Acid (Los Cazadores MC nº 2) 19
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Acid

Dejo caer el rodillo en la bandeja y sonrío al ver el resultado. El azul oscuro le sienta bien al sitio.

Estoy jodidamente orgulloso de Perrie. Lleva todo este tiempo renovando el gimnasio, empezando por el apartamento de arriba.

Eché un vistazo antes de que llegara del trabajo ayer, y ha reconstruido y reemplazado todo lo de arriba, transformándolo en un loft tipo estudio lleno de grises y verdes oscuros, con muebles negros.

Creo que la única habitación que no ha renovado es el despacho de su padre, pero sí vi las latas de pintura rojo oscuro y crema.

Pinté la pared del fondo de rojo oscuro, el resto de crema, y luego ordené la habitación.

No he pegado ojo. Joder, siento que no duermo desde que me contó lo de su violación. Saber que ha pasado por lo mismo que yo…

—Más fuerte, cariño, mueve las caderas más fuerte, puedes hacerlo —gime nuestra trabajadora social mientras papá me agarra las caderas, obligándome a hacer lo que me dicen…

Aprieto los ojos.

Odio que los recuerdos no me dejen en paz. Son la razón por la que no haré mía a Perrie, por la que no le daré mi parche. Sí, me ama, pero la lastimé. La alejé en lugar de dejarla entrar.

Si fuera un buen hombre, la dejaría ir del todo, pero la necesito en mi vida de algún modo. No creo que pueda ser el hombre de su final feliz cuando mi pasado aún me persigue. Merece algo mejor que yo y toda mi mierda.

—¿Terminaste de pintar? —dice su voz angelical a mi espalda, y gruño en respuesta.

—Sí —admito—, también hice el despacho de tu padre; pinté las paredes y monté la nueva silla de escritorio para ti.

Me giro para mirarla. Lleva el pelo recogido en un moño despeinado, menos maquillaje que ayer, y su uniforme de camarera.

Mira alrededor de la habitación y asiente.

—Supongo que es hora de decidir si quiero vender ahora que el lugar está casi listo, ¿no? —dice, y la miro ladeando la cabeza.

—¿Por qué venderías, Tinker? —pregunto, sabiendo lo mucho que este lugar significa para ella.

Sus ojos llorosos se vuelven hacia mí y admite:

—Porque no sé si puedo estar a la altura del legado de papá. No terminé la universidad, Ollie.

Se me cae la mandíbula y ella se encoge de hombros.

—Dejé los estudios después del primer semestre, solo me importaba este lugar.

El dinero de las peleas que le daba a papá, le quedaba algo en la caja fuerte, así que lo usé para el apartamento.

Luego decidí seguir peleando después de que Cass se fuera, y usé parte del dinero que había ganado para todo este equipo y las renovaciones.

El resto lo tenía ahorrado. Después de vender la casa, tengo suficiente para viajar una temporada.

Noto el sudor formándose en la base de la espalda mientras el miedo me invade, y le recuerdo:

—Odias volar…

Me da una sonrisa triste y susurra:

—Pero odio estar aquí sin papá… y sin ti… Me siento vacía, Ollie. Me siento perdida.

Joder.

Camino hacia ella, pero niega con la cabeza y me detiene:

—Tengo que irme o llegaré tarde…

Asiento, y ella se da la vuelta y se va, llevándose mi corazón con ella.

¡No puede irse del pueblo! ¡No volveremos a saber de ella! Pensé que cuando Cass volviera, la vieja Perrie también volvería, pero la violaron, le arrebataron lo que no les pertenecía.

Creo que es hora de que mi Tinker recuerde que aquí hay gente que la quiere. Puede que no pueda darle mi parche, aunque mi corazón lo desee, pero tiene mi amistad —siempre la ha tenido—, y si tengo que verla enamorarse de otro, pues tendré que aguantarme, ¿no?

Resoplando con fuerza por la bilis que me sube al pensar en que siga adelante sin mí, voy al mostrador de recepción y cojo el móvil. Ignorando la foto de Perrie y yo en su fiesta de dieciséis años, abro el hilo de mensajes con Steal y escribo uno nuevo.

Yo: Encuéntrame en The Fight cerca de Brooklyn a las ocho esta noche. Trae a Piston.

Le doy a enviar y suelto el móvil, con el pulso acelerado. No puedo perderla; si se va, me perderé a mí mismo.

Entro en The Fight. Viking me saluda con la cabeza desde la barra. Localizo a Steal y Piston, que me miran con las cejas levantadas.

—En serio, cabrón, te dije que si no te dejaba pelear aquí, no te vería nunca —dice Steal, y me río.

—Tranquilo, no soy yo —le aseguro, y asiente—. ¿Está hecho?

