Acid (Los Cazadores MC nº 2) 7 #2
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Asiento apretando los dientes, sabiendo perfectamente lo que había hecho en esa habitación antes de que yo me encargara de que cambiaran las normas.

Se aclara la garganta. —Eh, um, eh, ¿hasta cuándo se remontan exactamente?

Ladeo la cabeza hacia ella y arqueo una ceja, y me mira avergonzada cuando confirmo: —Piston borró los cinco minutos que estuviste allí cada vez. Y Tinker, ¿cinco minutos? ¿En serio? Está claro que el tío no sabía lo que hacía.

Se le encienden las mejillas y me saca la lengua, lo que me hace sonreír un poco a pesar de la angustia que me retuerce el estómago, sabiendo que se entrega a otro. Sabiendo que nunca podré tenerla.

Suspira. —Solo era algo informal. —Arqueo una ceja y sonríe con suficiencia—. Cody y yo. —Baja la vista, jugueteando con la cuchara—. Él quería algo más, así que lo dejé. Yo, eh, solo quiero centrarme en mi carrera…

No me mira mientras habla, y entrecierro los ojos ligeramente. Está mintiendo; es su tic, no mirar a los ojos cuando miente, pero no entiendo por qué.

Me aclaro la garganta, conteniendo las ganas de cantarle las cuarenta, pero me reprimo cuando susurra: —Lo siento, Ollie —y la miro.

Sonríe con tristeza—. Estaba avergonzada; por eso me alejé de ti.

Quería tenerte cerca, créeme, de verdad que sí.

Sabía que serías mi tabla de salvación después de lo de papá, pero cuando te besé, me dio vergüenza porque me di cuenta de que había arruinado nuestra amistad.

¿Qué?

Niego con la cabeza. —Perrie, tenías dieciséis años y tu padre acababa de morir; no te lo habría echado en cara. Eres mi mejor amiga, y no debería haberte dejado alejarte, y por eso lo siento.

Sonríe con suficiencia. —Bueno, en tu defensa, estabas demasiado ocupado limpiando baños como prospecto.

Gruño. —Maldita Cass, sabía que me había visto.

—Hizo más que verte, te grabó —comenta, y suelto una maldición mientras niego con la cabeza.

Me las va a pagar Cass cuando vuelva, si es que vuelve.

Perrie se ríe y la miro embelesado mientras todo lo demás se desvanece; solo puedo verla a ella y su precioso rostro. Y antes de darme cuenta de lo que hago, le rodeo la nuca con la mano y junto mis labios con los suyos y, joder—

Jadea, lo que me da la oportunidad perfecta de deslizar mi lengua en su boca y enredarla con la suya. El sabor a helado de vainilla en su lengua invade mis papilas gustativas y me hace gemir.

Solo pasan unos segundos antes de que se derrita contra mí, aferrándose a mi camisa mientras gime. Me coloco de pie entre sus piernas, que se abren para mí, y le acaricio la mejilla. Le inclino la cabeza y profundizo el beso.

Hogar... Me siento en el puto hogar mientras ella me devuelve el beso con tanta necesidad como la que yo siento al besarla.

Lentamente, sus manos van a mis costados y luego se deslizan con suavidad hacia mi espalda. En lugar de tensarme como haría normalmente, gimo contra su boca y le agarro las caderas, la levanto y la siento sobre el mostrador, tirando el vaso al suelo.

Se rompe, pero no prestamos atención. Nuestro beso se vuelve más intenso y profundo, y sin pensar, hundo una mano en su cabello suelto, lo agarro con fuerza y deslizo la mano derecha entre nosotros, presionando dos dedos contra sus bragas.

Ella gime mientras yo gruño, sintiendo lo mojada que está para mí a través de la tela. Engancho sus bragas, tiro de ellas y las rasgo, dejando que caigan. Le meto un dedo. Joder, está apretada, y tan jodidamente mojada...

