Acid (Los Cazadores MC nº 2) 8
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Perrie – Veinticuatro años

Parpadeo sin parar intentando contener las lágrimas mientras veo a Oliver —no, a Acid— salir furioso del restaurante, pero no se detienen; al contrario, caen con fuerza mientras respirar se vuelve jodidamente difícil.

No puede irse, no después de que nosotros… no ahora….

Observo con un nudo en la garganta cómo sube a su moto y sale derrapando del aparcamiento sin mirar atrás. Los sollozos me desbordan y me tapo la boca intentando silenciarlos, pero siguen resonando en el restaurante vacío.

Mi cuerpo tiembla y aprieto los ojos con fuerza; el asco en su mirada me golpea tan fuerte que siento que voy a vomitar.

Él me besó; él llevó las cosas tan lejos, y yo lo seguí porque en el fondo sigo siendo esa adolescente que desea que el chico al que le entregó su corazón se fije en ella.

Dios, casi me corro también. Si no hubiera tenido ese pequeño ataque de pánico, con mi mente volviendo al aborto y al dolor que sentí, y no le hubiera hecho retirarse antes de correrse, habría tenido un orgasmo, y él-él….

Oh, Dios, me dejó….

Intentando respirar entre sollozos, me bajo lentamente del mostrador.

Necesito salir de aquí, pero con las prisas resbalo.

Jadeando, caigo de culo por la cerveza de raíz derramada por todo el suelo.

Pongo las manos para amortiguar la caída, pero grito cuando un dolor agudo me atraviesa la palma izquierda, y me la miro.

Suelto un fuerte sollozo al ver el cristal incrustado en la palma mientras la sangre brota de la herida. Con cuidado, lo agarro y me lo saco, lo que hace que brote más sangre.

Lloro en silencio y tiro el cristal al suelo antes de levantarme despacio para no volver a caer. Mis ojos van a mi ropa interior rota y las lágrimas caen más rápido.

El agarre de Austin se aprieta mientras su hermano me quita los pantalones cortos y las bragas. Pateo y grito con la esperanza de derribarlo y que alguien me oiga….

Aprieto los ojos con fuerza, odiando lo que me ha venido a la mente. Acid sujetándome como lo hizo, agarrándome del pelo... no hubo pánico, solo podía concentrarme en él.

Se sintió bien, él se sintió bien, se sintió como estar en casa, y que él….

Sollozando, decido que al diablo con todo y voy hacia la puerta. La cierro con llave antes de ir a la trastienda a por mi bolso. Sin importarme que no haya limpiado el suelo ni recogido mis bragas, salgo por la puerta trasera, que se cierra automáticamente detrás de mí.

Voy al Mustang, tiro el bolso en el asiento del copiloto y me subo. Agarro el volante. Mi cuerpo tiembla mientras intento controlar las lágrimas, con el corazón partido en dos por cómo me miró.

Estaba asqueado…. Se fue….

El corazón me late con fuerza, palpitando. No puedo con esto. Respiro hondo, giro la llave de contacto, acelero, salgo marcha atrás y me detengo en medio de la carretera apretando el volante.

Miro carretera abajo y respiro hondo otra vez antes de murmurar «Al diablo» y girar, pisando el acelerador a fondo. Los neumáticos chirrían y el humo me sigue.

Poco más de una hora después, me muerdo el labio inferior mientras suena el teléfono.

—Vamos, vamos… —susurro antes de contener la respiración cuando por fin contestan.

—¿Sí? —dice una voz al otro lado de la línea, y hago una mueca.

—Hola, eh, Piston, yo… eh, creía que había marcado el número de Natalie… —tartamudeo.

Mierda, ¿habré marcado el suyo sin querer?

Se aclara la garganta.

—Sí, pero está en la ducha. ¿Por qué llamas desde un número desconocido, cariño?

Oh, oh….

Me aclaro la garganta y decido desviar el tema.

—Déjame adivinar, ¿el polvo mensual porque ninguno de los dos quiere ser infiel después de casi tres años casados? —pregunto, y hago una mueca cuando alguien carraspea detrás de mí.

Doble mierda….

—Perrie —dice exasperado.

Lo interrumpo.

—Lo sé, lo entiendo, crees que te tendió una trampa y que quiere otro bebé, y aun así te acuestas con ella pero no eres capaz de sentarte a tener una conversación racional.

Os queréis y ninguno quiere comprometerse por razones distintas, pero en serio, los dos tenéis que dejar de hacer el imbécil. Aurora opina lo mismo….

Piston gruñe.

—Vale, ¿sabes qué? Le diré a Natalie que te llame. Creía que echaba de menos tu voz después de años de gruñidos, pero ahora ya no tanto.

Hablo rápido antes de que cuelgue porque es la única llamada que me van a dejar hacer:

—Claro, pero que llame a la comisaría del centro, en la calle 6, y no le digas nada a Acid….

Se queda callado un momento y me muerdo el labio mientras miro de reojo al agente, que parece muy impaciente.

