Capítulo 40
Decisión tardía
· · ·
Decidieron acercarse a Mateo antes de que otros pudieran hacerlo primero, conscientes de que cada día que pasaba representaba un riesgo creciente de que él quedara expuesto a la misma manipulación que había marcado la vida de Valentina.
Camila organizó el encuentro, presentándolos como conocidos suyos interesados en hablar sobre «un tema familiar complicado», una descripción que resultó insuficiente en cuanto Sofía y Ezequiel intentaron explicar la verdadera magnitud de la situación.
—¿Me están diciendo que soy hijo de una especie de líder de una organización secreta de la que nunca escuché hablar en mi vida? —Mateo los miró con una mezcla de incredulidad y una creciente irritación—. Esto suena a una broma de muy mal gusto.
Mateo se quedó, después de que se fueran, sentado en el mismo banco donde habían hablado, mirando el teléfono en su mano como si pudiera, de alguna forma, deshacer con un solo gesto todo lo que acababa de escuchar.
—Ojalá lo fuera —dijo Sofía, con toda la sinceridad que pudo reunir—. Créeme, entiendo lo difícil que es procesar esto.
—¿Tú lo entiendes? —La voz de Mateo se elevó, cargada de una rabia que había estado acumulándose desde el inicio de la conversación—.
Aparecen de la nada, después de veinticinco años de mi vida sin que nadie mencionara nada de esto, y esperan que simplemente lo acepte porque conviene en este momento.
—No esperamos que lo aceptes fácilmente —intervino Ezequiel, con calma—. Solo necesitamos que sepas la verdad, porque hay gente peligrosa que probablemente ya sabe quién eres, y que no dudará en usarte de la misma forma que intentaron usar a Valentina.
Mateo se quedó en silencio, procesando, la ira dando paso lentamente a algo más parecido al miedo auténtico.
—¿Qué tipo de peligro?
Le explicaron, con el mayor detalle posible, la historia completa: el vínculo, la Orden, lo que le había sucedido a Valentina, el patrón de generaciones de herederos usados y descartados según la conveniencia del poder.
Al final de la conversación, Mateo, visiblemente abrumado, se levantó, alejándose unos pasos, procesando en silencio.
—Necesito tiempo —dijo finalmente—. Todo esto es demasiado de golpe.
—Lo entendemos —dijo Sofía—. Pero por favor, ten cuidado. No sabemos con certeza si ya saben de tu existencia.
Se despidieron con la promesa de mantenerse en contacto, dejando a Mateo con más preguntas que respuestas, pero al menos con la información necesaria para protegerse.
Esa misma noche, mientras Sofía y Ezequiel discutían los siguientes pasos, el teléfono de Camila sonó con una llamada urgente.
—Es sobre Mateo —dijo, la voz tensa—. Alguien lo contactó hace apenas unos minutos.