Capítulo 25
La emoción de la mañana se desvaneció, y Aaron volvió a preguntarse qué pensarían los chicos del parque de bomberos si supieran cómo estaba pasando su semana de vacaciones.
Esos temores se aliviaron un poco cuando Grant volvió justo después del almuerzo. Esta vez, sin embargo, venía con Millie, y estaba claro que no ocurriría nada travieso durante esta visita.
—Tenemos que volver a casa por un tiempo. Pero regresaremos en dos semanas —anunció Grant—. ¿Podríais quedar aquí de nuevo con nosotros?
Aaron y Amber intercambiaron miradas.
—Quizás. Depende de mis turnos. —Aaron miró de nuevo a sus nuevos amigos y explicó—: Tengo un horario raro.
A veces me ponen en el turno de 48/96. Paso dos días en el parque, pero luego tengo cuatro días libres.
Si cayera durante uno de esos periodos, podríamos volver fácilmente.
Pero, claro, depende del horario de Amber en el concesionario.
Amber asintió.
—Tengo más días de vacaciones acumulados. Quizás podamos cuadrarlo.
Grant la miraba directamente cuando volvió a hablar, como si la conversación fuera principalmente entre ellos dos, algo que no pasó desapercibido para Aaron.
—No quiero complicaros las cosas, así que si hace falta, siempre podríamos ir nosotros a visitaros a vuestra zona. Es decir, si no os importa. —Su expresión era bastante sugerente—. Me encantaría verte pronto.
Aaron miró instintivamente a Amber, para no perderse su reacción.
Efectivamente, estaba sonrojada. Y el brillo en sus ojos le dijo a su marido exactamente lo que ella sentía por la confesión de Grant.
—A mí también me encantaría verte.
Durante ese momento, parecía que solo existían ellos dos en la habitación.
Millie y Aaron se miraron, los dos Littles a punto de echarse a reír. Unos segundos después, Millie no pudo contenerse más y canturreó burlona:
—Ooh, papi tiene novia, papi tiene novia.
Aaron se rio.
—Oh, cállate, cariño. —Pero Grant claramente no estaba enfadado mientras le daba un beso en la cabeza a su prometida—. La tía Amber y yo simplemente disfrutamos de nuestra mutua compañía.
—¿Así es como lo llamáis ahora? —preguntó Millie con otra risita.
Aaron también se partía de risa.
—¿Tú también te unes? —le preguntó Amber.
Solo pudo asentir.
—La vida con Littles, ¿eh? —dijo Grant.
Amber asintió en señal de acuerdo.
Unos golpes en la puerta interrumpieron la escena y Aaron fue a abrir, olvidando por un momento que solo llevaba una camiseta y un pañal.
Ahora que lo pensaba, también se había olvidado de eso mientras hablaba con Grant y Millie.
Vaya. Supongo que así es la vida en los Evergreens, pensó.
—Hola, Beckett.
El otro hombre sonrió.
—Hola, Aaron. ¿Te pillo en buen momento?
—Claro. Pasa. Millie también está aquí.
Beckett entró y luego dijo:
—Hola, Millie. También te estaba buscando. ¿Queréis ir al parque acuático un rato?
Millie frunció el ceño.
—Me encantaría, pero tenemos que ponernos en camino. Papi tiene que reunirse con algunos clientes esta tarde y los próximos días. Yo también tengo que ocuparme de algunas cosas en casa. Te envié un mensaje esta mañana para despedirme.
Beckett parecía un poco avergonzado mientras se frotaba la nuca.
—Sí. Eh, es que he perdido el móvil en algún sitio.
—¡Oh, cariño! —dijo Amber. Se acercó un poco más y añadió—: Por cierto, aún no nos hemos presentado.
Beckett sonrió.
—¡Tú eres Amber! Te vi anoche cuando estábamos... eh, jugando.
Amber se rio.
—Querrás decir cuando estabais espiando.
Él hizo una mueca.
—Sí, señora. Lo siento. ¡Pero no vi nada! De verdad.
—Te creo, cariño. —Con una mirada de simpatía, añadió—: ¿Has perdido el móvil?
Él asintió.
