Regan #3
—Tu única responsabilidad en este momento es descansar.
Me observó con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados.
—No. Estoy bastante seguro de que esta vez la que se equivoca eres tú.
Hace tan solo un momento, mi novia estaba aterrorizada —replicó, haciendo una pausa para depositar un beso suave en mi cuello—.
Y sola. —Otro beso en mi clavícula—. Y creía que la iban a matar.
Así que antes tengo que encargarme de ella.
Bajó por mi cuerpo dejando todo un sendero de besos húmedos entre mis pechos.
—Estabas asustada y, aun así, me llamaste a mí para que viniese a rescatarte. ¿Por qué?
—Porque sabía que llegarías antes que nadie. —Contuve el aliento con fuerza cuando siguió bajando por mi vientre.
—¿Eso es todo?
—Y porque sabía que podrías detener a quienquiera que hubiese entrado en mi casa.
—Ajá —murmuró contra mi piel mientras me enredaba un dedo en la cintura de los pantalones y me los bajaba de un tirón—. ¿Y?
—Y porque sabía que no me sentiría a salvo hasta que estuvieses aquí conmigo. Que no podría estar tranquila, o respirar con calma, o dormir a menos que vinieses.
Levantó la cabeza y sus ojos azules se encontraron con los míos.
—Buena chica.
Y entonces, su boca descendió a toda prisa hacia mi centro, lamiéndome y acercándome más a él para poder recorrerme entera. Cada pasada de su lengua me despertaba una cálida oleada de placer, cada una más intensa que la anterior. No podía pensar, ni siquiera podía respirar.
Enredé mis dedos entre sus mechones, aferrándome a su cabello con todas mis fuerzas y tirando de él hacia mí, dejándome llevar por el placer mientras Rook me acercaba cada vez más al clímax.
Él respondió a mi pregunta silenciosa de inmediato, entregándose por completo a darme más y más placer.
Era implacable, su lengua lamía en círculos mi clítoris mientras sus dedos me penetraban.
Solté un sonoro gemido, esa combinación me llevó al límite.
Estaba arrastrando las manos por su pelo y por las sábanas, sin saber a dónde aferrarme, mientras me dejaba llevar por el placer, agarrándome a sus mechones con tanta fuerza que estaba segura de que debía de estar haciéndole daño, pero aquello no le hizo detenerse.
No paró hasta dejarme jadeante y sin aliento, con todo mi cuerpo convertido en una pila de huesos y músculos desmadejados, hundiéndome un poco más en el colchón con un sonoro suspiro.
E incluso continuó devorándome unos segundos más, antes de volver a subir lentamente por mi cuerpo, con su piel cálida deslizándose con suavidad sobre la mía.
Me dio un beso dulce en los labios, antes de mirarme directamente a los ojos, sumiéndonos así en un instante mucho más dulce que el que acabábamos de compartir.
Por si antes no me había quedado claro lo agotado que estaba en realidad, en ese momento fue más que evidente.
—Eso no era exactamente a lo que me refería con lo de que nos fuésemos a dormir —jadeé, en algo parecido a una especie de carcajada suave, un tanto mareada por lo que acababa de hacerme.
—¿Ah, no? Pues esto era justo en lo que yo tenía en mente.
Enterré mi rostro en su pecho. Los ojos se me estaban cerrando poco a poco mientras luchaba por mantenerme despierta. Rook dejó caer la barbilla sobre mi coronilla, y su aliento suave me meció el cabello. Eso era justo lo que necesitaba. Ese era mi lugar seguro.
—No tenías por qué hacer eso —murmuré, recorriéndole la mandíbula con los dedos en una caricia suave—. Deja que...
—No —me interrumpió con dulzura, revolviéndose sobre el colchón para tumbarse cómodamente de lado junto a mí—. Has dicho que íbamos a dormir, ¿o es que ya te has olvidado?
—Tienes pinta de no haber pegado ojo desde hace días.
—No te equivocas —dijo, con los ojos cerrados, esbozando una sonrisa perezosa—. Pero, para que quede claro, no me importaría en absoluto aceptar tu oferta más tarde. Preferiblemente cuando esté lo bastante despierto como para disfrutarla de verdad.
Se tumbó de espaldas sobre el colchón y suspiró con fuerza cuando sus hombros se hundieron en la cama.
—Ahora ¿qué te parece si pones alguno de esos episodios viejos de Dateline de fondo para que pueda dormir un poco?
Suspiré con fuerza, me acurruqué contra su cuerpo y encendí la televisión.
—Eres imposible —murmuré, recostándome sobre su pecho mientras el resplandor de la pantalla iluminaba la estancia.
Rook me pasó un brazo alrededor de la cintura como si nada, y sus dedos se deslizaron por mi cadera, dibujando círculos perezosos sobre mi piel desnuda.
—Lo sé —respondió, con la voz ronca por culpa del sueño.
Me fijé en que su respiración empezaba a acompasarse poco después, con su aliento cálido y regular deslizándose entre mis mechones, y no pude evitar sonreír.
Dejé que su calor me envolviese, que se librase de la tensión con la que llevaba meses cargando. De repente, el ruido de mi cabeza se apagó, como solo ocurre cuando te sientes verdaderamente a salvo, en casa.
Y, por primera vez en mucho tiempo, no me costó nada quedarme dormida.