13
Acid
No paro de mover la rodilla mientras vigilo a mi hermano pequeño sin quitarle ojo. Tiene la ropa empapada y esa expresión desgarrada en su rostro, joder, me está matando.
Apoyo los codos en las rodillas, entrelazo los dedos y descanso la barbilla sobre ellos, sin apartar la mirada de mi hermano ni siquiera cuando Steal se sienta a mi lado.
—Lo logrará —dice con convicción, y asiento.
Tenemos que mantener la fe, aunque yo perdí la mía hace años.
Cuando vi a Natalie con mi hermano hace casi seis años, por cómo la miraba en los Huntsmen, supe que acabaría siendo suya, pero joder, cómo luchó contra eso.
Luchó con todas sus fuerzas contra sus sentimientos.
Al final, su amor por ella ganó, solo para que la atacaran cuando salía en coche por la puerta.
Mataron a nuestro prospecto, Adam, antes de sacar a Nat a rastras del coche y tirarla desde el puente de Brooklyn, antes de que Piston saltara tras ella.
Observé con absoluto horror cómo nadaba con ella, intentando mantenerla a flote antes de hacerle la RCP.
Los hijos de puta que hicieron esto, The Killers, son una pandilla peligrosa que lleva intentando quedarse con nuestro territorio desde que su nuevo líder asumió el mando, el mismo líder que fue a por mi cuñada hace casi tres años para que le sacara información sobre el club.
Nuestro puto padre.
Trago saliva. No me sorprende que el hijo de puta eligiera ese camino, pero lo que sí me sorprende es que mantenga su identidad en secreto.
Todo el puto bloque este sabía lo que nos hacía a Piston y a mí, así que ¿por qué coño se esconde ahora como un cobarde?
Suspiro y me recuesto en la silla, cruzo los brazos sobre el pecho, sin apartar los ojos de Piston.
—Si la pierde, lo perderemos a él, Steal —le recuerdo.
Hay una razón por la que convirtió a Nat en su «aventura de tres años» en la universidad, para intentar ignorar lo que sentía. Ella es su ancla.
—No la va a perder; ella no se rendirá, hermano —dice Steal con voz ronca, inclinándose hacia delante, y asiento.
Si pierdo a Piston, perderé la cabeza, sobre todo después de perder a Perrie.
Lo sé, joder. Él es la única familia que me queda.
O sea, no me entiendas mal, sé que están Canine, Holly y Aurora, pero Piston es mi hermano, es la razón por la que seguí adelante todos estos putos años, por la que no me pegué un tiro a los quince, incapaz de soportar la puta suciedad bajo mi piel.
La puerta de la sala de espera se abre y tanto Steal como yo nos ponemos de pie, esperando que sea Cassidy porque, claro, la cosa no podía empeorar más que tener a la exnovia del Prez como doctora de Nat. Pero no, trago saliva cuando Perrie entra corriendo, con el pelo trenzado y ropa de gimnasio.
¿Está entrenando?
¿Dónde coño...? Aprieto la mandíbula cuando veo la sangre en sus manos y doy un paso adelante para encararla, pero ella me ignora y corre hacia Piston, que se levanta y la estrecha entre sus brazos.
Vale, ¿toda esa mierda de «no puedo vivir sin mi hermano»? Empiezo a arrepentirme de haberlo pensado.
Hablan entre ellos y Steal me agarra del brazo para evitar que vaya hacia ellos, que la arranque de su abrazo, mientras los celos me devoran.
—Acid —murmura Steal, y niego con la cabeza.
—Sé que no tengo derecho a sentirme así, pero joder... —Me quedo a medias cuando la puerta se abre de nuevo y entra Cassidy.
Agarro a Steal, que me fulmina con la mirada esta vez, pero yo solo esbozo una sonrisa de suficiencia.
La venganza es dulce...
—Joder —susurra Steal, y miro a Perrie, que camina despacio hacia una Cass llorosa—. ¿Es esta, joder, es esta la primera vez que se ven?
Voy a decir algo, pero me quedo con la boca abierta cuando Perrie le suelta una bofetada a su hermana.
Él repite:
—Joder...
—Eso es culpa tuya —le murmuro a mi prez.
—Imbécil —responde en voz baja justo cuando Cassidy estrecha a Perrie entre sus brazos, y se me encoge el corazón cuando la chica a la que se lo entregué se derrumba, con sus sollozos resonando en la habitación.
Trago saliva, con los puños apretados.
Emana tanto puto dolor de ella, y no puedo hacer una mierda.
Andrea sigue dando por culo, exigiendo que la haga mi vieja, amenazando con ir directamente a Perrie si no lo hago, y no puedo cortarle el puto cuello porque puede que esté embarazada de verdad.
No es culpa de la criatura que su madre sea una perra loca.
Observo cómo Cassidy abraza a su hermana mientras mira a Piston y dice con voz ronca:
—La cirugía de Natalie ha sido un éxito y las pruebas siguen dando positivo en embarazo. —¡Joder!— Las próximas cuarenta y ocho horas son críticas, y todavía existe la posibilidad de que pierda al bebé. Está, eh, en coma inducido para que se recupere.
Piston asiente, con el cuerpo en tensión.
Convirtió a Nat en su vieja cuando estaba decidido a no sentar cabeza; ella había descubierto que estaba embarazada después de que ambos lo dejaran, tal como habían acordado.