—¿Estás herida? —pregunta con calma, demasiada calma para mi gusto. El «Piston, ¿por qué tienes mi teléfono?» de Natalie apenas me llega antes de que él vuelva a hablar—: Es Perrie. Pez, contesta, ¿estás herida?

Se me llenan los ojos de lágrimas y admito:

—Físicamente no, emocionalmente…. —Sorbeo—. Yo, eh, me han detenido….

—¡¿Detenida?! —grita, y aparto el teléfono del oído dando un respingo. El agente arquea una poblada ceja negra y le dedico una sonrisa avergonzada.

—¿Qué? ¿La han detenido? —oigo que Natalie jadea horrorizada, y hago una mueca.

—Estaré ahí en veinte minutos —es todo lo que dice antes de colgar. Vuelvo a hacer una mueca y miro al agente.

—¿Tengo que esperar en la celda?

Sonríe con sorna ante mi pregunta y da un paso atrás. Gruño y vuelvo hacia las celdas.

Joder, Piston va a matarme….

—Ciento veinte. ¿Me estás vacilando, Perrie? ¡Podrías haberte matado! —grita Piston mientras el agente se baja amablemente de mi Mustang tras aparcar junto a la camioneta del club.

Le lanzo otra sonrisa avergonzada al oficial, que se ríe mientras me devuelve las llaves y murmura «Buena suerte», porque ya sabe cómo es Piston.

Resulta que fueron juntos al colegio. ¿Quién lo iba a decir?

—Piston —intenta decir Natalie, pero él le levanta la mano para que se calle, lo que hace que ella frunza el ceño y entrecierre los ojos azul oscuro.

Él suspira.

—Podría haberse matado, Nat.

Se me llenan los ojos de lágrimas y admito:

—Acid y yo tuvimos sexo en el mostrador del restaurante.

Los dos me miran sorprendidos, y susurro:

—En cuanto terminamos, se arrepintió al instante y me dejó ahí, con las piernas abiertas, las bragas en el suelo, mirándome con asco. Y-yo necesitaba respirar...

A Piston se le tensa la mandíbula antes de acercarse a mí y tomarme entre sus brazos.

Dejo escapar un sollozo mientras me agarro a su chaleco, y él me abraza con fuerza.

Oigo los pasos de Natalie antes de sentir sus labios en la sien, y aprieto los ojos con fuerza, deseando que las cosas fueran diferentes.

Gimo de dolor mientras Franky me separa las piernas y se introduce en mí. Un dolor agudo y punzante me atraviesa y grito de nuevo; Austin me tapa la boca otra vez.

No puedo respirar; siento que me muero...

De vuelta en el gimnasio, al día siguiente, golpeo el saco con fuerza mientras los recuerdos me consumen.

Después de que Piston consiguiera que retiraran todos los cargos, Nat y yo fuimos a su casita, de cuya existencia Piston no tiene ni idea, donde Aurora, nuestra amiga, nos esperaba con pizza y helado.

Pasamos la noche pintándonos las uñas, evitando hablar de Acid y de lo que pasó.

En su lugar, hablamos de la entrevista de trabajo de Nat la semana que viene y del quarterback del instituto de Aurora, del que está enamorada.

Solo tiene diecisiete años, pero es muy madura para su edad, aunque también es un cielo, por eso, cuando me dijo que Acid me quería, Natalie me dedicó una sonrisa triste; es algo que Aurora saca a relucir cada vez que nos vemos.

Aurora es inocente y lo ve todo de color de rosa, cree en el amor...

Su padre es amigo de Steal; así fue como nos conocimos todas. Natalie terminó la universidad hace dos años, y por fin la Escuela Primaria Meadow está contratando. Sé que conseguirá el puesto de maestra.

Las dos creen que me gradué; todo el mundo lo cree, pero todavía no sé qué quiero hacer con mi vida. Saqué el título en administración de empresas para ayudar a papá, pero él ya no está, y simplemente no sé si puedo llevar el gimnasio sin él.

Mis paredes se contraen alrededor del miembro de Ollie y jadeo sorprendida contra su boca, lo que le arranca un gemido mientras empuja con más fuerza. Su mano derecha me agarra el pelo y me envía hormigueos por todo el cuerpo.

La forma en que me domina y a la vez me hace sentir completa es increíble...

Golpeo el saco con jabs rápidos, izquierda, derecha, izquierda, derecha, mientras las lágrimas me escuecen en los ojos.

Se sintió tan bien hasta que dejó de sentirse así... hasta que se dio cuenta de lo sucia que soy...

—Joder, tienes que sentir lo apretada que está, hermano; sentir su sangre cubriéndote la polla es una sensación increíble —gruñe Franky.

Sollozo mientras golpeo el saco con más fuerza; me escuecen los nudillos, prueba de que me los he cortado, pero ignoro la sensación y me muevo cada vez más rápido, hasta que golpeo el saco en mal ángulo y la muñeca se me tuerce de mala manera.

Grito y caigo al suelo del ring sin hacer caso del sudor que me gotea por el cuerpo. Sollozo, con el cuerpo temblándome violentamente.

¿Por qué tenía que enamorarme de él?

¿Por qué tuvieron que mancharme?

¿Por qué no puedo ser suficiente?