—Ya aparecerá. Seguramente alguien lo habrá llevado a la oficina. Seguro que estará en objetos perdidos luego.
—Pobrecito —dijo ella—. Dinos si quieres que te ayudemos a buscarlo, cariño.
—Gracias, señora.
A Aaron le sorprendió lo metida que estaba Amber en el papel. ¡Estaba en modo mami total! ¿Estaba simplemente siguiendo el juego, o ahora le salía de forma natural?
Pensándolo bien, decidió que todo lo relacionado con su estancia en los Evergreens parecía surgir de forma natural. Para los dos.
—Me llamo Beckett —continuó el otro Little—. Es un placer conocerla, señora.
—Bueno, Beckett, eres tan mono que no hay quien te resista.
El Little se sonrojó.
—Gracias, señora —dijo Beckett, y apartó rápidamente la mirada de Amber, sintiendo obviamente... algo.
Y así sin más, Aaron volvió a sentirse como un cornudo consentido, pero de una manera diferente.
La dinámica de Mami Dominante y Niño Pequeño que él y Amber compartían no había surgido fácilmente al principio.
La habían ido perfeccionando con el tiempo, dedicándole esfuerzo e inversión.
Y aunque ciertamente no le importaba que ella tratara a Beckett de esa manera —incluso le encantaba—, era otro ejemplo más de ella compartiendo intimidad con otro chico.
No era sexo, obviamente.
Pero seguía siendo íntimo.
Joder.
Millie interrumpió esas reflexiones: —Volveremos en un par de semanas. ¿Estarás por aquí?
—Quizás —le dijo Beckett—. Tengo días de vacaciones que o los uso este verano o los pierdo. Llevo años acumulándolos. Así que es bastante probable que sí.
—Nos escribimos —sugirió Millie—. Eh, cuando encuentres tu teléfono. Pero ya quedaremos para concretar los detalles. ¡Sería genial que los tres pasáramos más rato juntos!
Los otros dos Littles asintieron.
Todos se despidieron entre abrazos, y Grant y Amber se dieron un beso de despedida bastante apasionado.
Aaron casi se desmaya. Esperaba que nadie notara el bulto palpitante que le abultaba en el pañal.
Aunque iba a ser difícil no verlo, con lo empalmado que estaba.
Una vez que Grant y Millie se fueron, Aaron vio un deje de anhelo melancólico en los ojos de Amber, y sintió una punzada de celos. Pero no le molestó en absoluto. ¡Estar celoso era hasta divertido! No sabía explicarlo. ¿Quién entendía a los cornudos?
En fin. Era como era. Sin embargo, una vez más su confianza flaqueó por un momento al pensar en el cuartel de bomberos. Vaya, si los chicos pudieran ver todo esto, lo echarían del trabajo entre carcajadas. ¡El capitán le mandaría al psiquiatra!
—¿Te apetece ir al parque acuático? —le preguntó Beckett.
Aaron guardó esos temores para otro momento y le dijo a su amigo: —Sí. Bueno, si Mami está de acuerdo.
Ambos hombres miraron a Amber.
—Bueno, ¿cómo puedo decir que no a un par de monadas como vosotros? Por supuesto. Iré con vosotros. Dejadme ponerme el bañador.
Ya iba hacia el dormitorio de la cabaña cuando dijo por encima del hombro: —Tenéis que salir fuera mientras me cambio.
—Sí, señora —dijo Beckett mientras se giraba y se dirigía a la puerta principal.
—Nos vemos en un rato —le dijo Aaron, y cerró la puerta cuando el otro salió.
Se acercó a Amber, pero se detuvo cuando ella se giró y negó con la cabeza. —Oh, no, jovencito. Eso también va por ti.
—Pero...
—No vas a quedarte ahí mirándome mientras me preparo.
—Mami...
—No discutas conmigo. ¿O quieres otra azotaina?
Aaron tragó saliva. —No, señora. ¡Por favor!
—Entonces haz lo que Mami te ha dicho.
—Sí, señora.
Salió arrastrando los pies para reunirse con Beckett, preguntándose cuándo volvería a ver a su esposa desnuda.
¿Cuándo volvería a disfrutar de su coño?
Esto era una tortura. Pura tortura.
Pero también era pura diversión.