Esta vez habla Piston:

—Los dos hermanos están envueltos en bolsas de basura, lastrados con ladrillos, y los hemos tirado al océano. Suplicaron y rogaron hasta que se hundieron.

Asiento.

Después de que Perrie me contara lo que había pasado, llamé a Steal y le dije que los Aldo tenían que morir.

Me contó que Cass había irrumpido en su oficina del club exigiendo lo mismo.

Era la primera vez que Cassidy pisaba la sede desde que mataron a Brute.

Ella no explicó por qué los quería muertos, pero yo sí.

Parece que tuvieron la peor muerte imaginable, pero merecían algo todavía peor, mucho peor.

—Entonces, ¿por qué estamos aquí? —pregunta Steal justo antes de que el presentador grite:

—¡Y su campeona reinante, Tinker!

La multitud enloquece mientras me tenso y veo a Perrie subir los escalones hacia el ring, con la trenza cayéndole por la espalda.

—Ni de coña… —suelta Piston y da un paso adelante, pero le agarro el brazo. Me fulmina con la mirada. Niego con la cabeza y observo a Perrie saltando en el sitio mientras su oponente, Cannonball, la mira con furia.

Estuve hablando largo y tendido con Viking. Resulta que todos los cabrones de aquí quieren enfrentarse a ella porque les gana a todos, y sus egos no lo aguantan.

—¡Explícate, Acid! —exige Steal con la voz tensa mientras suena la campana y Cannonball corre hacia ella.

Ella esquiva su puño y lo hace tropezar a propósito; la multitud se ríe y el hombre se pone rojo de vergüenza.

—Nuestra chica lleva peleando desde los catorce años para ganar dinero extra para su padre —admito.

—¿Él lo sabía, joder? —gruñe Piston, y asiento, respondiendo:

—Creo que sí.

Ambos hombres maldicen mientras permanecemos allí, tensos de cojones, viendo a Perrie pelear contra el idiota de metro ochenta, con el lado derecho de la cara completamente cubierto de tatuajes.

Me estremezco cuando él le golpea la mandíbula y la hace tambalearse. Luego le da una patada en la espalda y ella cae contra las cuerdas. Doy un paso adelante, listo para saltar al ring, y como si pudiera sentir que la estoy observando, levanta la vista y nuestras miradas se cruzan.

Se me acelera la respiración al ver que le sangra el labio, y se me dilatan las fosas nasales.

Niega sutilmente con la cabeza, luego sonríe con suficiencia, y yo sonrío porque sé exactamente el movimiento que está a punto de hacer. Me lo hizo justo antes de que John muriera, y casi me rompe la puta nariz.

Espera hasta que el cabrón la rodea con los brazos desde atrás.

Noto que se tensa, y odio saber la razón, antes de que lance la cabeza hacia atrás y le dé de lleno en la nariz.

Él se tambalea mientras la sangre le corre por la cara, y en lugar de detener la pelea porque tiene la nariz claramente rota, el árbitro les permite continuar.

—Joder, es como una máquina —dice Steal con asombro, y asiento porque, sí, lo es.

Perrie acorrala a Cannonball, le golpea la cara y el cuerpo, izquierda, derecha sin parar, mientras la multitud vitorea como loca. No deja de moverse, de golpear, hasta que el cuerpo del tipo se sacude y cae noqueado. Ella retrocede, respirando con dificultad.

El árbitro la lleva al centro del ring, y me tenso al ver los moretones que ya se le marcan en el cuerpo.

Piston dice con voz ronca:

—No puede manejar sus emociones, ¿verdad? —Ya ha captado lo que yo había descubierto.

Niego con la cabeza.

—No, no puede. Al principio, esto era una manera de ayudar a su padre, pero ahora es su forma de huir del trauma, de la muerte de su padre, de que Cass se fuera, de mí, de la violación...

El presentador proclama a Perrie ganadora, y la multitud corea y vitorea antes de que ella salte del ring. Viking le entrega un sobre grueso al pasar y se dirige hacia la boca del pasillo.

Steal saca el teléfono. Levanto una ceja, pero él solo niega con la cabeza mientras se lo lleva a la oreja y espeta:

—Cass... No cuelgues, joder. Perrie te necesita, coño.

Ella le dice algo antes de que él gruña:

—¡Está herida, joder, Cassidy!

Steal se tensa mientras se aparta el teléfono de la oreja, mira el aparato con incredulidad y gruñe:

—¡Me ha colgado, joder!

—En serio, Piston, ¿le diste mi número? —espeta alguien a nuestro lado segundos después, y todos miramos con sorpresa: Cass, con vaqueros y una camisa a cuadros, fulmina con la mirada a mi hermano.

