Academia de musas 1. Exilio 8 #2
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Lo digo así porque no sé cómo me considero, pero quiero que Michael sepa que compartimos esta parte de nuestra identidad. Que puede que hayamos aprendido algunas de las mismas oraciones y costumbres a pesar de los mundos tan opuestos de los que venimos.

Eso significa algo para él: lo veo en su expresión y en el brillo de sus ojos. Reaviva una chispa de la tensión entre nosotros. Otal vez esto solo sucede en mi cabeza. Desvío la mirada antes de hablar:

—Siempre he asociado el Renacimiento con el cristianismo europeo blanco.

Lo comento, porque la diversidad que he visto en Génesis hasta ahora no se ajusta a esa vieja imagen. Los estudiantes y el personal son de una variedad de etnias tan múltiples como las que estoy acostumbrada a ver en la ciudad de Nueva York.

—Es una asociación lógica, ya que la Iglesia dictó la historia conocida.

Pero no fueron solo las culturas griega y romana las que dieron forma al Renacimiento.

Gran parte de las matemáticas y de la ciencia procedían de países islámicos.

La Academia de las musas tenía estudiantes de todo el mundo y era conocida por aceptar a los marginados de otros lugares.

De hecho, aunque las comunidades judías estaban confinadas en guetos y tenían limitadas las profesiones que se les permitía ejercer, la influencia de la Academia llevó a Italia a convertirse en uno de los primeros países en admitir a que judíos estudiaran medicina.

Muchos médicos, impresores y mecenas de las artes judíos influyeron en el Renacimiento.

—Oh, vaya, vale. Entonces, ¿existe algún tipo de religión de los Hacedores?

—No, los Hacedores continúan con la creación del mundo y eso significa cosas diferentes para cada persona.

Aunque fue la Iglesia la que exilió a los Hacedores, todavía hay muchos que son cristianos.

Yhay al menos veinte religiones más en nuestras comunidades, así como muchos ateos.

Aunque la religión ha sido una de las principales causas de guerra y división en la historia del mundo provincial, los Hacedores creen que es algo que debería unir a la gente, no dividirla.

Muchos Hacedores utilizan el término «el Conductor», el que orquesta todas las cosas, para referirse a un concepto general compartido de Creador.

Ah, eso explica aquellos comentarios.

—Así que, ahora que has tenido la oportunidad de instalarte, deberíamos discutir sobre tu galería para el Quórum —dice Michael directo al grano—.

Me han asignado como mentor de tu aprendizaje.

La mayoría de los aprendices se convierten en oficiales a los trece o catorce años, así que creo que lo mejor para nosotros sería celebrar el Quórum en primavera.

De lo contrario, tendrás que esperar hasta el próximo otoño.

Ahora faltan menos de tres meses para este Quórum.

Michael se lanza a profundizar en cada uno de los cinco gremios mientras tomo algunas notas básicas. Cuando termina tengo la siguiente lista:

Sofistas (zafiro): ciencias sociales y humanidades

Artesanos (amatista): bellas artes y teatro

Alquimistas (esmeralda): química y geología

Codificadores (perla): matemáticas y física

Biocientíficos (ámbar): biología y medicina

Siento una ansiedad familiar en mi pecho. No domino ninguna de estas asignaturas, no sé nada de estos temas.

—Entonces, ¿cómo me preparo exactamente para el Quórum?

—Como tu mentor, mi trabajo consiste en ayudarte a organizar una colección de trabajos que demuestre tus habilidades, pasiones y talentos.

Esto se parece de nuevo a las solicitudes de ingreso a la universidad. Ytres meses pasan volando.

—En cuanto a tus habilidades, sé que tocas la guitarra...

—No muy bien —le recuerdo. Hay una pausa mientras ambos navegamos por el recuerdo de la última vez que hablamos de esto y del flirteo que lo siguió. Al menos, eso es lo que estoy haciendo. Él tal vez ya lo ha superado.

—Es un buen comienzo —dice Michael—. La mayoría de los Hacedores toca al menos un instrumento.

No bromea. Como mínimo, he contado cuatro estuches de instrumentos en esta habitación, la mayoría con formas similares a las de la guitarra, y luego uno cuadrado y más pequeño, que debe de ser algún tipo de trompa.

—Deberíamos asegurarnos de que puedas interpretar una canción. ¿Compones música?

—He hecho mis pinitos —digo pensando en que ayudé a Kor con algunas de sus primeras canciones. Me parece que eso debería contar.

—Perfecto. Una canción bien ensayada de cosecha propia sería un bonito toque.

