Capítulo 39
Rescate
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El pánico, controlado apenas por la necesidad urgente de actuar, llevó a Sofía y Ezequiel de vuelta al ala antigua esa misma noche, siguiendo cada pista que el Custodio pudo darles sobre posibles ubicaciones ocultas dentro del campus donde la Cofradía pudiera retener a alguien sin ser detectada por el resto de la institución.
Encontraron el sótano detrás de una puerta oculta en el sector más profundo del ala clausurada, protegida por una cerradura que Ezequiel logró forzar con una combinación de fuerza y desesperación que le dejó los nudillos raspados.
Tomás estaba ahí, atado pero consciente, con signos evidentes de haber sido interrogado con más agresividad de la que la fotografía había sugerido, un corte reciente sobre la ceja.
—Tardaron —dijo, con una sonrisa débil que no lograba disimular el alivio genuino de verlos aparecer en la puerta.
Liberarlo requirió enfrentarse a dos miembros de seguridad de la Cofradía que custodiaban el pasillo exterior.
Ezequiel, con una furia que Sofía nunca le había visto antes, se enfrentó físicamente a ambos hombres con una determinación que dejó claro, de una vez por todas, de qué lado había elegido estar definitivamente, sin vuelta atrás posible.
Lograron sacar a Tomás del sótano, apoyándolo entre los dos mientras corrían hacia la salida más cercana del ala antigua, sus pasos resonando desiguales contra la piedra.
Pero en su prisa por escapar, activaron, sin darse cuenta, un mecanismo que Sofía reconoció demasiado tarde: el mismo tipo de alarma silenciosa que había marcado el inicio de sus problemas semanas atrás.
Solo que esta vez, las luces del ala antigua completa se encendieron de golpe, revelando docenas de miembros de la Cofradía ya reunidos, vestidos con túnicas ceremoniales, en pleno proceso de preparación para lo que Sofía entendió, con horror, no era un ritual programado para diez días después.
Era esa misma noche.