que se ha ido.

Pensé que podría soportar no tenerlo en mi vida.

Todos esos años me convencí de que nunca podríamos estar juntos después de que me violaran, sin darme cuenta de que él estaba pasando por lo mismo, de que había pasado por algo peor, pero aún lo veía, aún escuchaba su voz, y ahora se ha ido. Siento que no puedo respirar…

—¿Perrie? —escucho a mi espalda, desde el sofá de cuero marrón oscuro de Acid donde estoy sentada, con su camiseta puesta. Niego con la cabeza mientras un sollozo se me desgarra y el cuerpo me tiembla.

—Joder —maldice Steal y rodea el sofá corriendo, arrodillándose frente a mí mientras me agarra las manos frías—. Cariño, ¿cuánto tiempo llevas sentada aquí? —pregunta.

Lucho por respirar mientras tartamudeo:

—U-una hora o d-dos.

Vuelve a maldecir y se sienta a mi lado, atrayéndome hacia él mientras me rodea con el brazo, y lloro:

—F-fue violado, h-herido, y-y ahora se-se ha ido…

Dios mío, fue violado, maltratado…

Steal me estrecha con más fuerza y promete: —Volverá, Pez. Te quiere tanto que se ha ido a buscar la ayuda que necesita, y volverá a por ti. Sé que me odias por lo que pasó con Cass, pero estaré aquí para ti, día y noche; no estarás sola.

Tiemblo mientras lloro, aferrada a la camiseta de Steal, deseando que Ollie siguiera aquí y que no le hubieran impuesto la vida que tuvo.

Ojalá me hubiera aferrado a él a los dieciséis en lugar de apartarme. Quizás ahora las cosas serían distintas y él sería mío.