Unas semanas después, ella dijo que la prueba había dado un falso positivo, y él la acusó de ser una buscaparches durante años, hasta que descubrió que sí estaba embarazada pero perdió al bebé cuando nuestro puto padre la empotró contra el coche.
Ella se lo ocultó para que él no se culpara, y ahora, a pesar de haberse negado a tener más hijos, está embarazada otra vez y podría perderlo.
Y eso la destrozará.
—Deja que te lleve con ella —dice Cass, y Piston asiente y la sigue mientras ella guía a Perrie fuera de la sala de espera, con el brazo rodeándola donde debería estar el mío.
Steal intenta seguirlas, pero le agarro del brazo.
—Ni siquiera me ha mirado —se queja, lleno de rabia y dolor.
Suspiro y respondo:
—Le pusiste una pistola en la cabeza y amenazaste con matarla si no se largaba de la ciudad, asegurándote de que temiera por la seguridad de su hermana, así que hoy ha sido la primera vez que han tenido contacto en cuatro años. ¿Qué coño esperabas, Steal?
Gruñe y se suelta de mi agarre con un tirón antes de pasarse las manos por el pelo, frustrado, y me recuerda: —Un hermano está muerto, un hermano cuya sangre le cubría la ropa.
Asiento. —Lo sé, Steal, pero hasta tú te das cuenta de que lo manejaste mal. Ni siquiera le pediste su versión. Creíste a Faith, la chica que trabajaba para tu parche, en cuestión de segundos, en lugar de a la chica con la que querías pasar el resto de tu vida.
Niego con la cabeza mientras él baja la suya.
—Natalie está inconsciente en una cama; puede que pierda al bebé, otro más, por culpa de mi padre.
Piston está destrozado, Perrie ni siquiera me mira, y tengo esa mierda pendiente por culpa de esa zorra.
Arreglemos todo de una puta vez, pongamos a los Killers de rodillas, y luego ya veremos cómo conseguir que Cass te hable, que te dé su versión de una vez.
—Lo miro y murmuro—: Quizá ella pueda apuntarte con una pistola a la cabeza para igualar las cosas.
Levanta la cabeza de golpe, me fulmina con la mirada y suelta con desprecio: —Seguro que apretaría el puto gatillo y alegaría que Nat se tropezó con ella...
Sonrío y admito: —Pero eso significaría que Nat estaría aquí, con lo patosa que es...
Y vaya si lo es. Hace solo unas semanas tiró la moto de Piston, y ni me hagas empezar con lo de acabar cubierta de pintura de pies a cabeza o los moratones que siempre tiene.
La mujer es una patosa, pero es la patosa de Piston, y él la necesita de vuelta.
Steal se ríe y me doy la vuelta. Piston no va a salir pronto, y necesito largarme de estas putas paredes.
—¿Adónde vas? —pregunta Steal mientras salgo por la puerta, y le grito—: A ver a Aurora, a explicarle la situación; si no, ella será quien nos dispare.
Steal maldice y suspiro porque, joder, va a estar furiosa.
—¿Cómo está? —pregunto al entrar en la habitación de Natalie unas horas después, jodidamente agotado tras haber sostenido a Aurora mientras lloraba.
Al instante, mis ojos van hacia Nat, dormida, y trago saliva.
Joder.
Tiene la cara hinchada, un puto tubo metido en la garganta y cables conectados por todas partes...
—Estable —susurra Cass, y la miro. Me dedica una leve sonrisa mientras arqueo una ceja. Suspira—. Sabes que tenía que desaparecer del mapa.
Niego con la cabeza y exclamo: —Con Perrie no, Cass. Te necesitaba, y después de que te fueras, cambió. Se volvió más dura y acabó alejando a todo el mundo.
Traga saliva y se aparta el pelo rojo oscuro detrás de la oreja mientras mira a Natalie.
—Si hubiera llamado, habría querido dar señales de vida —susurra, y luego me mira—. ¿Qué decía siempre Piston si querías huir?
Frunzo el ceño, confundido, hasta que caigo, y me desinflo, murmurando: —Esconderse a plena vista.
Asiente una vez y admite: —Conseguí alquilar un apartamento pequeño de un dormitorio en el lado oeste, donde los Huntsmen casi nunca van. Conseguí las prácticas aquí, y yo-yo... —Se le apaga la voz, y suspiro.
—Tienes que hablar con ella —le digo, y se estremece pero asiente.
—Iba a ir a verla después del trabajo —admite—, pero en cuanto se le pasó la impresión, se marchó.
Frunzo el ceño. —¿Sabes dónde vive?
Nadie lo sabe. Se hace enviar todo el correo a casa de sus padres.
Cass me dedica una sonrisa astuta y dice: —Siempre he sabido dónde vive, Acid, pero está claro que ella no quería que tú lo supieras.
Entrecierro los ojos, pero ella se ríe antes de apretar suavemente la mano de Nat. Luego camina hacia el borde de la cama, deja la tablilla en el bolsillo y me aprieta el brazo.
—No sé qué pasó entre vosotros dos, pero me lo imagino. Arregla las cosas, Acid...
Y con eso, me deja a solas con mis pensamientos mientras miro a mi cuñada, sintiéndome impotente.
No puedo arreglar las cosas; todavía cabe la posibilidad de que Andrea esté embarazada, y aunque sé que no puede ser hijo mío, puede que me acostara con ella, y eso, bueno, eso es algo que Perrie no me perdonará jamás.