10 En el Corazón de los Malafortunados #2
Mary Lou, Bert, y el resto de la pandilla voltearon con sorpresa para encontrar ni más, ni menos, que al alguacil Nelson, sosteniendo un rifle humante entre sus manos.
¿Y junto a él?
Junto a él estaba el mismismo Billy Nelson, sujetando el revólver de la Sra. Rita.
Mary Lou sí dejó escapar unas lágrimas por él, feliz de verlo, y sonrió. Él compartió el gesto y su corazón se llenó de un abrigador calor al descubrir que ella seguía con vida… y que además su presencia le traía alegría.
Sí, era un momento hermoso… que nada tenía que hacer en medio de un tiroteo.
Apenas como la pandilla de Hank alzaron sus armas hacia ellos, Billy reaccionó ¡y soltó tres disparos veloces!
Naturalmente, estar enamorado no te hace mejor pistolero, y ninguno de sus disparos dio en ninguno de sus rivales, que sólo se miraron entre sí con sorpresa y burla ante tal épico fracaso.
─¡¿En verdad!? ─se quejó Billy.
La pandilla se encogió en hombros y abrieron fuego.
Tanto el alguacil Nelson como Billy se agacharon y eludieron las balas como pudieron. El alguacil hacía lo posible por disparar, pero su brazo roto ciertamente se entrometía con su buena puntería, al menos al momento de estar en movimiento.
Aun así, esa distracción fue suficiente para que Mary Lou gatease hasta el arma que el disparo de Hank le había arrebatado de las manos.
Las yemas de sus dedos llegaron a tocarla, pero…
¡BANG! ¡Un disparo azotó justo frente a ella! Estaba ahora bajo la mira de uno de los hombres de Hank y se congeló con genuino miedo, cuando… ¡Billy se lanzó encima de dicho bandido!
Sí, Billy podía no tener la mejor puntería, pero ¿un combate cuerpo a cuerpo? Tal vez podría ser mejor en eso. Después de todo en algo tenía que ser bueno y…
No. Tampoco era esto.
El bandido arremetió contra él y le soltó varios golpes mientras que Billy falló muchos otros. Azotó con fuerza contra el suelo, pero algo curioso pasó a continuación.
Vio a Mary Lou observándolo mientras recibía una paliza y no pudo dejarlo así.
Una fuerza extraña se apoderó de él y, apenas como logró reincorporarse, ¡soltó un puñetazo que dejó a su adversario inconsciente!
Mary Lou sonrió. ¡Sin duda era un héroe!
─¡Tenga, señora! ─dijo Billy a continuación, y le arrojó el revólver de la Sra. Rita─. ¡Sé que usted hará mejor uso de él que yo!
Le concedió una sonrisa. Mary Lou compartió el gesto y ¡oh! ¡Incluso con su cara roja y sus labios partidos era la sonrisa más bella del mundo para Billy!
Y la de Billy, llena de sangre por unos cuantos golpes y con un ojo a medio abrir, era el rostro más dulce y precioso que Mary Lou había visto en su vida. Sí. No había duda de que…
¡Una patada derribó a Billy por detrás y Mary Lou reaccionó!
Tomó el revólver de la Sra. Rita y disparó en dirección al maleante
─¡Alto ahí, señor! ─gritó Mary Lou.
El bandido se detuvo a la brevedad y alzó las manos por un segundo. Luego sonrió.
─¡Mis palabras exactamente! ─la voz de Hank sonó a su espalda.
¡Sí, el bastardo seguía con vida! Apenas respiraba y estaba de lo más herido, pero aún era capaz de apuntar su arma a la espalda de la gatita.
Mary Lou se congeló en miedo. ¿Era este su fin?
─¡Hasta aquí llegaste, gatita! ─dijo el hombre, listo para finalizarla.
No. No podía ser este su fin.
Sin pensarlo dos veces, Mary Lou giró rápidamente ¡y le disparó a Hank!
¡El impacto lo lanzó hacia atrás y cayó pesadamente al suelo de tal forma que todo el enfrentamiento se detuvo! Ni Billy, ni Bert, ni el alguacil Nelson, ni la pandilla podía creerlo. ¡Mary Lou acababa de matar a un hombre! Sólo la miraban con estupefacción mientras la joven, horrorizada, se preguntaba:
─¿Qué he hecho?