Le daremos prioridad —dice, y garabatea algo en un cuaderno elegante con el papel amarillento y la cubierta de cuero que se ata con un cordón—.

También sabemos que se te dan bien las plantas.

Me aseguraré de que estés apuntada en las actividades del invernadero e informaré a tus instructores para orientar esa fortaleza —sigue garabateando—. ¿Cuáles son tus otros talentos?

Este interrogatorio hace rechinar cada una de mis inseguridades. ¿Lo decepcionaré con facilidad por no tener ningún talento? Estoy bastante segura de que lo que tiene en mente no es mi destreza con el snowboard .

—Me gusta escribir historias —digo como si me rindiera.

Sonríe mientras también anota eso en sus apuntes.

—Contar historias es un punto fuerte de mi gremio, los sofistas. Sin duda, sería una buena opción para ti. ¿Qué hay de algún otro arte? ¿Pintas?

Me gusta pintar. Bueno, me gusta empezar a pintar, luego ya.

Se me da mejor dibujar. Aunque la última vez que Kor trató de ayudarme con mi dibujo dijo que mi trabajo no mejoraría hasta que aprendiera a «observar correctamente» y estuviera dispuesta a tener paciencia para «deconstruir las distintas capas de una pieza».

—Sé dibujar, pero no se me da muy bien —le digo a Michael.

Me mira frunciendo el ceño.

—¿Por qué sigues haciendo eso?

—¿El qué?

—Restar importancia a tus habilidades.

—No estoy restando importancia a nada. Soy mediocre a mi manera —digo con una sonrisa exagerada—. Aprendiz de mucho, maestro de nada, encantada de conocerte.

Esto es lo último que quiero admitirle a Michael, pero es mejor expresarlo ahora que ver su decepción cuando se dé cuenta por sí mismo. Resopla.

—Estás muy lejos de la mediocridad. ¿Acaso conoces el resto de ese dicho?

—¿Hay más?

—«Aprendiz de mucho, maestro de nada, pero a menudo es mejor que maestro de uno» —cita—.

¿Ysabes a quién se refería? —dice con tono de escarmiento—.

Aun joven actor novato de quien se burlaban por intentar escribir, más conocido como William Shakespeare.

—Su voz se suaviza y su mirada se encuentra con la mía—.

Aquí, en Génesis, siempre se anima a los alumnos aficionados.

Cuela. Suena bien sobre la teoría. Aunque no ha visto lo principiante que es mi nivel en comparación con los años que ellos llevan desarrollando su talento.

—Si tú lo dices.

Tanto él como los demás lo verán por sí solos muy pronto.

Rompe el contacto visual y sacude la cabeza mientras vuelve a mirar su cuaderno.

—Vas a tener que practicar para ser menos dura contigo misma si quieres fomentar tu propio crecimiento.

Me aseguraré de añadir otros estudios de arte en tu agenda para que puedas preparar algunas piezas para tu galería.

Cuando nos acerquemos al Quórum podemos reunirnos de nuevo para ver cómo lo llevas.

Luego me ofrece su teléfono para llamar a casa.

Aunque Arcadia está aislada en su mayoría y por desgracia lejos de cualquier torre con cobertura, la oficina de Michael dispone de un teléfono para su trabajo como enlace oficial de Génesis con la sociedad provincial.

Antes de aceptar venir, me dijeron que podría usarlo para mantenerme en contacto con mi familia.

Una de las primeras directrices que tengo de las Familias es encontrar un modo alternativo de comunicación con Kor, quien será mi enlace.

No puedo confiar en que este teléfono o cualquier correo que envíe sean seguros, pero si no puedo encontrar una alternativa mejor de pasarle información a Kor esperaré a dársela en persona cuando viaje a casa para las vacaciones.

O,en el peor de los casos, usaré el teléfono con conexión por satélite.

Michael me deja sola en su despacho para que tenga intimidad en la llamada.

Me enferma la idea de violar su espacio personal, pero me sobrepongo sabiendo lo que tengo que hacer.

Empiezo usando el teléfono para llamar a mi madre y avisarla de que he llegado bien. No contesta, pero le dejo un mensaje.

Luego cuelgo y evalúo la habitación. ¿Por dónde empiezo?

Las tres primeras directrices de Kor con respecto a las cosas que debo identificar son:

Un modo de comunicación seguro.

La ubicación del instituto y el modo para acceder.

Un método para dotar de habilidades a los que no son sire.

Y he añadido la última:

Una cura para el abuelo.