—¿Qué coño? —tartamudea Steal, y yo solo parpadeo.

Cassidy suspira y se pone las manos en las caderas. Mira a Steal y pregunta:

—¿Recuerdas las tres noches a la semana que dije que no podías verme y dejaste que tu amiguita se te metiera en la cabeza?

Él se estremece, luego asiente aturdido, y ella extiende los brazos y declara:

—Aquí está tu respuesta. Curo a los luchadores por dinero extra, incluida Perrie.

Hago una mueca mientras Steal da un paso adelante y exige:

—¿Los últimos cuatro años que has estado fuera?

Ella se encoge de hombros.

—Seguía aquí haciendo lo que me pagan por hacer, aunque nunca me di cuenta de que Perrie seguía peleando. Viking sabía que ni ella ni nadie del club podía verme.

Me mira.

—¿Cómo sabías que estaría aquí esta noche? Es raro que pelee más de dos veces por semana a menos que necesite desahogarse.

Suspiro.

—Se abrió un poco anoche, y yo también...

Cass asiente.

—Necesitaba una vía de escape.

Asiento mientras Steal exige:

—¡Coge tu puto abrigo; te vienes conmigo ahora mismo!

Ella resopla.

—Lo siento, examante, pero no puedo; algunos tenemos que pagar facturas, y el último año de residencia no paga tan bien.

Me mira de nuevo.

—Las heridas de Perrie son superficiales; no le quité ojo durante la pelea. Ya estará de camino al gimnasio.

Asiento antes de que ella fulmine a Steal con la mirada y gire sobre sus talones hacia el pasillo donde van los luchadores. Steal gruñe y la sigue, exigiéndole que escuche, y yo resoplo.

—El cabrón está pillado por ella —dice Piston, y afirmo:

—Siempre lo estuvo; solo dejó que sus inseguridades pudieran con él.

Me suena el teléfono y lo cojo, esperando que sea Perrie. Resoplo cuando veo de quién es y se lo enseño a Piston.

Zorra Loca: Hola, cariño, solo quería que supieras que el bebé está sano, ¡¡¡y vamos a tener un niño!!! Llámame xx

Piston se ríe.

—Me muero por ponerla en su sitio, joder.

Sonrío y le doy una palmada en la espalda.

—Tú y yo, iguales. Venga, larguémonos. Tengo que echarle la bronca a una chica, y tú tienes una esposa embarazada esperando su leche con chocolate.

Se ríe de nuevo, y levanto la mano hacia Viking, que asiente mientras Piston y yo salimos.

Media hora después, entro en el gimnasio Halliwell y sonrío ligeramente al ver a Perrie pintando con cuidado dentro de la plantilla.

Hace una mueca y me tenso, maldiciendo. El cabrón está muerto...

—Has vuelto, ¿eh? —dice, mirándome, y sonrío.

—¿Dónde iba a estar si no, Tinker? —pregunto mientras me quito el chaleco, lo tiro sobre el mostrador de recepción y voy hacia ella.

—No deberías estar aquí, Ollie —susurra, y yo solo le sonrío, le quito el pincel de la mano, recojo la bolsa de guisantes del suelo y se la doy.

Suspira, se la pone en las costillas y dice:

—Lo digo en serio, Ollie. No deberías estar aquí.

—Sabes, recuerdo la primera vez que nos conocimos —digo mientras pinto con cuidado alrededor de la H de Halliwell—.

Estaba tan jodidamente cabreado. Acababa de darle una paliza a mi padre después de entrar en casa y verlo pateando el estómago de Piston una y otra vez, y necesitaba desahogarme.

Y entonces aparece esta chica que me interrumpe, que se mete en mi vida, que se convierte en mi mejor amiga… .

Perrie sorbe la nariz y la miro. Tiene lágrimas en los ojos, y veo más allá de su dura fachada.

—No peleaste esta noche solo por nuestra conversación, ¿verdad? —le pregunto para confirmar.

Niega con la cabeza y susurra:

—Hubo otra nota después del trabajo. Decía que iban a meterte una bala en la cabeza. Estoy aterrorizada, Ollie….

Dejo caer el pincel y camino hacia ella. Le acaricio la mejilla con suavidad. Con el pulgar le seco las lágrimas, y lo que veo reflejado en sus preciosos ojos azul claro me atrapa por completo.

Joder, me quiere, pero está huyendo, igual que yo….

—No vas a perderme, Tinker —la atraigo hacia mí, y ella me rodea la cintura con los brazos y hunde la cara en mi pecho. La abrazo con fuerza y prometo—: No va a pasar. Encontraremos a ese hijo de puta, te lo prometo.

Y es una promesa que sé que cumpliré. Puede que esté jodido, pero esta chica es dueña de mi corazón.