Perrie rompe el beso, jadeando. Echa la cabeza hacia atrás mientras la acaricio por dentro, y observo fascinado cómo el placer se adueña de su rostro.

Aprieta los ojos con fuerza, y sé que está lista para correrse, así que retiro el dedo de golpe. Jadea sorprendida, pero lo ignoro y hago algo que nunca he hecho antes: me chupo el dedo. Su sabor me golpea con fuerza, mi polla suplica por liberarse.

Los ojos de Perrie se dilatan. La beso, obligándola a probarse, mientras saco el condón del bolsillo trasero y me desabrocho los vaqueros, bajándomelos hasta los muslos.

Me enfundo, coloco la punta de mi polla en su entrada y empujo lentamente dentro de ella, gimiendo contra su boca mientras sus paredes se contraen a mi alrededor.

Perrie gime y me agarra del pelo. La rodeo con los brazos mientras empiezo a embestir, moviendo las caderas para alcanzar su punto G.

Nuestro beso se intensifica, se vuelve más salvaje, y gimo cuando siento que sus paredes me aprietan mientras un hormigueo me recorre la espalda.

Solo ella. La escucho, la siento, pienso en su cuerpo contra el mío; me consume por completo. Embisto más fuerte, sintiendo un placer que nunca antes había conocido.

Perrie rompe el beso, jadeando. Bajo los labios a su cuello, muerdo y chupo con fuerza, lo que hace que sus paredes me aprieten.

—Sal y córrete en el condón —dice con voz ronca.

No me lo pienso dos veces, le hago caso y salgo rápidamente, creyendo que ella ya se ha corrido. Me aprieto la polla, gimiendo contra su piel mientras me vacío, y la vista se me oscurece por un momento.

Joder...

Respirando con dificultad, me subo los vaqueros sin quitarme el condón y rodeo a Perrie con los brazos mientras ella me rodea el cuello con los suyos. Cierro los ojos cuando hunde la cara en el hueco de mi cuello; su aliento me eriza la piel.

Joder, ella es mi hogar. La revelación me golpea con fuerza y aprieto los ojos mientras los recuerdos regresan multiplicados por diez.

—¡Fóllatela más fuerte, Oliver, o iré a buscar a Elijah! —espeta Aiden, golpeándome la espalda con un bastón. Las lágrimas me caen por la cara mientras embisto más fuerte dentro de la mujer que tengo debajo.

Bajo la cabeza y hundo la nariz en la clavícula de Perrie, intentando deshacerme de los recuerdos. No quiero huir ahora que por fin la he tenido, que por fin la tengo en mis brazos...

No quiero perderla.

Forcejeo mientras el tipo me sujeta las manos por encima de la cabeza y la mujer me cabalga. La bilis me sube a la garganta cuando ella se inclina hacia atrás y me agarra las bolas, apretándolas, queriendo que me corra. Pero no lo haré; no lo he hecho en casi un año.

Se me eriza la piel mientras sus caderas se mueven más rápido, sus ojos grises llenos de determinación...

—Joder —digo ahogándome.

El arrepentimiento me golpea con fuerza porque sé que ahora tendré que dejarla.

Estoy jodidamente sucio. Estoy manchado. Ella no querría que ninguna parte de mí la tocara, y ahora, porque soy egoísta, porque la amo, he dejado que mi suciedad manche su piel preciosa.

Joder, no, por favor...

Lentamente, me aparto; mi cuerpo ignora mis súplicas. No miro a Perrie a los ojos mientras me abrocho los vaqueros.

—¿Ollie? —susurra. Sacudo la cabeza; se me llenan los ojos de lágrimas.

—Yo, eh, esto fue un error, Perrie. No debería haberte besado o-o... Lo siento —tartamudeo, destrozado. Me alejo de ella y la dejo en el mostrador.

Por fin la recuperé; por fin recuperé a mi mejor amiga, y acabo de joderlo todo en un momento de debilidad.

No la merezco; no merezco a nadie.