Capítulo veintinueve
—¡No me puedo creer que de verdad lo estemos haciendo! —dijo Amber, con la voz cargada de emoción—. ¡Nos mudamos a los Evergreens!
Tras los angustiosos sucesos del día anterior, la dirección del complejo decidió que necesitaban un equipo de emergencias a tiempo completo compuesto por bomberos, personal sanitario y seguridad.
Aaron y Beckett fueron los dos primeros miembros de ese equipo.
Sentado en la cabaña, Aaron echó un vistazo a su alrededor y dijo:
—Y este lugar es ahora nuestro hogar. Por un tiempo. Hasta que nos construyan algo más grande aquí en el recinto.
—Nos apañaremos —le dijo Amber. Con una sonrisa pícara, añadió—: Aunque tendrás que largarte cuando traiga chicos. No hay mucha intimidad aquí.
Aaron se sonrojó intensamente al pensarlo. Mmm. ¡Aquello iba a ser maravilloso!
Sentado frente a él en la mesa de la cocina, Beckett también sonrió. Pero no comentó lo que Amber había dicho, sino que volvió a los aspectos prácticos de la mudanza.
—Voy a ir a casa, preparar algunas cosas y presentar mi renuncia con dos semanas de antelación el lunes.
—Igual —le dijo Aaron—. Voy a echar de menos a los chicos de mi equipo, pero estoy demasiado emocionado con esta oportunidad como para dejarla pasar. Tendremos que ir y venir un tiempo, para vender la casa y cerrar el trato y todo eso. Pero no es para tanto.
Amber parecía emocionada mientras se inclinaba hacia delante.
—Dos semanas en casa me darán tiempo para dejarlo todo listo. Y… para tener esa cita con James antes de dejar el concesionario.
Le brillaron los ojos.
—Y que me folle hasta perder el sentido.
Los dos hombres casi se caen de las sillas.
Aaron no podía creer que aquella fuera su vida. Era como si todos sus sueños se estuvieran cumpliendo.
Bueno, la vida ya era perfecta antes, cayó en la cuenta. ¿Cómo no iba a serlo con Amber?
¿Pero ahora?
Toda esa diversión extra —el complejo, el Little Space, el cuckolding, sus nuevos amigos— era la guinda del pastel.
O las guindas del pastel.
Un montón de guindas dulces y deliciosas.
Fin.