Incluso el mismo Hank se preguntaba esto. Tirado en el suelo, vio el agujero en su pecho y la sangre expandirse con velocidad, y sólo logró decir:
─Maldita… gatita…
Y eso fue todo. Su cabeza azotó contra el suelo, y ahí pereció Hank McGinley.
Billy sonrió… y aprovechó el momento de sorpresa para soltar otro golpe a su segundo enemigo, dejándolo igualmente fuera de combate, mientras su hermano apuntaba su rifle al último adversario con vida y conciencia.
─¡Detente ahí mismo o tú eres el que sigue!
El bandido arrojó su arma y alzó sus manos, y así terminó la batalla.
─¡Señora! ─Billy corrió hacia Mary Lou con prisa.
La joven seguía temblando en sus rodillas, todavía procesando el hecho de que acababa de terminar una vida. Una vida despreciable, cruel, y que sin duda habría acabado con la suya, pero que seguía siendo una vida.
─¡No quería matarlo! ¡Lo juro por Dios! ¡Tan sólo…!
─Lo sé, lo sé. ¡Está bien! ─Billy la abrazó─. ¡Ya todo terminó!
Billy le concedió una sonrisa. Una gran y bella sonrisa que derritió el corazón de Mary Lou, efectivamente logrando hacerla olvidarse de ese maldito de Hank McGinley.
─Vino por mí ─dijo Mary Lou, sin poder creerlo.
─¡Pues claro! ─contestó Billy─. Yo…
Mary Lou lo calló con un gran beso… que ahora daba plenamente consciente.
─¡Lo amo, señor! ─dijo─. No sé si siente lo mismo, y honestamente ya no me importa, pero…
─¡Siento lo mismo! ─Billy la interrumpió ahora─. ¡Dulce señora, dulce Mary Lou, estoy enamorado de usted y quiero pasar el resto de mi vida a su lado!
Sí, ella era sin duda la persona más desafortunada que jamás había conocido… y, sin embargo, era su heroína, y lo mejor que alguna vez le pasó.
Mary Lou sonrió, enternecida, y sus labios se unieron en un segundo beso, más largo, suave, y dulce. El tipo de beso por el que se espera toda una vida. El tipo de beso que da propósito a una existencia. El tipo de beso que hace que todo valga la pena.
A la distancia, Bert los miraba con una sonrisa agridulce y resignada. Sí. Mary Lou era una gran mujer y le dolía todo lo que le había hecho pasar… pero al menos ahora era feliz.
No muy lejos de él, el alguacil también miraba con una torcida sonrisa.
─Nada mal, hermanito, nada mal ─dijo, y luego fijó su atención en Bert─. ¿Bert Daniels? Está bajo arresto por tomar el nombre de otro y timar mujeres.
Bert le arrojó un vistazo al alguacil y suspiró.
─Ese no es mi nombre, alguacil ─fue todo lo que contestó.
Y ahí lo tienen, amigos…
Esa es la historia del Ángel con el Corazón Roto y el Caballero de la Pobre Armadura, que tuvieron que pasar por todo un infierno para encontrar el paraíso.
¡Y vaya que lo hicieron!
Se casaron tres días después, en una pequeña boda a la que solo asistieron el alguacil Nelson (ahora tratando de reducir su consumo de licor), la Sra. Rita, y el buen Doctor Turner, y lo que siguió no fue otra cosa más que mañanas lentas y bellos atardeceres en una granja que se compraron con el dinero que lograron recuperar de los timos de Bert, y que traería consigo una nueva vida. Una vida lejos de todo mal recuerdo o experiencia, y que fue, como Mary Lou siempre admitió y como Billy siempre deseó, una sencilla, en el campo, con unos cuantos animales y unos cuantos hijos.
¿Siguieron siendo torpes? ¡Sin duda!
Pero todo rastro de su tan llamada “mala suerte” desapareció de sus vidas una vez que decidieron afrontarlas juntos. ¿Y no es acaso esa la mejor prueba de un amor real?
Así que recuerden, amigos, no importa cuánta mierda les arroje la vida, todo lleva a un buen lugar. Y si son lo suficientemente sabios para comprender lo suertudos que son, bueno, entonces quizá logren encontrar la felicidad.
¡Hasta la próxima!