Las estanterías parecen un buen lugar para empezar, pero hay demasiados libros. Saco mi móvil —que había sacado de su escondite para este fin— y lo uso para fotografiar las estanterías. Las fotos me servirán más tarde para ver si hay algo que merezca la pena.

Me apresuro a acercarme al escritorio de Michael. El gran libro que estaba leyendo está escrito en hebreo. Echo una foto, ¿por qué no? Rebusco en sus cajones, pero todo parece estándar y corriente, excepto una caja con bombones de chocolate para emergencias. Seguimos.

Hago fotos a todo tipo de documentos, pero mi ansiedad empieza a dispararse al imaginar que Michael puede volver en cualquier momento.

Hay un montón de cartas lacradas en un libro, que tiene la balanza de la justicia estampada en la cubierta.

Este es el emblema de los sofistas, el gremio de Michael.

Por fortuna, todos los sellos están rotos, por lo que soy capaz de fotografiar fácilmente sus contenidos sin demasiado alboroto.

Grabo un vídeo mientras hojeo su cuaderno en caso de que haya algo útil allí.

Lo comprobaré más tarde. Tengo que seguir moviéndome.

El corazón me late tan fuerte en los oídos que me preocupa no oír si viene alguien.

Hay un cajón delgado debajo del centro del escritorio que casi paso por alto.

Cuando lo abro, está vacío, excepto por la gran llave que el maestro rector Bloche le dio a Michael ayer.

Es tan larga como mi mano de la punta del dedo a la muñeca y pesa mucho.

Hay un grabado del emblema de Génesis del Hombre de Vitruvio , y los dientes de la llave parecen increíblemente intrincados.

Hago una foto, guardo la llave y cierro el cajón.

Paso del escritorio a un armario alto lleno de archivos sobre lo que parecen ser otros reclutas, o reclutas potenciales. Foto, foto y foto. El siguiente estante es todo de vinilos provinciales. Muy chulos, pero inútiles.

Grito al oír un portazo en algún lugar del pasillo. Probablemente no es Michael, pero la cantidad de ansiedad que puede contener mi cuerpo ha llegado a su límite. Cotillearé más la próxima vez que venga a pedir prestado el teléfono.

Respiro hondo unas cuantas veces antes de salir con despreocupación del despacho de Michael, como si tuviera todo el derecho a estar aquí, porque lo tengo.

Estoy mareada por la adrenalina mientras navego por el laberinto de corredores hasta mi habitación en el ala de invierno, pero me encuentro totalmente perdida en un pasillo desconocido.

Hay fragantes glicinas colgando del techo y un mural impresionista de un jardín se extiende por la pared.

Retrocedo y reconozco de golpe el rígido cuero y la brillante plata de la Guardia Avant cuando dos soldados doblan la esquina.

Vaya... ¿Por qué ahora?

Paso junto a ellos aparentando la mayor inocencia posible, pero no funciona.

—Buenas, ¿cómo te llamas? —me dice un guardia con una nariz afilada y el pelo canoso que no pegan con su apariencia juvenil.

—Ada —digo con una sonrisa, sin detenerme ni aminorar el paso.

—Esa es —apunta el otro guardia, fornido y rubio.

—¿Seguro?

Hacen una pausa, pero sigo andando, y ellos no me impiden atravesar el pasillo hasta el siguiente vestíbulo, más familiar, pues es la luminosa sala del Equinoccio.

¿« Esa es» ? ¿ Qué significa eso?

Tan discretamente como puedo saco mi móvil del bolsillo de la sudadera y lo meto entre la cintura de las mallas y las bragas.

Cuando el ruido de las botas se vuelve más fuerte detrás de mí, mi instinto es huir, pero me obligo a mantener un ritmo normal.

Relajo los hombros y contengo la respiración entrecortada.

—Alto —me dice uno de los guardias.

Obedezco con el corazón acelerado. Me reajusto la ropa, tiro de mi sudadera hasta los muslos y también contraigo el estómago, todo para que no se vea el contorno del dispositivo.

El móvil está bloqueado, pero podrían obligarme con facilidad a desbloquearlo.

Yno existe ninguna excusa inocente para las fotos y vídeos que acabo de hacer.

Pero lo pienso mejor y estos guardias no tienen motivos para sospechar de mí, ¿verdad?

Tal vez solo tienen una simple pregunta.

—Ada Castle —dice el guardia con una voz que resuena en todo el Equinoccio—. En nombre de la Corona de Sangre y el Consejo de Hacedores le ordenamos que se someta a un registro de sus pertenencias.

Siento un peso gigantesco en el estómago. Estoy atrapada.